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norberto luis romero
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TIERRA DE BÁRBAROS |
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Ángeles Prieto,
La tormenta en un vaso, 4, enero, 2012 |
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Hombres sapo, monjas que levitan, médiums, la maldición de una momia
comechingona, tigres borgianos que aparecen en Buenos Aires y en Córdoba,
la metrópolis y el interior, civilización o barbarie, Juan Manuel de Rosas
y Facundo Hernán Quiroga son algunos de los múltiples elementos que
transitan por esta historia y que, conducidos sabiamente por un auténtico
festín del lenguaje, concluyen en un final apoteósico que convierten a
esta novela en un placer difícilmente olvidable. Uno de esos libros que es
imposible dejar olvidado en el asiento del autobús y que, una vez
terminado, sientes ganas de volver a empezarlo de nuevo.
Su autor, Norberto Luis Romero, de
origen argentino pero sobradamente conocido en el cada vez más reducido
mundo de las letras excelentes, firma esta novela tras una ingente y larga
trayectoria jalonada de piezas excepcionales: El momento del
unicornio (Tropo editores), que recoge cuentos
verdaderamente magistrales;
La noche del Zeppelín
(Valdemar, véase crítica de Miguel Baquero en este mismo
blog) novela trepidante; Ceremonia de máscaras,
Bajo el signo de Aries, Emma
Roulotte es usted o Signos de descomposición
son algunas de sus obras que todo lector entendido debería conocer.
Y aunque podríamos encuadrar su argumento dentro de lo que se ha venido en
llamar “literatura de realismo mágico”, yo no lo consideraría así dada la
consistencia y el rigor histórico demostrado en su desarrollo, así como
por la naturalidad que en el desconocido y deslumbrante paisaje argentino
del siglo XIX presentan sus personajes, nada excéntricos en él, a mi
modesto entender, por mucho que puedan parecernos.
Un mundo espléndido pero también de trabajo duro, de crecimiento y
prosperidad económica, por el que Argentina se abría a los estados
europeos con su estatus de tierra de promisión para todos los
desventurados, hambrientos de pan y sedientos de justicia, que llegaron
para llenar aquel país de gentilicios y eufonías procedentes de todos los
confines de la Tierra. Un lugar de acogida para metecos, un territorio
mestizo, increíblemente rico, gentil y culto. Pero también una tierra de
bárbaros y salvajes, como sabiamente nos indica su autor, donde ya
aparecen flotando cadáveres en los muelles, lamentable señal de que ya
existe la “mazorca”, aquella penosa institución gansteril del periodo
rosista, que se vio tristemente continuada por la “patota”, en el siglo
veinte.
Pero es que además, esta no es una novela histórica strictu sensu,
entendiendo por tal el registro escrupuloso de hechos históricos, pero
puestos al servicio o servir de atrezzo, a las aventuras de una pareja
protagonista. Hay más, muchísimo más, hay mensaje profundo bajo un desfile
de personajes de marcado carácter y personalidad, algunos aparentemente
locos, siempre fuertes y competitivos, donde la fantasía de
Norberto se despliega para atraparnos en un ambiente único y
magistral, decididamente original, quizá el mayor logro de esta brillante
novela.
Todo ello con un lenguaje rico, musical y subyugante de hermosas palabras,
sin concesiones a la vulgaridad, ni a los trillados lugares comunes, de
los que esta novela espléndidamente está exenta. Un mundo que no
deberíamos dejar de visitar porque con este libro crecemos: nos hace más
libres, cultos, críticos y felices. Y lo cerramos con provecho. |
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Miguel Baquero,
El
heraldo del henares, 29, dic, 2011 |
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“Tierra de bárbaros”, la
última novela de Norberto Luis Romero, está situada en Argentina en los
primeros años del siglo XIX, cuando el país acaba de independizarse de
España y existe una pugna soterrada entre federales y unitarios, cada
quien secundado por su correspondiente cacique en las provincias y por su
respectiva banda de sicarios. Bandas que luchan por hacerse con el poder,
a base muchas veces de jugadas traicioneras…
El lector que se enfrente por vez primera a una novela del
argentino Norberto Luis Romero encontrará que, aunque en principio parece
transitar por una narración al uso, algo hay, sin embargo, al fondo de la
historia que se presiente inquietante. No sabría decir, el lector,
exactamente qué, pero sin duda existe algo, “ahí abajo”, que está cobrando
forma poco a poco.
Al paso de las páginas, muy pronto tendrá ya la plena seguridad de
que, pese a que en apariencia todo se mantiene firme, la narración sigue
su línea, en cualquier momento, quizás al doblar la siguiente hoja,
ocurrirá algo distinto, sucederá lo inexorable, se precipitará los hechos
por un camino distinto… y trágico.
Desde su primera novela, “Signos de descomposición”, el argentino
Norberto Luis Romero se ha mostrado como un verdadero maestro a la hora de
establecer un ritmo “in crescendo” en las narraciones, a la hora de
mantener el pulso con una firmeza asombrosa en progresión continua hasta
el clímax final.
Gran merito de ella lo tiene la forma en que sabe crear los
escenarios de sus novelas: unos ambientes decadentes en los que se da la
mano lo más refinado y lo más sórdido de la sociedad, los salones más
lujosos y, a unos metros, las cloacas humanas más inmundas, las damiselas
vestidas con miriñaques y los monstruos circenses.
Como en sus novelas anteriores, en esta nueva “Tierra de bárbaros”
Norberto Luis Romero cumple a la perfección, y desde la primera línea, la
que yo creo que es, o debe ser, la máxima irrenunciable de un novelista,
como es construir un universo propio y suficiente. Crear un mundo con
consistencia literaria e introducir al lector de lleno en él, hacerlo
envolvente (y en el caso de Romero, perturbador) y sostener esa ficción
sin desmayo.
En el caso de “Tierra de bárbaros”, en un país enajenado, como ya
se ha dicho, por las pugnas políticas, todo parece cambiar -desde luego en
el ámbito que cubre la novela- cuando un día unas muchachitas ociosas de
la buena sociedad de Buenos Aires deciden entretenerse desenterrando una
vieja momia india…
Y al abrir la vasija donde estaba contenida la vieja momia, toda
esa tensión de pronto estalla, la maldición se materializa, y la novela
toma un rumbo sorprendente, inimaginable para el lector por más que
anduviera, a estas alturas, ya precavido… La novela pasa a convertirse, ya
abiertamente, en un dechado de imaginación, de imágenes impactantes… y,
por supuesto, de literatura. |
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Miguel Baquero,
Revista de letras, 12, dic, 2011 |
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Norberto Luis Romero
es, seguramente, uno de los escritores con más personalidad, y de un
estilo particular más identificable, de cuantos hoy en día escriben en
castellano. Ya desde su primera novela, Signos de descomposición
(1996), que supuso todo un descubrimiento, pasando por esa otra excelente
obra, que ahora se reedita en eBook, La noche del zepelín, y así
a lo largo de otras cinco novelas, este escritor argentino, afincado desde
hace tiempo entre Madrid y Mallorca, se ha convertido en un auténtico
maestro de lo que podría denominarse “narrativa inquietante”.
Emparentada en gran medida con el género de
terror, se trata de una literatura, la de Norberto Luis Romero, que tiene
el objetivo último de turbar al lector. Sus novelas se desarrollan en
espacios decadentes, cerrados, antinaturales, unos escenarios sobre los
que se presiente algo así como la inminencia de una cruenta maldición que,
poco a poco, página a página, con un ritmo implacable y una firmeza sin
desmayo, va tomando forma. La atmósfera de la novela, con una
extraordinaria maestría, va volviéndose cada vez más asfixiante,
progresivamente más opresiva… hasta llegar a unos finales realmente
prodigiosos de imaginación, de aceleración… y de pavura. Es precisamente
esta capacidad de Norberto Luis Romero para crear ese clima morboso, para
sumergir al lector en un mundo escatológico (escatológico no es el sentido
corporal que solemos emplear, sino en el sentido de lo que se refiere a
las postrimerías, a lo que está más allá de la muerte) lo que hace de él
un autor excepcional.
En su última novela, Tierra de
bárbaros, la acción se sitúa en la Argentina de comienzos
del siglo XIX, recién lograda su independencia de España. En un ambiente
de hostilidad entre los dos partidos enfrentados, federales y unitarios,
de caciquismo en las provincias, bandidas de salteadores en los caminos, y
en Buenos Aires una burguesía con pujos de aristocracia que pretende no
descolgarse de las últimas modas europeas, la novela parece, en un
principio, seguir el camino del relato histórico o la crónica de la época,
por otra parte muy conseguida. Sin embargo, al fondo de todo parece latir
una amenaza, una presencia abominable que lentamente se va definiendo y
que cobra forma el día que unas jovencitas aburridas de la buena sociedad,
para pasar el rato, deciden dar una fiesta mundana en la que, como
diversión final, se libre de sus vendajes a una vieja momia india…
Narrada con un pulso firme y con la
progresión realmente admirable que se ha reseñado y que es propia del
autor, Tierra de bárbaros es una novela que viene a aumentar, si
hiciera falta, el prestigio de Norberto Luis Romero como escritor de
novelas inquietantes pero, sobre todo, como escritor de auténtica y
original literatura. |
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Antonio Paniagua,
HOY.es,
El Correo.com,
diariovasco.com, 10,dic, 2011 |
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Corre el año 1835 cuando a Buenos Aires arriba un barco cargado de monjas
de una extravagante orden. Junto a las religiosas desembarca
una
mulata portuguesa dotada de poderes adivinatorios. La ciudad
portuaria se cuece bajo un calor sofocante, asolada por la pestilencia y
las moscas. En este ambiente enrarecido un grupo de damas de la alta
sociedad porteña sestea en su aburrimiento y decide organizar una fiesta
por todo lo alto. Argentina vive años convulsos, días en los que imperan
la miseria, el caudillaje y el asesinato político. Con estos mimbres
el escritor Norberto Luis Romero urde una historia a caballo entre
los géneros fantástico e histórico.
'Tierra de bárbaros' (Paréntesis) es una novela coral en la que el
escritor hispano-argentino retorna simbólicamente a su tierra, de la que
lleva 40 años ausente.
Romero, maestro en recrear ambientes sórdidos y agobiantes, ha alumbrado
una novela de acción trepidante, con una galería de personajes inmersos en
un drama trufado de humor y situaciones grotescas.
Con un
lenguaje preciso, pulquérrimo y elegante, el escritor, un referente
imprescindible para entender el gótico español, reconstruye los dos
gobiernos del caudillo Juan Manuel de Rosa. La acción transcurre en unos
escenarios unas veces inventados y otras históricos, y que van desde las
mansiones de las clases adineradas hasta los bajos fondos de Buenos Aires,
desde estrafalarios conventos hasta pulperías con malevos y asesinos,
pasando por tolderías de indolentes y pacíficos aborígenes aficionados a
sacarles la lengua a los blancos.
