NorbertoLuisRomeroNorbertoLuisRomeroNorbertoLuisRomeroNorbertoLuisRomero

 

autorauthor       

librosbooks 

antologías

anthologys

desdefrom

entrevistas

interviews

revistas

premiosawards

guiónscript

online

próximamente

upcoming

nuevonew

opiniones

reviews

en realización

writing

proyectos

projets

otrosothers

enlaceslinks

mi hostería

contacto

portadaindex

tablón

 

 

El lado oculto de la noche (capítulo I)

 

 

Con frecuencia oí conversaciones que quedaban truncas en cuanto me acercaba a los interlocutores.

Pude descubrir que hablaban de mí.

De inmediato callaron.

Intuí algo abyecto en esas charlas. Únicamente capté palabras sueltas; palabras misteriosas del lenguaje de los mayores, pero igual me di cuenta de todo.

Ellos creen que ignoro lo que le pasó a mi madre. Nunca se puede tener guardado un secreto durante mucho tiempo. Se sabe. Se sabe.

Para que exista un secreto, por lo menos tiene que conocerlo una persona, si nadie lo sabe, deja de ser un secreto y no es nada de nada.

Yo lo sabía todo.

Tarde o temprano los bastardos nos enteramos de nuestra condición. Tontamente los padres nos lo ocultan creyendo estar haciéndonos un bien.

Soy, además de bastardo, distinto.

Mi caso es parecido a otros.

Mi caso es como el de muchos otros recogidos y custodiados en un nido impropio en un lugar oculto.

Mi lugar estaría junto al hombre gordo.

Esta misma condición que tratan de ocultarme cuando guardan silencio o mienten, es justamente la que me produce esa intuición; la certeza de que mi madre fue violada por un guante negro.

A pesar de que los guantes negros no fecundan, heredé cualidades que sólo ellos tienen. No lo dudo. Lo sé.

Mi padre fue un hombre común y corriente que murió en la guerra, todos lo saben. También que los guantes negros son estériles, pero dejaron en mí parte de su estéril simiente que se unió a la de mi padre haciéndose fecunda.

Ellos eyacularon terror y preñaron a mi madre de miedos e inquietudes.

Heredé sus genes. Los genes de aquel guante negro se mantuvieron latentes en el vientre de mi madre, hasta que los espermatozoides de mi padre, que murió en la guerra, los arrastraron en su vertiginoso camino.

Mi madre fue el terreno propicio para sus semillas. Y éstas aguardaron pacientemente hasta que mi madre se unió a mi padre, tiempo después.

Y él creyó que yo era suyo, fruto de su simiente.

Su simiente nunca llegó a destino, fue interceptada por la simiente del guante negro.

Yo soy esa semilla.

Yo soy el guante negro que violó a mi madre mientras cazaba pajaritos con la ayuda de un guante salvaje.

Volver

Gracias por tu visita Thanks for your visit Gracias por tu visita Thanks for your visit Gracias por tu visita Thanks for your visit Gracias por tu visita