El lado oculto de la noche (capítulo I)
Con
frecuencia oí conversaciones que quedaban truncas en cuanto me acercaba
a los interlocutores.
Pude
descubrir que hablaban de mí.
De
inmediato callaron.
Intuí
algo abyecto en esas charlas. Únicamente capté palabras sueltas;
palabras misteriosas del lenguaje de los mayores, pero igual me di
cuenta de todo.
Ellos
creen que ignoro lo que le pasó a mi madre. Nunca se puede tener
guardado un secreto durante mucho tiempo. Se sabe. Se sabe.
Para
que exista un secreto, por lo menos tiene que conocerlo una persona, si
nadie lo sabe, deja de ser un secreto y no es nada de nada.
Yo
lo sabía todo.
Tarde
o temprano los bastardos nos enteramos de nuestra condición. Tontamente
los padres nos lo ocultan creyendo estar haciéndonos un bien.
Soy,
además de bastardo, distinto.
Mi
caso es parecido a otros.
Mi
caso es como el de muchos otros recogidos y custodiados en un nido
impropio en un lugar oculto.
Mi
lugar estaría junto al hombre gordo.
Esta
misma condición que tratan de ocultarme cuando guardan silencio o
mienten, es justamente la que me produce esa intuición; la certeza de
que mi madre fue violada por un guante negro.
A
pesar de que los guantes negros no fecundan, heredé cualidades que
sólo ellos tienen. No lo dudo. Lo sé.
Mi
padre fue un hombre común y corriente que murió en la guerra, todos lo
saben. También que los guantes negros son estériles, pero dejaron en
mí parte de su estéril simiente que se unió a la de mi padre
haciéndose fecunda.
Ellos
eyacularon terror y preñaron a mi madre de miedos e inquietudes.
Heredé
sus genes. Los genes de aquel guante negro se mantuvieron latentes en el
vientre de mi madre, hasta que los espermatozoides de mi padre, que
murió en la guerra, los arrastraron en su vertiginoso camino.
Mi
madre fue el terreno propicio para sus semillas. Y éstas aguardaron
pacientemente hasta que mi madre se unió a mi padre, tiempo después.
Y
él creyó que yo era suyo, fruto de su simiente.
Su
simiente nunca llegó a destino, fue interceptada por la simiente del
guante negro.
Yo
soy esa semilla.
Yo
soy el guante negro que violó a mi madre mientras cazaba pajaritos con
la ayuda de un guante salvaje.