"El contacto con el lenguaje, con el habla de mi tierra, lo había perdido
y tuve que recuperarlo, además, cerciorarme de que fuera el empleado en la
época. Esta fue, quizás, la mayor dificultad a la hora de recabar
información para dar toda la verosimilitud posible a la acción", dice
Romero.
La maldición de un espíritu. Una
maldición lanzada por un espíritu ofendido acabará de rematar el
desasosiego permanente de
una
sociedad inmersa en conflictos políticos y guerras intestinas, una
sociedad mestiza en la que conviven inmigrantes de todo el mundo,
menesterosos y ricos hacendados, ladrones y familias de alcurnia,
políticos y esclavos, adivinas y monstruos de circo. Todos hallan cabida
en esta historia entretejida en una atmósfera sofocante unas veces,
luminosa otra, las más, saturada de dolor, rencores cuando no de sangre.
Aunque los hechos narrados son ficticios, 'Tierra de bárbaros' es una
novela con un compromiso evidente. "Dejo muy claro que la historia de
Argentina, tal vez como la de todos los pueblos, está escrita con sangre e
infamia, y que tanto la sangre derramada como la infamia no son únicamente
patrimonio del siglo XIX, forman parte de la historia reciente que muchos
hemos vivido." La última obra de Norberto L. Romero aborda la fractura de
un país que separa a los federalistas de los unitaristas. Mediante un
audaz maridaje entre historia y fantasía, el autor narra las peripecias
que se producen en torno a una momia, episodio que empieza siendo jocoso y
termina de forma sombría. |
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José Vicente Pascual,
La biblioteca imaginaria, Granada, dic, 2011 |
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Argentino, afincado en España desde hace bastantes años, Norberto Luis
Romero es un autor con suficiente experiencia y demostrada trayectoria
literaria. La suficiente (sobrada), como para abordar esta novela desde
unas premisas “clásicas” dentro de lo que se ha venido considerando propio
de la narrativa iberoamericana en las últimas décadas: el realismo mágico.
Podemos poner los matices que queramos a esta catalogación (quizás
demasiado sencilla, o simplista); pero, a poco que guardemos objetividad
al respecto, será imposible buscar un acomodo de referencia más preciso
para esta singular y desde luego sobresaliente novela. Por otra parte,
Norberto Luis Romero, escritor de honda formación y conocimiento, tiene la
virtud, acaso insólita, de instalarse en este ámbito de lo real
maravilloso con plena potestad y, al mismo tiempo, aparecer refractario,
opuesto a los clichés comerciales, el referente espurio de “aguas para
chocolates”, “casas de los espíritus” y demás productos mercadotécnicos
que han convertido este canon literario, defendido magistralmente por
Alejo Carpentier en el prólogo a El reino de este mundo, en un género
devaluado, lábil, acaramelado y lindante con la emotividad televisiva de
los culebrones suramericanos. No es el caso de Tierra de bárbaros, cosa
previsible en un auténtico, talentoso y pundonoroso autor como Norberto
Luis Romero.
Si hablamos de realismo mágico, la primera referencia es el estilo. Tierra
de bárbaros, sin caer en barroquismos, alambicamientos ni artificios,
exhibe una prosa rica, frondosa, bullente en expresiones y vocabulario
mestizo, en un magma indiferenciado donde el puro español se transmuta
felizmente en ese otro idioma que el autor, en ámbitos más privados,
denomina argeñol: el idioma de la América hispana, por donde transitan con
toda naturalidad vocablos y expresiones propias del más vetusto y
venerable castellano junto con los procedentes del habla coloquial en los
distintos segmentos sociales, los términos indígenas, los africanismos,
los barbarismos de toda procedencia. No es casualidad que la protagonista
de la novela (si es que cabe hablar de protagonistas en esta “novela
río”), se llame Dorothy. A fin de cuentas, el finalismo británico es parte
irrenunciable del alma argentina, la cual Dorothy encarna con sobrada
dignidad a lo largo de la narración.
El argumento, igualmente, nos remite a la naturaleza dual de los fenómenos
manifestados al ser humano: realidad y magia. O lo maravilloso de la
realidad si se prefiere. Por una parte, nos encontramos con la pugna
histórica, definitoria del siglo XIX argentino, entre los belicosos
caudillos federalistas y los opulentos unitaristas. Una lucha despiadada,
a veces tintada de excesiva crueldad, como en el episodio del asesinato de
Quiroga, que no acabará de decantarse hasta mucho tiempo después y que
mermará de forma notable las posibilidades que Argentina tuvo, en sus
“buenos malos tiempos”, de convertirse en la gran potencia americana,
cuando Buenos Aires competía con Nueva York por ser el gran puerto
atlántico, la gran urbe continental; ese tiempo en que la nación
argentina, ubérrima de recursos y nutrida por una inmigración
extraordinariamente caudalosa, anhelaba ser… lo que nunca llegó a ser. Esa
truncada pasión argentina ha dado ocasión a numerosas y a menudo muy
brillantes obras literarias, como la que se comenta.
Por otra parte, en íntima ligazón con los sucesos históricos (objetivos,
reales), se desarrolla ese mundo evocador, pleno de simbolismo, incierto y
atractivo de la magia cotidiana de lo real, cuando esa misma realidad pasa
por el tamiz y la mirada de las muchachas, hijas y esposas de la buena
sociedad bonaerense, las cuales, ajenas a los cataclismos políticos que
asolan y enfrentan a sus familias, comentan desde su particular y tonante,
melódico punto vista, los acontecimientos públicos. Esa charla de media
tarde, bajo el calor sofocante de un verano déspota, deviene en mezcla
encantadora, muy femenina en el buen sentido del término; un brillante
mosaico donde se entreveran sentimientos con razonamientos, intuiciones
con certezas, acontecimientos privados (la esterilidad del matrimonio de
Dorothy siempre en primer plano), con eventos públicos de primera
magnitud; y todos y cada uno de estos elementos tiene, para las
contertulias, la misma prevalencia: partículas de un todo que es la vida
fluyendo impetuosa y ante la que ellas, casi siempre, asisten como
deslumbradas espectadoras.
Hay una “vuelta de tuerca” sin embargo a esta visión amplia de lo real
expresada en lenguaje literario. Sinceramente creo (quizás ande muy
errado, se acepta el riesgo), que Norberto Luis Romero ha intentado (desde
mi criterio con éxito), conjugar dos veneros opuestos en el ámbito de la
literatura que pretende abarcar hacia lo metareal: el realismo mágico y el
surrealismo, en la medida que este último nutría gran parte de sus fuentes
de inspiración a partir del psicoanálisis. La simbología “fuerte” de
Tierra de bárbaros, arranca con la visión de un soberbio tigre, escapado
de un circo, y se cierra con la misma imagen. Encontramos en el camino, a
modo de ejemplo ilustrativo, la infecundidad de Dorothy, el deambular de
religiosos y santeras, prostitutas y damas de moral granítica, monjas
castradas con brutales cinturones de castidad, sacerdotes arrasados por la
sensualidad de la tierra, y el colofón de este marasmo perfecto de
emociones imperfectas: la fiesta de la momia, con su resultado de
colectiva gravidez que afecta a mujeres habitantes “del otro lado” de lo
real. Por ese motivo, los embarazos no prosperarán, no nacerán más niñas
(nunca niños, espléndida y sutil la permanente alusión al “eterno
femenino” en la novela); y de la misma manera que Argentina no llegará a
culminarse como país hegemónico, las gentes y la vida que la habitan
quedarán en la misma, deslustrada posición del majestuoso tigre fugitivo:
amagando su poder, exhibiendo en vano su belleza. Una soberbia fuerza
inaplicada que dará como resultado (así la historia lo demuestra), el
propio destino de aquel país y, en suma, de Iberoamérica: el sobrecogedor
escenario de un aterrador vacío.
No sé si esta era una de las intenciones, puede que la principal, del
autor al escribir Tierra de bárbaros. Al menos, así ha leído la novela
quien estas líneas firma. Y así la cuento. El que quiera saber más, ya
sabe: a la librería. Seguro que no se arrepiente. |
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J C Planells,
Fact&Fiction, 21, nov, 2011 |
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parece difícil concebir una literatura latinoamericana que no entre en el
campo del realismo fantástico, incluso aunque su autor ya no resida en
Latinoamérica. Es el caso de Norberto Luis Romero, que en esta su última
obra, Tierra de bárbaros, ofrece un maridaje perfecto –o
perfectamente lógico– entre realismo (histórico en este caso) y fantasía
(magia, en esta ocasión). Tomando como base el relato “El relicario de
lady Inzúa” publicado en la antología La maldición de la momia
(comentada en este blog no hace mucho) lo amplía para ofrecernos un
retrato de Argentina en 1835, época convulsa (uno tiene la impresión de
que el Latinoamérica todas las épocas han sido convulsas, bajo uno u otro
signo) que trasladaba a ese país no pocas de las convulsiones que a su vez
acababan de azotar –o azotaban aún– el viejo continente: Napoleón, el
Absolutismo en España, las consecuencias de la Revolución francesa de
1789… A este panorama histórico de una Argentina dividida entre
federalismo y unitarismo (no hay país que no esté dividido por algo) es al
que dedica Romero su novela.
A diferencia del relato donde se narra también el sucedido de la momia,
que adquiría un carácter jocoso para terminar sombríamente, aquí no hay
mucha jocosidad. El panorama histórico en el que se inserta ese
sucedido es lo suficientemente severo como para que lo que allí era humor
e ironía adquiera en la novela –al estar intercalado con la historia de
otros personajes– un tono más bien desgarrado. Y se produce un curioso
contraste dentro de los hechos narrados: por un lado, tenemos las luchas
políticas, que adquieren carácter violento con el brutal asesinato del
caudillo Facundo Quiroga, y las rivalidades entre familias de uno u otro
signo político; por otro, el discurrir cotidiano de las mujeres de esas
familias, sus amigas e hijas –curiosamente, no hay hijos, sólo hijas–, que
mantienen contacto y amistad pese a las diferencias sociales y políticas
que hay entre unos y otros. Es ese aburrimiento, ese sentirse en parte
marginadas lo que las llevará a idear lo de la fiesta de la momia y sus
terribles consecuencias, donde la intrusión de lo mágico destruye a casi
toda una generación. Y puesto que en la novela queda claro que esa magia
está enraizada con el pasado del país, un pasado posiblemente ancestral
–el primer signo de que algo malo va a ocurrir tiene lugar justo en el
momento en que la momia es desenterrada–, es otra manera de expresar que
hay un choque de culturas, de mundos: la Argentina del tiempo en que
transcurre la acción vulnera y profana un pasado que ha sido eliminado y
que, poco a poco irá siendo destruido (la aniquilación de los pocos indios
que aun sobreviven). Y, como en el relato, el final es igualmente sombrío:
es un choque de dos mundos (pasado y presente) que tiene lugar en un
tiempo (presente) que se niega a aceptar ser de una manera u otra
(federalismo o unitarismo). |
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PLAQUETA "LA SIESTA OBLIGADA" |
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Luis Borrás,
Aragón Literario, 29, Sep, 2010 |
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Hay gestos que delatan a las personas. Y
Norberto Luis Romero, siguiendo el ejemplo de
José Joaquín Beeme, ha decidido unir arte y literatura en
ediciones no venales, plaquetas de cinco ejemplares de alguno de sus
relatos.
