Miguel Ángel Gara
nació en Madrid más o menos un año después de que el hombre llegara a la
luna lo que
no
significa nada pero queda bien. Ha publicado poemas en publicaciones y
revistas literarias de España y Latinoamérica y es el responsable de
poesía de la revista Literaturas.com, donde edita el suplemento Pata de
gallo. También aparece en algunas antologías y recopilaciones en papel
e Internet. Hizo unos cuantos guiones de cine y limpia poco a poco
unos cajones que amenazan con desbordar de papeles. Ha publicado los
poemarios El libro de Sara, Luz previa a la luz (Premio
ciudad de Badajoz 2006) y el libro de aforismos Gérmenes y momentos,
está en proceso de publicar su cuarto libro El desierto de agua. En
sus cada vez menos ratos libres se le puede encontrar en el bar con los
amigos.
"El libro de Sara"
(Fragmento)
Frecuentamos las esquinas
donde nos sentíamos seguros.
Un reino necesario como
el humo que envuelve las plazas antiguas.
Había ocasos que corrían
por las avenidas preñadas de lluvia frente a la taquilla repentina de un
cine.
Estuviste conmigo
transitando las calles que no acaban, compartiste su melancolía.
Y una multitud de
personas alborotadas por la presencia de la fama aullaba sin consuelo.
Mientras, tu barba
buscaba el refugio de mi boca como un pequeño mamífero.
Eran esos momentos en los
que un encendedor realiza una pausa.
Su chasquido mostraba la
satisfacción de objeto útil, la seguridad que ofrecen los cuerpos que
derivan de una luz que se puede palpar.
La despedida era un
suspiro de lanzas enfrente del jardín.
“Luz previa a la
luz” (Fragmento)
En el principio fue el
dolor, acto de cal viva, guillotina de aire en el centro que aún late.
En el final será el dolor,
ademán de acabar en la salida para determinar lo ya sentido.
Entre tanto, los actos,
voluntad de volver a la rueda que extiende sus radios despedidos.
Luz previa a la luz se abren
los ojos.
Y el dolor es tan grande
como el cielo.
Las ruinas circulares
El
agua
era
sed.
Ella
era
agua.
La punta de la lengua
Te dices que miraste a los cielos esa noche,
una vez en las horas temibles entre el vino y el alba
oscura que sería -¿o era licor fuerte?-
tu sensación de ausencia,
que miraste hacia arriba, te dices, que el techo declinaba
y pensaste si faltaba lo otro, detrás, una columna,
o un momento antes, porvenir reunido de una vez en la mancha
del techo, te dices, era algo,
al cielo prisionero, en caída de tus ojos ya sin alas,
lo viste,
y después -te dices- lo olvidaste.
Gérmenes y momentos
(Fragmento)
Huir es no poder irse
El hielo es agua intransigente.
Resaca: movimiento de retroceso del alcohol
tras llegar a la orilla de la noche.
Vive como si mañana fueras a nacer.
Para un pez el fuego es incomprensible.
Llena tu copa de sed.
Nadie se suicida en un cohete.
La acumulación produce miseria.
El sol nos da la sombra
Relámpago de pereza.
El
noventa y nueve por ciento de la realidad es invisible.
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