Un poco más allá del
cantero de los geranios hay una colonia de caracoles. Hace muchos años que
viven allí, bajo las calas, al pie de la madreselva, y siempre han tenido por
costumbre cartearse con sus amigos y sus parientes de un pueblo vecino que
está en el jardín de la casa de enfrente.
Uno de ellos es cartero
y tiene por desdicha una pesada carga de correspondencia acumulada en su casa,
cuyos destinatarios no ha podido encontrar.
El pueblo de los
caracoles tiene calles con nombres, y las casas un número que cada dueño elige
al azar, casi cabalísticamente; pero como los caracoles, aunque lentos, son
muy andariegos, nunca residen en un mismo sitio más de dos horas seguidas. El
resultado de sus hábitos es la confusión.
Los caracoles no se
visitan, salvo cuando, casualmente, se encuentran en la calle. Y el cartero
entrega las cartas solamente a aquellos con quienes se cruza en el camino.
Como sabe de antemano que no encontrará, por ejemplo, la casa número 543, en
la tercera manzana de una calle determinada, opta por pasearse por todo el
pueblo, con las cartas a cuestas, voceando el nombre de los destinatarios.
Resultado: el cansancio y la afonía.
El cartero quiso
presentar una queja en el Ministerio de Información, pero fue inútil, ya que
dicho Ministerio, por ser un edificio joven, andaba muy velozmente. Después de
varias tentativas y persecuciones, optó por presentar la renuncia enviándola
por correo. Aún no ha recibido respuesta.
Hace que dejó de
trabajar dos o tres meses, no obstante aún le quedan 468 cartas, 57 postales y
18 impresos por repartir. Telegramas no tiene porque los caracoles prefieren
no hacer uso de ellos. Dice que cuando logre entregar toda la correspondencia
que le queda pedirá la jubilación.
El pueblo manifestó su
disconformidad con el servicio de Correos, pero todavía no aciertan a
encontrar una solución. Los que se ofrecieron como carteros voluntarios
enseguida se fatigaron abandonando el trabajo. Otros prefirieron ir
personalmente al correo a llevar y retirar sus cartas, pero no lo hallaron.
Actualmente los
caracoles de ambos jardines se encuentran algo incomunicados.
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