Arte como regalo y como símbolo. Arte como objeto, agradecimiento,
festividad de la amistad y la palabra. Arte contracorriente y al margen en
esta edad bárbara -como la ha definido Ramón Acín-
encerrada en lo banal, lo perecedero, la modernidad virtual y el exceso de
velocidad.
Contra eso Norberto Luis Romero y sus manos. Hilo,
cartulina, papel y tijera. Gesto, locura, papiroflexia. Libros mínimos
hechos a mano; objetos raros, singulares; fortuna sin precio para poner a
salvo de la avaricia de Lucas Corso y todos los mercenarios
bibliófilos.
Gesto y forma; papel y símbolo. Creación multiplicada por dos. Doble
valor: objeto y contenido. El objeto excepcional creado por
Norberto como guarida personal para un relato suyo: “La
siesta obligada”.
Forma e idea: Un relato conformando un cuerpo único. Libro en singular.
Relato como reedición personal, rescate o novedad, pieza fuera de
colección, estilo y palabra.
Y Norberto en su “Siesta obligada” que
nos lleva a un cuarto en penumbra hasta donde llegan los perfumes y los
sonidos que están afuera. A una habitación a oscuras y en silencio donde
escucharemos la respiración violenta, ronca y dificultosa de un niño
herido y vivo. Con el aliento extraviado en los rincones del techo.
Una habitación, caja oscura a la luz de una vela, con el retrato coloreado
de una mujer muerta y una Virgen. Y las sombras colándose y meciéndose
por las rendijas de los postigos.
Y las palabras de Norberto que nos dejan dentro y nos
llevan afuera. Sombra y luz. Dentro, junto al niño y la angustia
amenazante de una enfermedad como una tela de araña. Tuberculosis de la
que se habla en voz baja y se conoce su tos de agonizante escupiendo
sangre. Interior desde el que se escuchan los ruidos del exterior, la
vida, la calle, el sol, los gritos de otros niños jugando, crueles
cazadores de frágiles mariposas. Sanatorio, valle al norte de aire sano y
limpio. Miedo, vuelo, veneno en los pulmones y muerte. Habitación desde la
que se oyen las voces de los demás hablando y callando. Interior y
exterior aleteando en los sonidos de las palabras de Norberto.
Aire espeso, silencio, padres de visita cada seis meses, violetas,
jazmines; ratones muertos y chicharras. Angustia de niño vivo que no
quiere dormir la siesta de los enfermos. Angustia que gira y se enrosca en
las palabras de Norberto. Veneno y miedo, niño vivo que
pide que la despiadada araña escoja otra presa para llevarse al fondo de
su cueva. |
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EL MOMENTO DEL UNICORNIO, 2009 |
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La libélula, Radio 3,
25 May 2010 |
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La LiBéLuLa
de Radio 3 tratará hoy de congelar su fugaz planeo en un lugar:
Tropo Editores,
y en un preciso instante: "El
momento del Unicornio",
obra de
Norberto Luis Romero que,
como padre de la criatura, hoy nos acompañará en esta poza… |
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Juan Jacinto Muñoz Rengel. Litaratura en
breve RNE, 28 de diciembre, 2009 |
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Comentario del libro y lectura de
fragmentos. |
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Iñaki Echarte Vidarte.
Un extraño en MD, 4 de marzo, 2010 |
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A veces me da rabia que ciertos libros
pasen desapercibidos entre las toneladas de novedades que desembarcan en
las librerias. Y al mismo tiempo me da rabia que haya autores que no
tengan lo que se merezcan.
El momento del unicornio
de Norberto Luis Romero (Tropo editores, 2009) es un
libro que se publicó en 1995 y que se reedita ahora. pasó desapercibido
entonces y parece que ahora va ocurrir lo mismo. Y no lo merece, pero es
el destino habitual para este tipo de libros, en este país, es ese: el
olvido. El momento del unicornio es un libro de cuentos
fantásticos, con una ambientación en color sepia y con un gran logro:
consigue provocar inquietud con elementos muy cotidianos. Este libro,
encuadrado en la colección 2º asalto, que se dedica a rescatar
grandes libros que son imposibles de conseguir, tiene algo de los
marineros de Genet, algo de esas atmósferas
inquietantes a la vez que familiares, y está lleno de cuentos con el
sabor y el olor de lo perdido.
Y tiene cuentos maravillosos, en los que
los protagonistas se pierden de la multitud de un carnaval, quedan
atrapado en un vagón de metro que no se detiene nunca o se creen
espiados por las dueñas del hostal en el que se aloja.
Aún estás a tiempo de disfrutar con los
cuentos de Norberto Luis Romero. Y es algo que no debes dejar de hacer.
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Los Irregulares de 2009,
26 de enero, 2009. Diario de la librería de géneros Estudio en
Escarlata |
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CIENCIA
FICCIÓN, FANTASÍA, TERROR
CUBIERTAS
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Luis Borrás/Aragón
Literario, 20, enero, 2010 y
Diario Alto Aragón, dominical, 31, enero,
2010 |
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Creo que hay una teoría que dice que el
principio de un texto es decisivo. Que puede hacer que sigas leyendo o
abandones. Que un principio debe atraparte, engancharte, seducirte. Y la
mayoría de los relatos de “El momento del unicornio”,
de Norberto Luis Romero, cumplen esa regla. Te muerden
y hacen presa. Basta una sola palabra: francotirador. Una sola
frase: Sé que me están espiando. Unas líneas, una geometría
de soles fragmentados y un perfume de lavanda para hacerte
sentir el calor sofocante de un verano en febrero. Basta un cuerpo
arrojado por una ventanilla para sentir el terror. Algunos lo
llamarán recurso narrativo, yo prefiero pensar en esos muñecos de goma
que les agarras del cuello y abren los ojos.
Norberto es un extraordinario escenógrafo: azoteas,
cloacas, vagones de metro, balcones, jardines, habitaciones, cementerios
y prostíbulos. Es un imaginativo creador de actores, atmósferas y
pesadillas. Norberto es un productor y director que
materializa en imágenes las palabras de un guión escrito por él mismo.
Imagen y texto y viceversa. Sus textos describen con precisión y
amplían, como una onda expansiva, las sensaciones que transmiten las
imágenes. Mezclándose en una simbiosis perfecta los dos elementos. La
mirada se desliza y avanza como una cámara en una película, haciendo
travelling desde una grúa o en una Dolly, y las palabras
nos hablan de locura y disfraces, de habitantes de un mundo subterráneo
no exento de codicia y violencia; de lágrimas y sexo, claustrofobia y
eugenesia, recuerdos e impostores, sombras en la pared, humor negro,
surrealismo cómico y humillación doméstica y adultos destruyendo la
infancia con su avaricia y perversiones.
La imaginación de Norberto mete de okupas en nuestra
casa a los seres de “La parada de los monstruos”
de Tod Browning y encierra su pesadilla
disecada dentro de una urna de cristal. Reinterpreta el “Mar
adentro” de Alejandro Amenábar;
y al Kafka entomólogo que transforma a los
hombres en insectos entre los pasillos y lugares secretos de un colegio
interno. La tragicomedia a la española de un velatorio en un lupanar con
un loro palabrotero y una puta que escribe versos y teje calcetines de
colores. Un hombre humillado que planea el crimen perfecto,
“Con faldas y a lo loco” de Wilder
y“Extraños en un tren” de
Alfred Hitchcock mezclados con el surrealismo de una
luchadora de sumo, una amiga sádica y un hombre humillado que va a hacer
la compra con una bata de boatiné.
Los relatos de Norberto transcurren en espacios
cerrados donde se concentra el perfume y la luz se filtra entre las
rendijas. Casas, pensiones, habitaciones de paredes rotas; túneles
infinitos y un pueblo sin sueños donde podemos observar de cerca a los
actores, oír sus diálogos y la voz en off; verles espiar detrás de una
cortina, verles sudar y sangrar, morir, evocar el pasado, llorar sin
fingir; descubrir el sexo, escuchar el ruido de la carcoma y recordar
con ironía “Los árboles mueren de pie” de
Alejandro Casona pero con un final negro.
Los relatos de Norberto
queman al tocarlos. Como el sol en el hierro.
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B.Gavira/diarioDirecto
28, diciembre, 09 |
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La obra que el
escritor Norberto Luis Romero y Tropo Editores
presentan es una sorprendente colección de cuentos que
constituirán un descubrimiento y un deslumbramiento para la mayoría de sus
lectores.
Cada uno de sus relatos guía al lector por ignorados parajes que están
fuera de la realidad y dentro de él mismo. La inquietante extrañeza que
Daniel Moyano señala como característica esencial de la
narrativa de Norberto Luis Romero, se acentúa, si cabe, en los relatos de
este libro. Pocas veces un escritor ha conseguido crear con tan
limpia y escueta escritura una atmósfera más cargada de
desasosiego, sensualidad y misterio.
Desplaza los límites de la realidad cotidiana hacia espacios más
oscuros y asfixiantes donde un fatalismo casi espectral parece
impulsar las acciones de sus protagonistas. Se traslada así el sentido
inicial de lo aparente hacia infiernos del alma donde el primer enemigo es
uno mismo, esa galería de fantasmas que llevamos todos dentro y que
encuentra los más asombrosos modos de manifestarse al exterior, a ese otro
espacio que el autor llama ‘lado diáfano de la vigilia’ y que, no por tal,
está libre de sufrir un brusco giro.
Es sin duda, uno de los más brillantes escritores de
relatos breves que ha dado la lengua española en los
últimos tiempos, heredero de la tradición de Cortázar y Borges,
poseedor de un universo exclusivo de obsesiones con una densidad de estilo
que atrapa de inmediato al lector, condensado en joyas del género como son
‘Diario del taxidermista’, ‘Ritual de los espías’, ‘La captura’ y muchas
otras de las narraciones que contienen sus tres libros de cuentos.
Norberto Luís Romero ahonda en los abismos más tétricos y oscuros del ser
humano y se confirma como uno de los más inquietantes escritores de
ficción vivos de nuestro país. |
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Carlos Castán, Heraldo de Aragón, 17,
diciembre, 09 |
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La colección 2º Asalto de Tropo
Editores vuelve a darnos una gratísima sorpresa con la recuperación de
este estupendo libro de cuentos del escritor argentino, aunque afincado en
España desde 1975, Norberto Luis Romero. Lo primero que uno piensa, nada
más terminar de leer El momento del unicornio, es cómo es posible
que semejante colección de relatos haya pasado tan desapercibida hasta
ahora, catorce años después de que viese la luz en primera instancia en la
editorial asturiana Nobel. Pero contestar a esta pregunta nos
llevaría al tema, tan recurrente como doloroso, del desprecio en nuestro
país del cuento como modalidad literaria.
