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Historias
sobre momias |
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ANTONIO PANIAGUA
Las provincias.es Sábado,
15 de julio de 2006
Los aficionados a las historias de momias están de
enhorabuena. Por primera vez en España acaba de publicarse en español una
antología de relatos que tienen por protagonista a estos muertos vendados
que constituyen un mito imprescindible de la literatura fantástica y de
terror. La maldición de la momia. Relatos de horror sobre el antiguo Egipto
(Valdemar), cuya edición ha corrido a cargo de Antonio José Navarro, recoge
los cuentos más selectos sobre momias, entre los que destacan los escritos
por autores anglosajones.
Culturas paganas
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La atracción por los aparecidos, el morbo que provoca
toda muerte violenta y la fascinación que ejercen las culturas paganas y
orientales son algunos elementos que convierten a la momia en un personaje
de ficción de primer orden. A todo ello se une la convicción que anidó en el
imaginario popular de que el descubrimiento de una momia entrañaba una
maldición sobre el que hacía el hallazgo.
"El ejemplo clásico es la profanación de la tumba de
Tutankamon, que, según la leyenda, acarreó la muerte de Lord Carnarvon, el
mecenas de la expedición.
En la recopilación de relatos figuran clásicos como Conan
Doyle, Sax Rohmer o Rudyard Kipling y autores vivos contemporáneos como
Norberto Luis Romero, Pilar Pedraza o José María Latorre. La proliferación
de escritores anglosajones que tocan el género estriba en que Egipto fue
durante mucho tiempo un protectorado británico y que fueron los arqueólogos
de las islas los que elevaron la egiptología a categoría de ciencia.
Según Navarro, el personaje de la momia tiene su cara
y su cruz. Si por un lado combina dos elementos de la literatura fantástica
muy comerciales como la violencia y el sexo, por otro se trata de una figura
muy limitada. Para el antólogo, el cine ha hecho bastante daño al género
literario al fijar un arquetipo visual de la momia muy pobre, que se reduce
al de un "autómata cubierto de vendas que destruye todo lo que encuentra a
su paso".
El folclore atribuye el
maleficio de la momia para quien desvela su escondrijo a causas tan dispares
como estrafalarias. Desde la existencia de bacterias milenarias que cobran
actividad cuando se abre el sepulcro hasta la colocación estratégica de
elemento radiactivos.
Polvo de momia
Pese a la mala suerte que se atribuye al monstruo, el
‘polvo de momia’ egipcia fue un medicamento muy codiciado en Oriente Próximo
y en ciertos ambientes aristocráticos europeos. Francisco I de Francia
(1494-1547) utilizaba el fármaco para sanar sus dolencias.
Si bien el mito de la momia ha tenido un desarrollo
fecundo en la literatura, lo cierto es que aún no se ha escrito una gran
novela al estilo de lo que hizo Bram Stocker con Drácula.
Un hecho curioso que distingue a algunos autores que
figuran en la compilación es su afición por el espiritismo. Es el caso de
Conan Doyle, quien a pesar de ser un médico y un hombre con una sólida
cultura, trató de comunicarse con los espíritus. En contraste, el rabino
ruso-estadounidense, autor del relato La condesa Al Zameri, descolló por su
devoción y piedad.

La eterna huella del antiguo Egipto
JUAN ANTONIO JORDÁN
La cultura egipcia del
tiempo de los grandes faraones ha ejercido siempre un tremendo poder de
fascinación sobre el mundo occidental. Las raíces históricas de tal
fascinación se remontan al momento en que las tropas francesas llegan a
Egipto, en las postrimerías del siglo XVIII. A su regreso, y merced a la
difusión por toda Europa de descubrimientos tales como la famosa piedra
Rosetta, se desata por el continente un renovado interés por la arqueología,
centrada en buena parte en las maravillosas posibilidades que ofrecía el
territorio egipcio, hasta entonces semi olvidado por todo el mundo. Y así,
durante todo el siglo XIX y comienzos del XX, lo que antes había sido el
glorioso país de las Dos Tierras se vió convertido en pasto de toda clase de
buitres y rapiñadores, poseídos por un ansia voraz de saqueo y esquilmación,
disimulado con una tenue capa de interés supuestamente científico.
Evidentemente no todo el mundo que acudió a Egipto a
excavar por aquí y por allá iba con interés monetario; también hubo gente
que llegó hasta allí imbuida de verdadero interés por conocer los
fascinantes secretos que se ocultaban tras aquella fastuosa civilización,
desaparecida hacía tantos siglos. A medida que más restos se iban sacando a
la luz se iban conociendo aspectos más cautivadores del Antiguo Egipto, lo
que aumentaba el interés de los verdaderos estudiosos por conocer más y más.
