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Esta novela nos habla del otro lado del
océano: la tierra de cuyos bárbaros nos cuenta una historia (plagada, a su
vez, de otras pequeñas historias personales) es Argentina, país de origen
del autor. Y el tiempo: 1835, entre el primer gobierno de Juan Manuel de
Rosas, líder de los «colorados» federalistas y el segundo. La tensión
entre los unitaristas y los federalistas se mastica, flota en el aire. En
el interior del país, las provincias dominadas por el General José María
Paz, habían formado la Liga Unitaria (Mendoza, Córdoba, Santiago del
Estero, Catamarca, La Rioja, San Luis, San Juan, Salta y Tucumán) mientras
las provincias del Litoral (Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes) y Buenos
Aires, de tendencia federal, formaron la
Liga del Litoral, de tendencia federalista. Al mismo tiempo, Buenos
Aires, a pasos agigantados está convirtiéndose en una gran ciudad,
acogiendo constantemente a un enorme contingente de nuevos habitantes,
emigrantes del viejo continente, aventureros, trepadores, esclavos huidos,
entre otros que intentan abrirse paso en el nuevo país, y hacer fortuna,
trabajar, crear lo que en la vieja Europa no han podido y sueñan con unos
espacios nuevos donde vivir.
Con ese escenario como marco, se desarrolla la acción de la novela. Por un
lado, las familias de la alta sociedad, con mezcla de sangres británica y
española, cuyas jóvenes damas se aburren soberanamente y sólo desean
fiestas y meriendas, diversiones y espectáculos. Y planifican una fiesta,
que será el mac guffin, la excusa
para contarnos la otra historia. Quieren dar una soirée que llame la
atención, sonada, y se les ocurre una idea que moviliza hasta el ejército.
A raíz de la fiesta y lo que ocurre aquella noche, la magia invade los
cuerpos de las jóvenes tanto casadas como solteras, inflamándolas de
ardores desenfrenados, cuyas consecuencias son imprevisibles.
Por el otro, una suerte de personajes marginales recorre, entrelazándose
con la historia principal, las páginas del libro. Personajes que rozan lo
esperpéntico y lo surrealista: las apestosas monjas Adoradoras del Cuerpo
Incorrupto, envueltas en trapos y con cinturón de castidad; el lúbrico y
maquiavélico monseñor Villaviciosa; Fray Narciso, desbordado por la
exuberante naturaleza; el gaucho Facundo Quiroga y sus amores con Severa
Villafañe; la negra Prudencia, nanny de Dorothy; la
adivina Agostinha y el mulato timador Bernardinho; la misteriosa
Aurora Fresneda, y su encuentro con el tigre; en fin, ellos y otros
conforman una historia de historias que reproduce el ambiente de la ciudad
porteña, de grandes contrastes pero atractiva y cautivadora, como el olor
de las magnolias o la atracción de la yerba mate. De hecho, podrían brotar
muchas novelas de ésta, puesto que contiene gérmenes de otras tantas
historias de las que nos gustaría saber más y apenas nos muestra un breve
tramo.
El eje central de la narración es la fiesta que Dorothy y sus amigas
(Alberta, Blanca, Celeste y Rosalia) quieren ofrecer a la dividida
sociedad porteña en la casa ―antes azul, ahora colorada― de los Carballido.
Y no paran hasta conseguir un sorprendente objeto de la atención pública.
Pero ese objeto trae una maldición y el final es imprevisible y dramático.
Entiendo que la narración, aunque enmarcada en hechos y algunos personajes
reales, tiene un marcado cariz simbólico de la historia de esta nación,
que tanto recuerda a la metrópoli, en cuanto a los patrones políticos: la
drástica división en dos partes, la opinión cambiante de muchos sectores
que pasan de un lado a otro según sople el viento. Y todo ello, en el
incomparable marco americano, Buenos Aires, Córdoba, la pampa, todo un
mundo lleno de bellezas y crueldades, amores y odios, violencias y
pasiones en una época revuelta como fueron los comienzos de la Argentina
recién independizada de la madre española.
Bien escrita, bien conjuntadas las múltiples historias, llena de los
sonoros y llamativos términos del español americano,
Tierra de bárbaros es una novela
llena de encanto e interés, que nos transporta a mundos plenos de exotismo
y al mismo tiempo, que reflejan el origen español. Mezcla de humor y
dramatismo, de pintorescas descripciones y de dramáticos alegatos por la
libertad en un pueblo donde acaban resolviéndolo todo a vida o muerte,
facón en mano.
Ariodante, El placer de la
lectura, 4 de abril de 2012 |