Estamos ante un escritor tardío y con
largos periodos de silencio que, a pesar de haberse centrado durante años
en el cine, es consciente ahora de cuál es su lugar, su vocación
auténtica, su género y su voz. Es increíble la variedad de registros en
las veinte piezas de las que se compone este libro, así como la diversidad
de las apuestas en cuanto a la estructura de los textos, siempre medida y
a menudo arriesgada, como por ejemplo en el relato titulado Complot de
la carcoma, en que el punto de vista y la voz narrativa pasan de un
personaje a otro en tiempo real en una suerte de vertiginoso diálogo de
miradas. La importancia del silencio, el tremendo peso de todo lo que no
se dice, es otro de los denominadores comunes del libro, así como lo
cinematográfico de los desenlaces y la maestría del autor para la creación
de atmósferas y escenarios, ya sean aldeas de la provincia profunda,
puertos llenos de grúas y bruma, mansiones coloniales a la hora de la
siesta, pensiones mugrientas o galerías subterráneas podridas de oscuridad
y ratas. “al abrir ligeramente uno de los cajones de la cómoda, escapó un
intenso olor a jabón y a lavanda” (p. 55) leemos en el relato Frutas en
la siesta. Lo cierto es que sea cual sea el cuento por el que se abra
el volumen, los aromas parecen saltar al aire desde las páginas, efecto al
que no es ajeno el carácter poético de la prosa de Norberto Luis Romero,
un lenguaje en absoluto recargado ni retórico, pero con una poderosísima
capacidad de sugerencia, preciso, sensual y siempre al servicio de la
historia que cuenta.
Podría decirse que El momento del
unicornio es, en el fondo, un libro sobre la pérdida. Pérdida de la
infancia, de la virginidad (con todo lo que ésta tiene de símbolo y
metáfora), del rumbo; siempre está la pregunta por el origen, por la
naturaleza de la chispa que desencadenó un presente que se anhela
entender. Abundan en los cuentos personajes muy jóvenes, adolescentes en
el momento en que algo se rompe, o se crea, ahí dentro; y un erotismo tan
sutil como salvaje, efectivo hasta la turbación.
En mi opinión, hay en el libro cuentos que
bien podrían calificarse sin demasiado riesgo como piezas maestras: El
tren fantasma, con su hiriente ráfaga de lucidez, el descenso a la
conciencia del carrusel del tiempo y la carcajada de la muerte desde el
fondo del túnel; Sueño del taxidermista y su universo surreal,
entrañable y terrible; y el que da título a este libro, definitivamente a
no olvidar: El momento del unicornio. |
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Myriam Martínez, Diario del Alto Aragón, 5,
diciembre, 09 |
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"El momento del unicornio" es un libro de veinte cuentos del escritor
argentino Norberto Luis Romero que llevaba descatalogado desde 1995 y
ahora ha recuperado Tropo Editores. Se trata de la misma obra de entonces,
pero el autor ha agregado cuatro nuevos relatos, procurando que se
mantuviera la misma tónica del resto de los textos. "Una vez publicado el
libro, yo no vuelvo a leerlo jamás. Ahora tuve que hacerlo para su
republicación y me sorprendió muchísimo porque ya no parece mío. Es como
si lo hubiera escrito otra persona y lo curioso es que me gustó", explica
el autor.
En esta relectura, Norberto Luis Romero descubrió que la pérdida era la
esencia y el hilo conductor de las veinte narraciones. "La pérdida de
amigos, de familiares, de la infancia, de la inocencia, de amores, de
dinero, de trabajo, está abordada de una manera inconsciente porque no me
propuse escribir sobre ella -señala el autor-. Cuando me viene a la mente
un cuento lo hace como una forma de relámpago, de chispazo; puede ser una
imagen, una frase, un personaje, una atmósfera. La pérdida subyace
después".
Norberto Luis Romero, que ha ganado premios como el Tiflos, Antonio
Machado y el Hucha de Oro, estima que casi todos sus cuentos son bastante
dolorosos y su forma de abordar la pérdida es amarga y nostálgica. "Yo
creo que toda pérdida es dolorosa, obviamente, aunque sea a cambio de, que
normalmente lo es".
Como autor de "El momento del unicornio", expresa su predilección por el
cuento titulado "Francotiradores", porque cree que es el relato más
logrado de todos cuanto ha escrito, y como lector se decanta por "El tren
fantasma", porque confiesa que le emocionó al final. "El personaje se
enfrenta a sí mismo a través de la mirada de unos niños que están en un
parque de atracciones y tiene una visión de todo lo que ha perdido a lo
largo de su vida y también de su muerte".
Norberto Luis Romero nunca aborda los temas directamente, estima que hay
que encontrarlos en un segundo nivel de lectura. "La literatura es un
encadenamiento de sutilezas y silencios, de cosas dichas a medias, de
sugerencias. Nunca tiene que ser directa. Si se habla de la muerte, la
palabra muerte creo que no debe estar nunca, sólo debe sugerirse",
finaliza. |
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CRIATURAS VORACES, 2009
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Luis Borrás,
Aragón Literario Blogspot,
22, octubre, 2009 |
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Me considero afortunado por este regalo.
Por la prosa de Norberto, por su gesto y, sobre todo, por
descubrirme, darme a conocer el exquisito trabajo artístico de
José Joaquín Beeme.
Esta plaquette es algo especial. Es un trabajo artesano. Único.
Un tesoro de papel y cartulina hecho y pintado a mano. Una tirada de sólo
treinta ejemplares cada uno con una cubierta distinta. Una ilustración
acorde con el contenido de los relatos de Norberto Luis Romero:
Un perro, como el Minotauro, con pelo de pluma y frágiles alas de
libélula. Dentro el papel azul y los títulos en rojo con una original
caligrafía. Cada cuento ilustrado, acompañado con dibujos de tinta china:
sanguijuelas, helicornios, pirañas, polillas, tanzanitas y ácaros.
“Criaturas voraces” ideadas por Norberto que
José Joaquín Beeme materializa, guarda y encuaderna en
este hermoso y estético libriccini de la “Colección Isla
Moreau” y sus bestiarios ilustrados perteneciente a su
microeditorial “La Torre degli Arabeschi”.
Esta plaquette es un regalo para contemplar con delicadeza y
admiración. Un objeto para preservar del polvo, la humedad y el olvido.
Para guardar en un lugar accesible y asombrar con él a los descreídos de
la belleza.
Por fuera la creatividad de José Joaquín Beeme, y dentro,
palpitando en el azul, la prosa de Norberto jugando con
nuestros terrores insepultos; con el asco y la repulsión que nos producen
esos diminutos animales: babosas, insectos, bichos y larvas.
Cuentos infantiles. Pesadillas de adulto.
Sanguijuelas que chupan la sangre. Terrores sumergidos en aguas negras y
abrevaderos para animales.
Monstruosos caracoles carnívoros y su repulsivo rastro baboso. Cuentos de
brujería y maldiciones. Avaricia humana, venenos y muerte dolorosa.
Lascivia. Seres mutantes mitad humanos mitad moluscos.
Pirañas. Pez prehistórico. Dientes afilados. Hambre animal. Mascotas sin
dueño. Realismo posible que me hace mirar con desconfianza las peceras y
con lástima al gato del vecino que duerme en la ventana.
Una historia de canibalismo mezclando callejones oscuros, cuerpos
descabezados, un enano dentro de un saco de yute, gato por liebre,
mansiones decadentes, Hannibal Lecter y sus crujientes delicatessen y la
madre momificada de Norman Beits. Muñecas de trapo y polillas como
carcoma.
Moscas carrroñeras de color azul brillante que anuncian la muerte.
Animales microscópicos que producen insomnio y paranoia.
Norberto juega con mi subconsciente, me hace sonreír y me
atemoriza. Hace que me levante y compruebe que las ventanas están bien
cerradas, que pase el dedo índice por las baldas para comprobar que están
limpias, amar los gatos de escayola y odiar las moscas que revolotean en
los cementerios, e insistir al camarero que la carne, por favor, me gusta
muy hecha.
Y después de esto cruzaré los dedos para que esta noche, al dormirme, no
vengan a visitarme mis viejas fobias.
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EMMA ROULOTTE, ES USTED, 2009
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Juan
Jacinto Muñoz Rengel,
, Literatura en breve, RNE,
agosto, 2010 |
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El
libro de Norberto Luis Romero no es una novela, es una obra transgresora
en las formas...
Oír el programa. |
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Carlos Frühbeck Moreno,
Culturamas, mayo, 2010 |
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Así que me he leído Emma Roulotte, es usted como
si todo esto no fuera conmigo. He disfrutado de una obra escrita con
inteligencia y oficio. Así y sólo así he podido sumergirme en su delicada
estructura de libro que custodia bajo sus tapas dos espejos enfrentados.
O, mejor, esas misteriosas cajas chinas que los personajes se pasan de
historia en historia. Y he descubierto que bajo la aventura pirandelliana
de Emma Roulotte como personaje que salta de una parodia a otra en busca
de un papel decente hay oculto un profundo amor por la literatura, por la
literatura de verdad, esa que cuenta cosas. ¿Es poco en los tiempos que
corren? Porque, si de cuento se trata, todos tiramos la primera piedra.
Leer reseña completa> |
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Ángeles Prieto, concursos-literarios.com,
septiembre, 2009 |
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Con esta Emma venturosa, y una necesaria
inteligencia cómplice, el lector puede sumergirse en una divertida
reflexión sobre la creación literaria de gran calado. Y eso sin necesidad
de discursos campanudos o sentencias graves, largas parrafadas en textos
donde nunca ocurre nada, tan predominantes ahora, sino todo lo contrario:
utilizando precisamente el sistema de muñecas rusas o cuentos encadenados,
yendo directamente para su confección a la Madre de todos los relatos: Las
mil y una noches, con lo cual el entretenimiento del lector está más que
garantizado.
No obstante, es interesante que el receptor –gran protagonista de esta
Emma generosa- conozca algunas características del particular doctor
Frankenstein que la ha creado, Norberto Luis Romero. Pues Emma es atípica
dentro de su obra, caracterizada por un temprano magisterio en su género
más feliz, el cuento, con el emblemático
El momento del unicornio (1996), próximo a
reeditarse, y sin nada que ver con las angustiantes y góticas novelas que
la preceden y conforman el grueso del universo norbertiano, como Isla
de Sirenas, Ceremonia de máscaras, La noche del Zepelín
o la genial Signos de descomposición, todas ellas encaminadas con
acierto a integrar al lector en un ambiente opresivo y terrible.