Pero no solo este interés afectó a los científicos y a los arqueólogos;
también dejó sentir su influencia, y de qué manera, en numerosos escritores
de ficción, absolutamente fascinados por las infinitas posibilidades que les
ofrecían los misterios de la civilización de los faraones para desarrollar
historias sorprendentes e impactantes.
Sin duda, uno de los aspectos más atractivos a los ojos
de estos escritores fueron los ritos funerarios practicados por el pueblo
egipcio y su creencia en una vida más allá de la muerte. Este interés hizo
mella rápidamente entre los literatos anglosajones, quienes se lanzaron
rápidamente a fabular sobre los mitos egipcios con desigual fortuna. Los
relatos más antiguos que contiene el volumen aquí presentado son un tanto
aburridos, para mi gusto, y carentes en buena parte de componentes
terroríficos, a excepción de los que aporta el gran Sir Arthur Conan Doyle.
Sus dos historias responden a lo que el aficionado a la literatura de terror
puede esperar de una buena historia de momias de por medio; museos
tenebrosos, amores que duran miles de años, misterio, acción...
A diferencia de las amplísimas posibilidades de la
literatura vampírica, siempre en constante renovación, la literatura "momieril"
ofrecía un campo de desarrollo bastante limitado hasta el siglo XX. A raíz
de la difusión de historias como la maldición de la tumba del faraón
Tutankhamon, a causa de la cual los medios de la época contabilizaron la
muerte misteriosa de más de treinta personas relacionadas con el
descubrimiento de la misma en 1922, lo que abrió la puerta a un subgénero
dentro del subgénero, es decir, a las historias de momias que vuelven a la
vida para cumplir con una cruel maldición lanzada miles de años atrás. A tal
tipo de argumento, fácilmente permeable por elementos terroríficos,
pertenecen algunos de los mejores relatos de esta antología, como el
sensacional "La maldición de Amen-Ra", de Victor Rousseau, mi favorito, con
un conseguidísimo clima terrorífico y macabro, o la novelización, del mismo
título, de la película El Sudario de la Momia, un clásico de la Hammer,
mucho mejor escrita (por John Burke) y más angustiosa de lo que es habitual
en este tipo de novelizaciones.
Tampoco quiero dejar de destacar "Historia de la casa
Baelbrow", una acertada mezcla de momias, vampiros y detectives que
sorprende por su alegre desvergüenza a la hora de mezclar estos elementos
entre sí, con un resultado excelente. También me ha parecido extraordinario
el relato "El relicario de Lady Inzúa", del argentino Norberto Luis Romero;
la acción se traslada de Egipto a la Argentina de mediados del siglo XIX y
lo que comienza como un relato de corte casi humorístico acaba teniendo uno
de los finales más sobrecogedores de todos los relatos contenidos en "La
maldición de la momia" gracias a una sabia graduación de los elementos más
inquietantes, los cuales se van comiendo poco a poco a los costumbristas y
van conformando una densa atmósfera de negrura y opresión. Otro sensacional
relato es "La sonrisa púrpura", del español José María Latorre, en el cual
se nos ofrece un ejemplo magistral de literatura gótica, de una sensación
terrorífica pocas veces conseguida a lo largo de las páginas de este libro.
Mención especial para la cuidada edición llevada a cabo por
la editorial Valdemar en su Colección Gótica. La edición de esta antología,
realizada por Antonio José Navarro, incluye un interesantísimo prólogo sobre
el mito de la momia e introducciones a cada uno de los relatos. Tanto el
prólogo como las introducciones están repletos de interesante información
sobre el tema y sobre los autores y las circunstancias que les llevaron a
escribir sus relatos. No dejéis de leerlos pues en algunos casos son mucho
más entretenidos que los propios cuentos a los que anteceden.
Resulta curioso constatar, al menos desde mi punto de
vista, que los mejores relatos de "La maldición de la momia", son los
escritos por los escritores latinos (los españoles José María Latorre y
Pilar Pedraza y el argentino Norberto Luis Romero) o por los escritores de
literatura "pulp" (Victor Rousseau y John Burke). Ellos nos demuestran que
no es necesario ser anglosajón para escribir buenas historias de misterio y
terror y también que la aureola de calidad que los críticos otorgan a tu
trabajo no tiene por qué corresponderse con la realidad, puesto que
precisamente los escritores más conocidos (a excepción de Sir Arthur Conan
Doyle) son los que presentan los relatos más flojos.
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