A modo de prólogo o justificación del silencio
Nací y crecí en un
valle de las sierras cordobesas de Argentina. Mis primeros cuentos los escribí
alrededor de los 17 años. La carrera universitaria de cinematografía y el
posterior ingreso en la industria del cine me apartaron de la escritura, de la
que sólo era un aficionado. Pero no me arrepiento, el cine me enseñó el valor
de las pausas, la elocuencia del silencio y la creación de atmósferas, también
la importancia de una estructura narrativa sólida, sin fisuras y, a ser
posible, rica en matices.
Con veintiséis años
llegué a Madrid, donde comencé a alternar mi trabajo como realizador de cine
de animación y nuevamente la escritura de cuentos, pues algo extraordinario
me faltaba. De la mano de mi amigo y maestro Daniel Moyano, a quien conocí en
Madrid sobre principios de los ochenta y de inmediato del escritor
norteamericano H.E.Francis, supe de mi verdadera vocación de narrador; tenía
yo entonces poco más de treinta años. Soy, pues, un escritor tardío.
Mi primer libro de
cuentos “Transgresiones” fue publicado en la Editorial Noega, de Asturias, de
la que obtuvo el premio a la primera y única convocatoria, esto fue en el año
1983. En el año 1996, “Canción de cuna para una mosca doméstica ganaba el
“Premio Tiflos” de la Organización Nacional de Ciegos. El destino de ese libro
es para mí, hasta el día de hoy, un enigma: por entonces la propia
organización lo editaba. Cuando Ediciones Nobel, de Oviedo, publicó “El
momento del unicornio” a fines de 1995, habían transcurrido 13 años de
silencio, silencio cuyo motivo muchos han querido saber sin que pudiera darles
otra explicación salvo que, por entonces, en España el género de cuentos
fantástico era casi sistemáticamente ignorado cuando no denostado. Conservo
las numerosas cartas de editores y agentes de renombre en las que me
rechazaban, con alabanzas y reconocimientos, por ser el cuento poco comercial
y acto seguido me instaban a escribir una novela. Dejar de mendigar por
editoriales fue gracias a que, no puedo asegurar si apostando por estos
consejos o por necesidades creadoras, me volqué en la novela. Hoy puede
resultar anecdótico, pero también lamentable, porque esos mismos cuentos
estaban siendo publicados en Canadá, Estados Unidos, México, Argentina,
Francia, Alemania, etc., en prestigiosas revistas literarias, antologías e
incluso en un par de libros propios. No existía internet, ni blogs, ni redes
sociales a los que pudiera acogerme para vincularme al mundo literario y darme
a conocer.
Hoy, a pesar de estar
de moda los cuentos, el género fantástico sigue aún estigmatizado, contando
con un reducido, muy reducido, puñado de cultivadores si lo comparamos con el
vigor característico del que ha gozado y goza en ambas Américas.
Del libro ganador del
premio Tiflos, rescaté el cuento “Diario del Taxidermista” para incluirlo en
la primitiva edición de “El momento del Unicornio” de Ediciones Nobel, volumen
publicado luego en 2004 por Leaping Dog Press, de California, bajo el
título de uno de sus cuentos “The Last Night of Carnival” y que ahora, gracias
a Tropo, vuelve a ver la luz en España 19 años después, ampliado con un puñado
de relatos más actuales.
De aquellos primeros y
vacilantes cuentos escritos en el Valle de Punilla cordobés, persisten en los
nuevos el destello de la infancia, la perturbada adolescencia, el clamor del
paisaje y la resignada ausencia de mi gente. Lo demás es pura imaginación.
Norberto Luis Romero, en Llucmajor, Baleares, julio de 2009