Y quizás como paréntesis rupturista con su narrativa anterior, pero además
con voluntad estilística de no estancarse y correr riesgos, Norberto echa
mano de sus más lecturas más gratas para rendirles homenaje y también para
preguntarse porqué se dedica a esto. Así, las mil y una noches, las
misteriosas hermanas Brontë, Jane Austen, y muchos más desfilarán por
estas páginas en las que Emma busca a Norberto, o quizá Norberto se busque
a sí mismo. Por ello es inevitable identificarnos con ella y puedo
asegurarles que Emma Roulotte, es usted. Somos todos los que con
suerte le hemos dedicado un rato feliz a conocerla. |
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Carolina Molina,
El Blog de Carolina Molina, octubre, 2009 |
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De vez en cuando, sólo de vez en cuando,
cae en manos del lector un libro que al finalizarlo desea compartir con
otros. A veces queremos comentar su historia o reflexionar sobre una de
sus citas. Pero el buen libro es el que recomiendas por entero,
advirtiendo al amigo que disfrutará leyéndolo. No sabría decir cuál es la
historia de “Emma Roulotte, es usted”, no porque no la tenga, sino por lo
contrario, porque en ella confluyen todos los géneros habidos y por haber.
En la gran imaginación de Norberto Luis Romero, caben todas las novelas
escritas o por escribir, así lo ha demostrado en este pequeño libro. Rara
vez en tan pocas páginas se ha contado tanto y tan rápido. Con una visión
puramente cinematográfica nos adentra en una historia que nos lleva a otra
y ésta a otra más. Es un libro chispeante, divertido, sutil. Una fina
ironía y un elegante humor ha utilizado este consolidado escritor de
cuentos que sabe cómo llegar al corazón pero sobre todo y muy por encima,
a la inteligencia. Yo creo que es buena cosa pretender que los lectores
son inteligentes. En el Metro, en el autobús, en la sala de espera de un
hospital, siempre hay un lector dispuesto a leer una buena historia y para
todos ellos recomiendo este pequeño libro, un libro encantado por la
varita mágica de la originalidad. Y al finalizarlo, vengan y díganme, si
pueden, que no son capaces de recomendarlo a un amigo. |
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Julio Espinosa Guerra, Literaturas.com,
octubre, 2009 |
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El chiste más cruel: un comentario sobre
Emma Roulotte es usted
“No tenernos talento, es que/ no tenemos talento, lo que nos pasa/ es que
no tenemos talento”. Así comienza su poema Rimbaud el poeta
chileno Gonzalo Rojas y así habría que comenzar cualquier comentario a
Emma Roulotte es usted, de Norberto Luis Romero, no porque él no
tenga talento, sino porque para enfrentar su lectura hay que ser por lo
menos un lector competente, un lector con talento... de esos de los que
hay tan pocos, grupo al que yo, por supuesto, no pertenezco. Así las
cosas, desde ya quiero decir que estas palabras vienen dadas desde la
reflexión posterior a la lectura, un reposo largo pero necesario que me ha
ayudado a ir encajando pieza tras pieza, palabra tras palabra, para una
vez hecho el trabajo poder valorar en su justa medida el libro, justa
medida para mí, que para nada tiene que ser la de otros.
Norberto Luis Romero es un autor casi desconocido, pero es un autor casi
desconocido con más de quince libros bajo el brazo, traducido más de una
vez al inglés y con un grupo de lectores que lo siguen, fieles. Es eso que
se llama “un autor de culto”, cuatro palabras que oculta otras: un autor
que no vive de la literatura, un autor que no ha tenido suerte con las
editoriales, un autor sin agente, un autor olvidado de la mano de Dios,
del Diablo y del Dinero, la triple “D” de la literatura (esto me lo acabo
de inventar).
Siendo esto una cosa muy mala para cualquiera que se dedique a cualquier
cosa, no deja de tener su lado positivo, porque “un autor de culto” puede
escribir lo que quiera cuando quiera. Es debido a esa libertad que en
Emma Roulotte es usted, el autor nos propone una novela con esquema
de libro de cuentos o un libro de cuentos metido en un bonito papel de
regalo tipo “novela”.
En su inicio un muchacho llega a un pueblo perdido de la mano de Dios
(naturalmente), buscando a un escritor al que le tiene que entregar un
paquete, un encargo de un conocido. No encuentra al destinatario porque se
le han perdido las señas, pero sí que se encuentra con Emma, quien lo
ayudará sin éxito en su empresa. Resulta ser que el muchacho es la excusa
para hacer entrar a Emma en el relato, pero tampoco de manera definitiva,
sino que como un personaje puente, siempre secundario o terciario, que
deambula en historias de otros personajes, personajes que cuentas
historias de otros personajes y que, a la vez, cuentan historias de otras,
perdiéndose en un damero en el que nunca se sabe cuándo mueven las blancas
y cuándo mueven las negras. O peor aún: sin saber si hay blancas o negras.
Esta suma de historias no tiene un hilo conductor claro. Emma es la excusa
que termina por unir los cuentos, pero nada de trama, por favor. Emma no
es Sherezade ni El Quijote. Emma es un personaje en busca de un autor que
le de consistencia.
Esto nos lleva a otro punto interesante del libro. No es casual que sea un
personaje en busca de autor. O, mejor, un personaje en busca de una
personalidad. La referencia a Pirandello no es casual en absoluto.
Norberto Luis Romero se goza en el absurdo, no tanto de los cuentos, sino
de la denuncia solapada de una serie de autores que escriben relatos en
diferentes géneros que no dominan. El absurdo denuncia un vacío de la
literatura actual en nuestra lengua que la industria no desea llenar
porque justamente lo que busca son este tipo de historias: vacías, planas,
donde los personajes siempre están como la Emma del comienzo de esta
novela/relato: perdidos en sus propios cuentos.
Pero Emma Roulotte no refleja solamente el páramo por el que se mueve la
literatura en nuestra lengua (con contadísimas excepciones), sino que
también se nos presenta como un símil, una metáfora del propio autor, en
tanto literario, de nuestros días; autor que anda en busca de alguien que
le dé existencia y consistencia, un panorama cultural que no existe. De
esta forma Emma es ese “autor de culto” que no cabe en ninguna parte, pero
que está en boca de todos como un personaje/autor deseable siempre desde
los labios para afuera, nunca en la intimidad.
Desde este punto de vista, los diferentes cuentos están allí como
divertimento y como denuncia y, al mismo tiempo, representando el
entramado que oculta la historia más verdadera y fundamental: la de Emma.
Por eso no es casual que sean intermitentes e intencionadamente suenen
chapuceros o jueguen con el paradigma del cuento clásico, con
estructuras archiconocidas y tramas que nos suenan a las que usan mal y
constantemente los autores más populares. Por eso, también, se trata de
historias llenas de ironía y sarcasmo, las más de las veces, incompletas o
completas con “forceps”. No es que el autor no sepa escribir, sino que
sabe escribir demasiado bien, sabe muy bien hacia dónde va… o mejor, hacia
donde no quiere ir.
Si usted cree que sin tener talento puede leer un libro que va a jugar y
reírse de sus neuronas, este es el adecuado. Corra a pedírselo a su
librero y pase un buen rato intentando adivinar quiénes son los ironizados
que se encuentran tras cada una de las historias, para al final, llorar
con el autor por la falta de perspectiva, con el desencanto que hay tras
estas historias, que realmente son una novela, del mundo del libro y sus
alrededores. Y no se crea, por favor, el final feliz: igual que en El
apartamento, de Willy Wilder, la peripecia final no es más que la
tramoya que oculta la tragedia: los “autores de culto” lo son simplemente
porque ni los editores ni los lectores tenemos talento.
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Luis Borrás, Aragón
Literario Blogspot, 2,Octubre, 2009 |
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...Y
es que esta “Emma Roulotte, es usted” sorprende en la segunda
página, cuando el autor que la está escribiendo aparece en la historia sin
saber cómo continuarla. Como si en un teatro de títeres el tipo que maneja
los hilos se quedara parado y los muñecos decidieran seguir actuando por
su cuenta y riesgo. Dos páginas y se rompen todos los esquemas. Y con ese
descubrimiento pierdo la inocencia y algún prejuicio estético.
A partir de ahí su desarrollo me desbordó; me adelantó por
la derecha a toda velocidad. Cada historia se enlaza con la siguiente, la
continúa como en una desenfrenada carrera de relevos. Y fue entonces
cuando pensé en la Matrioska, esa muñeca rusa que la abres y te
encuentras otra dentro. Un relato llevando al siguiente, y entre medias,
como marca de la casa, esas cajas sorpresa apareciendo en cada capítulo;
pasando de mano en mano. Cajas vacías sin remitente ni destinatario
conocido que guardan un enigma, cajas llenas de palabras con las que poder
escribir una historia encajando sus piezas como si fuera un rompecabezas.
>Leer reseña completa |
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Varda Fiszben, Clarín,
revista de nueva literatura, julio-agosto, 2009 |
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El «autor» se ha atascado prácticamente al
inicio de la narración. Al parecer no ha considerado necesario plantearse
previamente el argumento, la estructura, los personajes ni mucho menos qué
papel les hará jugar.
Sólo tiene a un muchacho anodino y sin
nombre con un propósito que lejos de resultar misterioso, en realidad
parece vago, además de recordar peligrosamente a propósitos similares de
otras muchas historias.
Igual sucede con la noche brumosa y el
paisaje del pueblo perdido en la geografía a la que ha conducido al joven,
a fuerza de descripciones manidas y lugares comunes.
Quizás introducir un personaje nuevo le
sirva para socorrer al anterior y hasta para salvar el relato, cuyo hilo
ha perdido o nunca tuvo. Entonces, como último recurso para convocar su
inspiración, recurre a Emma.
Ella sabe que «su presencia es arbitraria»
pero solícita, se dispone a ayudar, arriesgándose a que el autor - que es
tan egoísta como todos- no vuelva a recurrir a ella.
El motivo es que quiere ser un auténtico
personaje, dotado de rasgos singulares y poder intervenir en hechos
literariamente memorables. Sí: Emma quiere ser protagonista, lo que ocurre
es que no está segura de ser de ese relato o de algún otro, ¿quién sabe?
Lo que sí sabe es que «las reglas del juego
literario, de las cuales el autor es inocente debido a su torpeza
narrativa, son insondables.»
De modo que hasta que su vocación se
convierta en destino se irá trasladando, como hasta ahora ha tenido que
hacer, de un paisaje literario a otro, viajando en la caravana -o
roulotte- donde vive.
En adelante Emma -y los lectores con ella-
realizarán, conducidos hábilmente por Romero, un divertidísimo itinerario
con paradas en los más diversos géneros, donde conocerán a distintos
autores, sus ambiciones, recursos y los gajes propios del oficio de
escribir.
Se trata de averiguar si es posible que
Emma encuentre un relato interesante, con un estilo digno, escrito por un
autor inspirado y que le conceda la voz singular que la convierta en
protagonista.
Pero, ¡ay!, no encaja en el relato de
ciencia ficción -minuciosamente regido por las reglas de los fundadores
del género- y escrito a cuatro manos por dos insulsas hermanas que, debido
al abuso de cierta sustancia -presuntamente inspiradora-, sufren
gravísimos efectos colaterales. Eso da al traste con la fama que ansiaban,
convirtiéndolas en criaturas semejantes al Samsa de Kafka, confinadas
para siempre en un museo de ciencias.
