JOSÉ LUIS MORANTE
nace en El Bohodón (Ávila) en 1956. Es profesor de instituto en Rivas
-Vaciamadrid,
donde coordina desde su fundación la revista gráfica y de textos Prima
Littera. Dirige el periódico literario Señales de humo y el aula
de poesía del Hogar de Ávila en Madrid.
Su obra poética está compuesta
por los siguientes libros de poesía: Rotonda con estatuas,
Enemigo leal, Población activa, Causas y efectos –Premio
Luis Cernuda-Un país lejano, por el que recibió una Ayuda a la
creación del Ministerio de Cultura, Largo recorrido, que
obtuvo el Premio internacional de poesía San Juan de la Cruz, y La noche
en blanco, que consiguió el Premio de poesía Hermanos Argensola.
Entre sus cuadernos poéticos
destacan El año de la guerra, Diez insomnios y Pateras.
Protagonistas y secundarios
compendia artículos breves y ensayos críticos. Ha publicado también
Palabras adentro, una amplia selección de entrevistas literarias, como
Anexo de la colección lucentina Cuatro estaciones.
Ha preparado las antologías
poéticas Última fila, 11-M y Entonces, ahora. Asimismo
ha estudiado y editado a autores como Joan Margarit, Luis Felipe Comendador
o Herme G. Donis.
Ejerce la crítica en diferentes
publicaciones. Durante una década trabajó como crítico en El Correo de
Andalucía y en la actualidad forma parte de El Argonauta, suplemento
literario de Diario de Ávila. Algunos de sus poemas se han traducido
al francés, italiano y portugués.
Desde 1989 es vecino de Rivas
Vaciamadrid y ha colaborado activamente con la Concejalía de Cultura.
CAUSAS Y EFECTOS
El centro del silencio me ha enseñado
a aceptar como un juego que la vida
es una sucesión aleatoria de causas y efectos
sobre las dunas de la realidad.
Aparecen las causas simultáneas,
inflexibles, anónimas,
y los efectos manan disueltos en los días,
con cauce renovado y variable,
cuyo curso ninguna voluntad puede eludir.
Cada mañana tiene leyes propias.
Es el azar la fórmula cifrada
que descubre sus vínculos.
Un extraño rumor nos configura,
encubre quiénes somos, quién seremos.
Causas y efectos pasan, se suceden.
Articulan el tiempo. Y eso es todo.
(De Causas y efectos)
FRANCOTIRADOR
Anestesia la espera
el olor de la muerte.
El trabajo requiere sutileza
y un ajustado cálculo de riesgos
que incluye emplazamiento y retirada,
la previa exploración de las cornisas
y aquella agilidad adolescente
que jamás se pondera en tierra firme.
Necesita también
la solidez de alguna causa justa
que convierta en cenizas
el tamo hiriente del remordimiento
y pulsar el gatillo,
con la mansa cadencia del goteo,
desde el privilegiado mirador.
Luego un tibio suspiro aprobatorio,
un mínimo descanso
mientras halla la bala
entierro involuntario en la silueta
que enmarcaba el visor.
Bebe la cal del muro
bermejas pinceladas.
Un hombre se desangra bajo el sol.
Ya se sabe, son gajes del oficio;
las tragedias sin nombres no conmueven.
La profesionalidad desdeña el patetismo.
(De Un país lejano)
NÓMADAS
La faz siempre cambiante del desierto
conspira sin descanso
y entrelaza laderas infinitas.
La roca se disgrega en finas lajas.
Un sol irreductible alumbra el día
y empaña la ventisca el horizonte.
Crestas de dunas forman a lo lejos
andamiajes de un muro divisorio.
El desconcierto aflora en la columna;
sobre los flancos llueve un miedo unánime,
santones y alquimistas no despejan
las señales agrestes de un dudoso mañana,
no hay profetas ni dioses,
no hay rastros de los guías,
el aire sofocante casi es humo
y entierra el cenagal las deserciones.
Muerde la sed. Convaleciente y vieja
la morosa esperanza
camina tanteando como un ciego.
una certeza nubla la memoria:
excluyeron los mapas un país de regreso.
(De Un país lejano)
EL MIEDO
El miedo a los seis años
era un cuarto lejano,
un recinto sellado y tenebrista
con prestigio de infierno
y un viejo sin edad
que dormitaba junto a un perro agónico
bajo los soportales;
a los doce su miedo
habitaba en los libros,
igual que fotogramas de holocaustos.
El miedo en la veintena
fue aquel tiempo confuso
de amarse bajo el cielo,
ese rumor de trenes que enlazaba
la ausencia y el deseo;
a los cuarenta y ocho fue su miedo
un espacio interior, claudicaciones…
Tuvo más miedos: al cumplir cincuenta,
a los setenta y tantos,
cuando no tuvo edad
y en una larga noche
asmática y feroz,
apareció en la sombra encanecido
aquel miedo inasible de seis años.
( De Un país lejano)
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