El galeno aplicó las sanguijuelas al paciente y
se excuso prometiendo regresar al cabo de dos horas. En una calleja oscura el
hombre fue asaltado por maleantes, con tan poca fortuna que se le fue la vida
por la yugular cercenada.
Al cabo de los días, algunos vecinos se
acercaron a la casa del enfermo interesados por su salud. En la cama hallaron
una docena de globos rojos, enormes y tensos, a punto de estallar, y el que
había sido paciente era ahora un esqueleto cubierto de piel reseca. Bombeando
con las manos, como hacen los gatitos con sus patas para extraer la leche de
su madre, lograron revertir el flujo de las sanguijuelas y devolverle la
sangre al paciente, que se recuperó y vivió muchos años, muchísimos a decir de
algunos, porque junto a su legítima sangre llegaron nuevos glóbulos cargados
de pensamientos, costumbres, caprichos… llamémosles, rarezas, como la de
pasarse el día agazapado bajo las aguas espumosas del río, acechando las
piernas desnudas de las lavanderas, esas que no paran de cuchichear y reírse.
LIBIDINOUS ANÉLIDOS
The
doctor applied leeches to the patient and excused himself, promising to return
in two hours. On a dark street he was assaulted by criminals and,
unfortunately, the life poured out of him through his slashed jugular.
After some days, a few
neighbors interested in his health approached the sick man’s house. In his bed
they found a dozen enormous circles, taut, about to burst and the patient now
a skeleton covered with dry skin. Pressing with their hands as cats do with
their paws to extract milk from their mother, they managed to reverse the flow
from the leeches and return the blood to the patient, who recuperated and
lived many years, very many some say, because with his own blood came new
globules loaded with thoughts, customs, caprices—call them rarities—like
spending the day crouched under frothy river waters, spying on the naked legs
of washerwomen who never cease whispering and laughing.