Emma entonces intentará colarse en un
cuento de realismo sucio, pero saldrá huyendo apenas descubra al «jodido»
escritor fracasado que busca recuperar o encontrar al fin su talento en el
alcohol.
Por su parte, el negro que hace de negro
humillado constantemente por el escritor-negrero no le hará sitio a Emma,
ocupado como estará en colarle un vengativo gol a su dueño para que, en
lugar de convertirse en autor de best- sellers, sea denunciado por
plagiario.
En cuanto al mediocre que recurre a la
solución facilona de comprar sustantivos (acompañados de pronombres sin
coste adicional), citas en latín para acápites cultos o argumentos, sin
olvidar llevarse la oferta estrella del almacén de palabras: la partícula
«mente» para fabricar adverbios, no será este autor el que Emma elija.
Tampoco la convence ser hada de cuentos feéricos ni princesa o hechicera
de los orientales...
De modo que tendrá que optar por ponerse a
escribir, para inventarse a sí misma y cobrar por fin una verdadera vida
literaria.
Resulta sorprendente que, entre la «Mención
de Honor» que recibió Norberto Luis Romero en el concurso convocado por la
Revista del Sur de Malmö (Suecia) en 1991 por esta hilarante y magnífica
novela, y su publicación en España hayan transcurrido dieciocho largos
años.
¿Será que alguien pudo temerle a Emma
Roulotte?
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Inés Mendoza, Masacre
en los jardines, 8, septiembre, 2009 |
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...no
faltan razones para decir que Emma Roulotte, es usted, es algo más que un
libro ameno y con mucho humor: es un libro inteligente, y como todos los
libros inteligentes es, además de un objeto estético, el testimonio vivo
de una postura, una Weltanschauung, una visión del mundo. Dicho en otras
palabras: un libro mucho más que recomendable para el lector que no se
resigna a consumir literatura de ordenador y que sabe leer entre líneas.
>Leer
reseña completa |
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David G. Panadero,
Revista Prótesis, 21, julio, 2009 |
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Una imagen basta para explicar la situación
de la literatura actual: la mano de Escher que se pinta a sí misma. La
aventura o el personaje son lo de menos, y el lector es poco más que un
mirón, que observa el retrato que el escritor hace de sí mismo. Desaparece
la cuarta pared, y nos vemos rodeados, lo queramos o no, por la ficción.
Vida y obra vienen a ser lo mismo, y el creador se erige en semidiós, que,
más allá del orden o el caos, dicta un azar objetivo que nosotros, ya
convertidos en personajes, no podemos controlar.
La propuesta resulta apetecible, pero son muchos autores los que la
malogran, derivándola hacia un autorretrato psicológico donde no faltan el
guiño cultureta, una mal entendida erudición, el victimismo o la agresiva
autoafirmación, cuando no, directamente, el ajuste de cuentas hacia tal
poeta de provincias, antiguo compañero de batallas, que una vez les quitó
de las manos la última medianoche de paté.
No es el caso de Norberto Luis Romero, que entiende la literatura como el
juego infinito e imparable que siempre debería ser. Norberto sabe
administrar la información, para, jalonando la obra de pequeños enigmas,
convertir una premisa en apariencia realista, en fragante humo que se nos
escapa de entre los dedos.
>Leer reseña completa |
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|
PERTURBACIONES, antología del relato fantástico español actual. VV.AA.
2009
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|
Diario Digital
Independiente de Villena, septiembre, 2009 |
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Además, los cazadores de placeres limítrofes se
encontrarán con la enésima oportunidad, y ya va siendo hora, de rescatar
de la nebulosa de los autores de culto a
Norberto Luis Romero, argentino afincado en
España que escribe como quiere, y que comparte estatus con otros colegas
suyos aquí presentes, como la inquietante Pilar Pedraza o el exquisito
Ángel Olgoso.
>Leer reseña completa |
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Manel Haro Cano, El
blog de las odiseas, agosto, 2009 |
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De entre los mejores relatos que recoge esta antología, además del de José
María Merino, se encuentra el de Cristina Fernández Cubas, La mujer de
verde: una ejecutiva es perseguida por una extraña pedigüeña que se
parece físicamente a una trabajadora de su misma empresa. También destacan
las narraciones de Norberto Luis Romero, Pilar Pedraza, Elia
Barceló y Laura Freixas, entre otros.
>Leer reseña completa |
|
Julián Díez, La
tormenta en un vaso, 17, julio, 2009 |
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Personalmente, destacaría los trabajos incluidos de
Pilar Pedraza,
con el terror directo pero elegante de
Balneario;
Cristina Fernández
Cubas, siempre tan inquietante y sutil como
en este La
mujer de verde;
Norberto Luis Romero,
en el evocador
Capitán Seymour Sea;...
>Leer reseña completa |
|
Pablo Chul, Ámbito
cultural El Corte Inglés, mayo, 2009 |
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Siete u ocho relatos despuntan por una
ambición artística e intelectual superior a la media. El brillante "Venco
a la
molinera", de
Félix J.
Palma, "Capitán Seymour Sea", de Norberto Luis
Romero, y "La mujer de verde", de Cristina
Fernández Cuba son, tal vez,
los relatos más notables por lo equilibrado de su tratamiento de lo
fantástico en relación con lo real.
>Leer reseña completa |
|
Esteban Gutiérrez,
Revista De Letras, junio, 2009 |
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La antología de la que hablamos,
PERTURBACIONES,
contiene muy buenos ejemplos de autores actuales que cultivan el género
fantástico, de casi todas las facetas que éste ofrece y demuestra, a pesar
de todo, la buena salud de la que goza. |
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Javier Pérez de Albéniz,
Soitu.es, junio de 2009
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Grandes nombres y excelentes relatos.
Porque la clave de una buena recopilación no reside tanto en el brillo de
los nombres como en la calidad de los textos. Una recopilación impecable
que permite, al revés que la vida militar, una gran expansión del alma.
Imprescindible. |
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Tere Gradín, El Faro de Vigo, mayo de
2009 |
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Son escritores de tres generaciones que
coinciden en tratar a través de cuentos y microrrelatos las perturbaciones
que pueden trastocar nuestro universo cotidiano. Aparecen así ideas sobre
la muerte, la vida después del fallecimiento, la inmortalidad, los
espectros, la predeterminación, la identidad, el doble de uno y otras
realidades ocultas que pueden distorsionar el realismo del mundo
ordinario. |
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LA
MALDICIÓN DE LA MOMIA,
Relatos de horror sobre el antiguo Egipto. VV.AA.
2008
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Iván Fernández
Balbuena,Revista
Hélice, Nº 8, marzo, 2008 |
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“El relicario de Lady Inzua” del argentino Norberto Luis Romero es
la pieza más innovadora de todo el libro. Aunque los mimbres de los que
parte (la maldición que sufren los frívolos profanadores de una momia)
están más que vistos, no es menos cierto que la original ambientación
(estamos en la Argentina de inicios del XIX y la momia proviene de una
tribu quechua) y el escalofriante destino de sus protagonistas están entre
las mejores páginas de todo el tomo. |
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Juan Antonio Jordán,
Mentenebre.com, enero, 2008 |
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También me ha parecido
extraordinario el relato "El relicario de Lady Inzúa", del argentino Norberto Luis Romero;
la acción se traslada de Egipto a la Argentina de mediados del siglo XIX y
lo que comienza como un relato de corte casi humorístico acaba teniendo
uno de los finales más sobrecogedores de todos los relatos contenidos en
"La maldición de la momia" gracias a una sabia graduación de los elementos
más inquietantes, los cuales se van comiendo poco a poco a los
costumbristas y van conformando una densa atmósfera de negrura y opresión. |
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Fact&Fiction J.C.
Planells, 2011 |
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(...) y como colofón, aportación de tres
autores que escriben en castellano con relatos inéditos. De esos tres, el
mejor es el del argentino Norberto Luis Romero, “El relicario de lady
Inzúa” (y de hecho, es lo mejor de todo el volumen), una historia que
empieza con humor y termina dramáticamente, admirablemente narrada,
disfrutable línea a línea. |
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BAJO EL SIGNO DE ARIES. 2005
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A. Garza,
Literatura gay,
Monterrey, Nuevo León, México, 10, junio, 2009 |
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Bajo el signo de Aries nos cuenta
el asesinato de un joven homosexual aficionado a la alquimia,
circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica (todo apunta
a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco a poco va
tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto y, sobre
todo, en una obsesión que se apodera de los personajes.
Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para
describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa
decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó
en sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche
del Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va
poco a poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles,
fruto de una pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz
en la última y sobrecogedora escena final (que incluye una de las
mejores sorpresas leídas en los últimos tiempos).
Pero si Bajo el signo de Aries supera con mucho, gracias a su
estilo, el corsé de la «novela gay» (pese a las concesiones ya citadas),
también va mucho más allá de la simple novela de misterio con añadidos
truculentos. Esto así porque, en claro reflejo de la progresiva
incursión en la alquimia del protagonista, los personajes a su alrededor
se van acrisolando, se van sometiendo a una especie de proceso químico y
acaban por mostrar una verdad humana hecha de sentimientos contrarios y
muchas veces contradictorios. El autor busca, en suma, mostrar la
verdadera esencia del hombre, y según muchos no otra cosa buscaba en
realidad la alquimia tras su imaginería de piedras filosofales y
panaceas universales. «Eso somos los humanos (...). En nombre de una
civilización, de una cultura, de un perfeccionamiento como especie,
hemos mutilado nuestro lado oscuro hasta convertirnos en seres sin
identidad, en híbridos, en castrados», reflexiona uno de los personajes
hacia (no por nada) el final de la novela.
Estamos, en suma, ante una obra magnífica en su núcleo, en su almendra,
en esa parte central que se refiere al asesinato y la incursión
progresiva en la alquimia; una novela, sin embargo, «aguada» en parte,
rebajado su alto grado de alcohol por la inclusión de escenas eróticas y
detalles triviales que Norberto Luis Romero se ha visto (eso cree el
crítico) obligado a hacer. En todo caso, un digno título con que seguir
construyendo una muy digna obra.
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David G. Panadero, La
gansterera, nº 18, marzo, 2006 |
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Norberto Luis
Romero, autor de novelas de culto dentro de la narrativa hispana de los
últimos años -La noche del zepelín o Isla de sirenas-,
resulta romántico de manera plena y hasta exaltada, pues nos ofrece una
obra que no pretende ser realista apenas ni en apariencia, mediante la
cual, novela tras novela, materializa los fantasmas más íntimos de sus
personajes con unos resultados cercanos al psicodrama en cuanto a
intensidad.(...) Si bien otras novelas previas del autor resultan de una
dureza rayana en lo intolerable, en Bajo el signo de Aries nos brinda una
lectura plácida para noches de insomnio, mostrando una vez más su prosa
detallista y llena de color y un carácter sensual en todo tipo de
descripciones que hacen que nos acerquemos a este libro con la extrañeza
con que nos acercaríamos a un cadáver bellamente amortajado.
