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Siete relatos breves

Libidinosos anélidos

Los helicornios nacarados y las doncellas

Del mantenimiento de la pecera

El banquete del señorito

Tanzanitas preciosas

El festín de los ácaros

 

Colección "Isla Moreau", bestiarios.

Edición e ilustraciones de José-Joaquín Beeme.

30 plaquetas realizadas a mano, numeradas y firmadas.

 

 

 

Angera, Italia, 2009

 

 

LIBIDINOSOS ANÉLIDOS

 

El galeno aplicó las sanguijuelas al paciente y se excuso prometiendo regresar al cabo de dos horas. En una calleja oscura el hombre fue asaltado por maleantes, con tan poca fortuna que se le fue la vida por la yugular cercenada.

Al cabo de los días, algunos vecinos se acercaron a la casa del enfermo interesados por su salud. En la cama hallaron una docena de globos rojos, enormes y tensos, a punto de estallar, y el que había sido paciente era ahora un esqueleto cubierto de piel reseca. Bombeando con las manos, como hacen los gatitos con sus patas para extraer la leche de su madre, lograron revertir el flujo de las sanguijuelas y devolverle la sangre al paciente, que se recuperó y vivió muchos años, muchísimos a decir de algunos, porque junto a su legítima sangre llegaron nuevos glóbulos cargados de pensamientos, costumbres, caprichos… llamémosles, rarezas, como la de pasarse el día agazapado bajo las aguas espumosas del río, acechando las piernas desnudas de las lavanderas, esas que no paran de cuchichear y reírse.

LIBIDINOUS ANÉLIDOS

 The doctor applied leeches to the patient and excused himself, promising to return in two hours. On a dark street he was assaulted by criminals and, unfortunately, the life poured out of him through his slashed jugular. 

After some days, a few neighbors interested in his health approached the sick man’s house. In his bed they found a dozen enormous circles, taut, about to burst and the patient now a skeleton covered with dry skin. Pressing with their hands as cats do with their paws to extract milk from their mother, they managed to reverse the flow from the leeches and return the blood to the patient, who recuperated and lived many years, very many some say, because with his own blood came new globules loaded with thoughts, customs, caprices—call them rarities—like spending the day crouched under frothy river waters, spying on the naked legs of washerwomen who never cease whispering and laughing.