>Leer reseña
completa |
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Herme G. Donis, Revista
Clarín nº 60, diciembre, 2005 |
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Nuevamente Norberto Luis Romero vuelve con esta historia de intriga a poner de manifiesto la
calidad y buen hacer de un narrador poseedor de un lenguaje sólido,
riguroso, muchas veces sorprendente, y de una originalidad subyugante y
turbadora que hace de cualquier tema que toque una lectura obligada no
sólo para esos lectores fieles que seguimos su obra religiosamente, sino
para cualquiera que quiera acercarse a la literatura a secas. A una
literatura excelente que, al margen de los vaivenes extraliterarios,
tiene tiempo para asentarse y hacer del buen uso de la palabra un
objetivo irrenunciable, alejándose con ello del balbuceo con el que se
explica buena parte de la narrativa española actual. |
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Miguel Baquero,
Literaturas.com, enero, 2006 |
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Bajo el signo de Aries
nos cuenta el asesinato de un joven homosexual aficionado a la
alquimia, circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica
(todo apunta a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco
a poco va tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto
y, sobre todo, en una obsesión que se apodera de los personajes.
Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para
describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa
decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó en
sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche del
Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va poco a
poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles, fruto de una
pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz en la última y
sobrecogedora escena final (que incluye una de las mejores sorpresas
leídas en los últimos tiempos).
>Leer reseña completa |
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Marcelo Soto, Revista
Zero nº 82, Diciembre, 2005 |
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Tras los libros de Norberto Luis Romero se esconde un escritor de raza, con una prosa de calidad, y
una capacidad de provocación nada habitual en la literatura de temática
gay. Bajo el Signo de Aries sistematiza muy bien esa visión del
lado oscuro que ha hecho tan atractiva su literatura. Una novela negra que
desemboca -como es preceptivo- en lo negro: la locura, el mal, el sexo
pasado de vueltas, y hasta, en este caso, el esoterismo y la nigromancia. |
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Pilar Robledo, El
periódico gay, Nº 4, Noviembre, 2005 |
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Su aire poco convencional y
su visión crítica hacen de Norberto Luis Romero uno de los "enfant
terrible" de la literatura al mostrar la nada dulcificada imagen de una
realidad homosexual diversa. El lado este del espejo, donde se reflejan
las arrugas de quien se mira en él, mostrando realidades que se prefieren
que estén perpetuamente metidas en el armario. |
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La Rioja.com, 24 de
octubre, 2005 |
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Norberto Luis Romero es un
escritor que tiene una especial querencia por diseccionar los aspectos más
turbios del alma humana. Dotado de una destreza singular para crear
atmósferas opresivas y mundos sórdidos, Romero vuelve a la arena editorial
con una nueva novela,
Bajo el
signo de Aries (Egales), un 'thriller' erótico que escudriña sin
remilgos la perversidad y el mal. |
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Antonio Paniagua,
El Heraldo de Aragón, 24 de octubre, 2005 |
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Romero, que suele plantear en sus historias situaciones
límite y una visión pesimista de la realidad, ha apostado en esta ocasión
por la intriga y unos personajes que escapan de los arquetipos
"reblandecidos" de los best sellers. No en vano, las criaturas
nacidas de su imaginación suelen ser seres crueles, vulnerables, a veces
desesperados, que se mueven en espacios asfixiantes. |
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LAST NIGTH OF CARNIVAL. 2004
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Matthew Ward, Skive
Magazine, Australia, 1, septiembre, 2004 |
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Los cuentos de Norberto Luis Romero
son muchas cosas: peligrosos, seductores, agudos, voyerísticos, sádicos,
rectos, incluso piadosos. A veces todos estos aspectos se manifiestan
dentro de un mismo cuento. El autor tiene el don de introducir al lector
en un cuento y sacarlo de él en el momento en que las llamas están más
ardientes. |
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C. Crenshaw, Fearless
review, 9, noviembre,2004 |
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Estos
oscuros, sensuales y perturbadores cuentos son, como mínimo,
inquietantes, y retratan una obsesión con la muerte, sordidez sexual y
lo grotesco. En toda esta colección el sexo es peligroso, compulsivo y
la mayoría de las veces, amenazante, la muerte es bienvenida como "el
perfume que llega del mar"; esto no es de lectura fácil. Estos cuentos
prestan su voz ineludible a los terrores "mal disimulados" de la
humanidad, dejando un rico tapiz de extremos lúgubres. |
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CEREMONIA DE MÁSCARAS. 2003
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José
Luis Morante, Diario de Ávila, 12, julio, 2003 |
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Quien
haya seguido la trayectoria de Norberto Luis Romero percibirá los
parámetros de un escritor peculiar que nunca se refugia en las
convenciones, que prefiere la indagación en argumentos poco
convencionales, que sacude al lector localizando mundos inquietantes, que
no tiene reparos en mostrar la cochambre de lo vivido, el cielo
encapotado de la angustia. |
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Emilia
Lanzas, Generación XXI, Madrid,15, enero, 2003 |
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Norberto Luis Romero se
caracteriza por una obra original y nada convencional, cuyo principal
talento está en la creación de atmósferas tensas, inquietantes,
cargadas de temores ocultos y de recuerdos atormentados (...) Una novela
que, si nos empeñamos el clasificarla, aporta a la "literatura
gay" un escalón más y un mayor grado de profundidad y de
escritura bien labrada. |
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ISLA DE
SIRENAS. 2002
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Andén 42, Laura
Martínez, enero, 2011 |
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Ambiente claustrofóbico presente en cada página, donde el lector no puede
dejar de leer para llegar al final y descubrir los truculentos secretos de
la familia protagonista o el resto de habitantes, los cuales son en su
mayoría parientes de un hombre cruel, un terrible antepasado: un verdugo.
Él mismo dice que “el arte es generar tensión y mantenerla de manera
creciente a lo largo de toda la narración y hacer que estallen no en los
personajes, sino en el alma o la conciencia del lector. Son los lectores
los que deben padecer el drama, no los personajes, éstos son meros
transmisores”. De manera que estructura los acontecimientos a lo largo de
la historia, impidiendo apenas que cojamos aire.
Todo un placer leer a este señor.
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On Libros, El País.
Librería Estudio en Escarlata, diciembre, 2006, Top de ventas Nº 1 |
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Una novela gótica, pero ambientada en una
isla, muy claustrofóbica, muy elaborada, muy fácil de leer y que transmite
una sensación constante de terror.
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Javier
Goñi, El País, Babelia, 19,ºenero, 2003 |
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A
Norberto Luis Romero le gustan las atmósferas turbias, los espacios
asfixiantes, las casas-prisiones, las situaciones límite, el hedor que
desprende la ancestral convivencia familiar. Sus personajes
-fascinantes, bellos, turbios, crueles, frágiles, desmesurados- aman y
odian con la pasión de la desesperación, se mueven en esa antesala mórbida
de las relaciones familiares, esa que antecede al lado más oscuro de la
familia, al viejo tabú del incesto.
>Leer
reseña completa |
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José
Luis Morante, Diario de Ávila, 5, enero, 2003 |
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Los personajes que deambulan en Isla de sirenas no
esperan respuestas ni se sienten interlocutores de la verdad. Son
conscientes de su insignificancia existencial. Se sienten eslabones en
el vacío; parecen indefinidos animales de terrario, empeñados en
sobrevivir por los rincones de una realidad, supurante y vulgar, que
sobrellevan desde la impotencia. |
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Jesús Palacios, Generación XXI, 15,
marzo, 2003, Madrid |
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Isla de sirenas,
lejos de etiquetas fáciles, ejemplo del perfecto arte narrativo de su
autor, atemporal y por completo ajeno a modas pasajeras, es, en
definitiva, una novela oscura, para quienes esperan una luz que nada
tenga que ver con el zafio y complaciente pseudorrealismo de la
novela española actual, ni con el género ejercido como mero
pasatiempo. Es un retorno a las fuentes del Mal y, por tanto, del placer
de leer. |
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Eugenio
Cobo, La Clave, febrero, 2003, Madrid |
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Tan bien llevado está el
hilo narrativo, que en ninguna parte de la novela la acción es
previsible, saltamos de sorpresa en sorpresa; la expectación que
produce hace que no decaiga el interés en ningún momento. (...) es un
clima constante de dolor que sufre cada uno de los personajes, porque el
dolor, dice uno de ellos, es una vivencia íntima e intransferible. |
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Herme
G. Donis, Clarín 43, Oviedo, febrero, 2003 |
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A medida que avanza la
novela y la voz narrativa del presente se va
contaminando de la del pasado, vamos descubriendo sucesos que se
dieron en éste y que, de alguna forma, explican las actuaciones
enfermizas, descarnadas, errátiles y contradictorias de los
personajes. El resultado es una novela atrayente, sensual y cruel, difícil
de obviar y de olvidar. |
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LA
NOCHE DEL ZEPELÍN. 1998.
Edición en eBook 2011
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Miguel Baquero,
La tormenta en un vaso, diciembre, 2011 |
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Cada vez con mayor frecuencia, los libros
más significativos de los mejores autores contemporáneos comenzarán a
verterse en edición digital, para su lectura en eReaders. Se trata de
una tendencia creciente a la que se ha sumado Norberto Luis Romero,
uno de los mejores novelistas y cuentistas actuales. Esta edición de
La noche del zepelín supone la oportunidad de reencontrarse
con un autor de peculiar estilo, dueño de unas imágenes inquietantes y
capaz de sumergir al lector en un universo cerrado y decadente un mundo
de poesía al borde de la putrefacción, que es cuando las flores expanden
su olor más penetrante.
La noche del zepelín
está ambientada a principios de siglo, en un año
sin determinar, en la época en la que los dirigibles surcaban el cielo y
el progreso mecánico tenía bastante de prodigioso. En una extraña casa,
donde las pulsiones más primitivas conviven con los autómatas más
sofisticados, una turbia aventura amorosa desencadena una sucesión de
hechos siniestros, una suerte de maldición que afectará, con mano
indefectible, a sucesivas generaciones. Los protagonistas de la novela
de Norberto Luis Romero se debaten a la espera de un soplo de
aire fresco que limpie el aire viciado por la corrupción, pero ese soplo
parece no llegar nunca, por más que los habitantes de la casa se rodeen
de los objetos más delicados, del arte más sublime, de todo aquello que
se supone mejor. Inexorable, pese a todo, la tragedia que cobró forma un
oscuro día va avanzando página a página…
¿Qué hay tras la tumba de Alba Licornia?,
¿cómo fue realmente esa historia de amor de la que nadie quiere hablar y
que parece haber cernido negros nubarrones sobre la casa?
La novela de Norberto Luis Romero
es un poderoso y muy literario intento de presentar el conflicto siempre
latente en la sociedad humana: por un lado, nuestro afán de progreso, de
conquista de la Naturaleza, de triunfo sobre las más altas cumbres o las
superficies heladas; de otro, los ancestrales fantasmas que nos
recorren, los miedos atávicos que nos paralizan, los comportamientos
instintivos, motivados por una inmemorial causa, que paralizan nuestro
comportamiento. Individuos que se superan a sí mismos pero que, al mismo
tiempo, son víctimas de negras historias familiares. Así es el hombre,
en resumen; así es también esta novela (y de ello su notable calidad) y
así es el formato en que ahora se ha presentado: la más moderna y
puntera tecnología para albergar una historia pasional, uno de esos
libros cuya lectura hace que un escalofrío, surgido de no se sabe dónde,
te recorra la espalda y quede alojado en tu memoria.
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Gabriel Cusac Sánchez,
Blog personal, marzo, 2010 |
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La buena literatura no tiene edad. Nada importa que el florido estilo de
Norberto Luis Romero (Córdoba, Argentina, 1949) nos parezca anacrónico, o
que la temática de esta obra esté impregnada con el perfume rancio del
decadentismo fin de siècle.
Afanes anticuarios como mérito gustoso para algunos excéntricos o
trasnochados (como el que les cuenta), pero que, paradójicamente, pueden
resultar más atractivos al lector formal y menos acostumbrado a ellos,
quien, de repente, se verá atrapado en el tenebrismo de la leyenda
siniestra, del cuento macabro, redescubriendo unas sensaciones perdidas en
la niñez, cuando ogros, brujas y
barbazules se escondían debajo de la cama. El preciosismo, los
diálogos dramáticos, la lluvia de adjetivos, la metáfora como un trallazo
y, en definitiva, el lenguaje poético, visten una historia cruenta que
cautiva desde la primera página y nos empuja a la sima de los terrores
profundos: la castración, el sadismo, la locura, el sexo subterráneo, el
crimen.
Quizá no sea aventurado afirmar que, tras el
Relato de otoño (1975) de Tommaso
Landolfi, La noche del zepelín,
publicada veinticuatro años después, sea la última vuelta de tuerca de la
novela gótica. Así lo apuntan el escenario hermético -la gran mansión
ovillada en sí misma-, la calidad siniestra de los personajes, extraños y
degenerados, la suma de misterios, la atmósfera asfixiante, una maldición
antigua. Quizá tampoco lo sea definir esta obra como perfecta.
A La noche del zepelín se le han
atribuido filiaciones ilustres. Que yo sepa, Donoso, Felisberto Hernández
y Cortázar. Yo encuentro más próximos a Sade, Hoffmann o Villiers de
L´Isle-Adam. Incluso me atrevo a proponer reminiscencias valleinclanescas
en su lenguaje. En todo caso, ya ven de quiénes estamos hablando. |
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José
luis Morante, El Mirador, julio, 2000 |
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En La
noche del zepelín, el buen lector se quedará vestido con el
desasosiego y la inquietud que deja siempre Norberto Luis Romero y no
olvidará sus ficciones pobladas de hombres-isla que subvierten la
normalidad y se asoman al lado oculto del corazón, donde parasitan el
miedo, la inquietud y el misterio. |
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Jean-Luc Breton, Europe
Plurilingue, Universidad de Paris 8, 2000 |
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Tout lecteur a un jour fait l'expérience d'un roman qu'on ne peut refermer
qu'au bout d'une nuit blanche, puis qu'on oublie en quelques jours. A
l'inverse, il y a les livres qu'on lit d'abord parce qu'il faut les avoir
lus, un peu lents, un peu ennuyeux, mais qui germent ensuite et dont les
personnages deviennent nos familiers, de ceux qu'on reconnait des années
plus tard au détour d'une conversation ou d'un article. La Noche del
Zepelín (La Nuit du Zeppelin) appartient á une autre catégorie encore,
plus réduite, celles des romans qui, le temps de leur lecture, colorent
l'univers du lecteur d'une marque si forte qu'il se surprend á penser sans
cesse aux personnages comme á des êtres de chair et d'os, á vivre avec eux
comme s'ils étaient aussi vrais en quelque sorte que les gens qu'on croise
chaque jour.
L'étonnant pouvoir du roman tient au talent de Romero á créer un univers,
un microcosme fabuleux aux règles étranges, antinaturelles, mais
parfaitement identifiables, parce que profondément inscrites dans le
tréfonds de notre propre expérience psychologique. Pour qui est familier
de l'univers de l'écrivain de nouvelles aussi troublantes qu''Aviones ou
Nereidas, cela n'est pas une véritable surprise, mais, du fait du
changement de dimension et de genre, on ne peut qu'être admiratif devant
le foisonnement dément mais rigoureusement organisé du roman.
Je me suis posé sans cesse, pendant ma lecture de La Noche del Zepelín,
la question des influences. Romero a-t-il lu Dickens, Lampedusa, Katherine
Mansfield, Huxley, Borges ou Prada? Mais au fond, si l'on peut penser á
l'un ou l'autre, et sans doute a d'autres écrivains encore, c'est
simplement parce que sa fiction, comme les leurs, plonge aux racines de la
conscience humaine du monde, dont la littérature se charge d'éclairer le
chemin. Je mentionnais Dickens, et je ne peux qu'évoquer ici Miss
Havisham, la « sorcière » recluse des Grandes Espérances, qui parcourt,
une chandelle á la main, l'univers immobile dans lequel elle s'est
volontairement murée, univers qu'elle a créé et où elle règne en démiurge
inutile et absolu.
Dans un autre « hortus conclusus », un jour, un homme, « el señor», et son
épouse parfaite, doublement immaculée, si l'on en croit son nom d'AIba
Licornia, ont créé un nouveau monde et I’ ont peuplé de servantes frustes.
Sans doute parce qu'il n'était pas certain que sa création était bonne, le
seigneur en fit une copie, une maison de poupées peuplée d'automates á
l'image exacte des habitants du domaine. Et ce geste-là installe la
perversion au cœur de l'univers créé, dont, pour parodier le titre de son
premier roman, Romero analyse ensuite, lentement et méticuleusement, « les
signes de décomposition ».
L'auteur nomme son récit une « suite en cuatro estaciones », avec
l’ambiguïté intraduisible du terme «estación», saison ou station, comme on
parle des stations de la Croix, peut-être même cercle de l´enfer. Cette
suite est aussi gestation, puisque les trois premières parties
s'intitulent « zygote », « larve » et « nymphe », gestation d'une « imago
», titre du quatrième mouvement, l’illusion et perversion de l'œuvre
divine, puisque le dernier personnage vivant, le « fruit des entrailles »
de sa mère, le fils unique du « seigneur » originel, joue dans sa solitude
á empailler ses créatures comme son père les avait représentées. Un autre
« signe de décomposition », c'est I ‘envahissement subtil et angoissant de
la maison et du jardin par les phalènes et les chardons, par les fantasmes
et les frustrations, jusqu'á ce que le spectacle qui se joue dans le
huis-clos du roman soit du même ordre que celui de La Maison de Bernarda
ou du Nom de la Rose, en version gothique et préfasciste.
La création d'un monde utopique ne peut en effet mener qu'á
l'autoritarisme ou á l'absurde. D'abord, Romero explore l'espace de la
dérision : le «seigneur» et Alba Licornia sont en fait des pornographes,
révèles par des phrases licencieuses inscrites dans un album, que personne
ne peut lire, puisqu'á l'exception de Pune des servantes, pour qui la
lecture est le moyen d'obturer la réalité extérieure, tous les habitants
de ce « meilleur des mondes » sont illettrés. Le « fils » du maître est en
fait pendant du hideux et grossier Azrael, l’ange infernal, et ce fils,
châtre á sa naissance, a re9U, en hommage á la fée Dragée du ballet
Casse-Noisette, un nom de femme, Hada Dulce. Tout le règne de cet enfant
du Diable fournit á Romero le matériau d'un roman gothique plein
d'imagination et de surprise, jusqu'au jour oü, après une breve période de
paix, lors de la « régence » de la douce Laura et de son fils Laureano,
Hada Dulce «rentre de l'étranger» avec des nouvelles du monde, des talents
de taxidermiste, Electricité qui attire les insectes les plus répugnants,
un appareillage somptueux qui lui permet enfin de devenir la danseuse
étoile du ballet de Tchaikovski dont elle écoute inlassablement le disque
rayé, et l'explication du prodige d'une nuit où l’on avait vu passer la
masse sombre et bleuâtre d'un zeppelin devant la lune et cru á un début
d'apocalypse.
Dernier avatar de la longue succession de démiurges que met en scène
Romero, Hada Dulce se met á son œuvre destructrice au nom de la pureté de
la race et du désir « de corriger les nombreuses erreurs du hasard ».
L'ange blond auquel elle travaille dans les dernières pages du roman, le
corps qu'elle va fixer pour l’éternité dans sa beauté parfaite, est
clairement identifiable. Nous sommes dans la période entre les deux
guerres, et le jeu primordial du roman, l'équivalence du microcosme et du
macrocosme, trouve ici son point d'orgue dans la métaphore de la fixation
éternelle de la forme idéale au moyen d'une technique apprise auprès d'un
professeur au nom allemand.
L'écriture de Romero est foisonnante. Le romancier convoque une grande
culture au chevet de son roman, la Bible et le Coran, les genres
littéraires les plus divers, des pays les plus variés. Les noms de fleurs,
d'insectes ou de personnages nous ouvrent des abimes symboliques
complexes, a l'image de cet «unicornio-Licornia» masculin et féminin,
immaculé et pervers, splendide et repoussant, grandiose et dérisoire,
épouse et phallus caché du dieu de cet univers exclusivement féminin.
C'est de ce grouillement-là qu'on est ravi, dans tous les sens du terme. |
|
Javier
Memba, El Mundo, La Esfera, julio, 1999 |
|
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Contaba
Cecil B. De Mille que las películas, las historias podríamos decir en
el presente caso de La noche del zepelín, han de empezar por un
terremoto para seguir subiendo. El argentino Norberto Luis Romero parece
haber tomado el pie de la letra esta máxima.Una novela que podrá ser
rechazada por quienes se sientan agredidos por tanta crueldad, pero el
resto de los lectores reconocerán en sus páginas literatura de la
buena. |
|
Reina Roffé, Centro
Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003 |
|
|
Romero
apela a la naturaleza y a su
metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena
mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la
literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la
Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas
parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se
ceban en la destrucción del otro.
>Leer reseña completa |
|
Reina Roffé, Centro
Virtual Cervantes (La noche del zepelín) |
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Construida como
una suite musical, en cuatro estaciones o partes, La noche del zepelín es
una novela de compleja decodificación por la riqueza de niveles y la
variedad de símbolos que alimentan incesantemente su trama. Sin embargo,
el lector se interna en el relato desde un primer momento seducido por el
ritmo trepidante, casi de intriga policíaca o de misterio, de una
narración que gira en torno a la tiranía del falo y las prebendas del
poder.
>Leer reseña completa |
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Javier Goñi, El País,
Babelia, 5, junio, 1999 |
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Norberto Luis Romero ha escrito una segunda novela La
noche del Zepelín, que es una bellísima y mórbida historia,
escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre,
necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para
desconcertarle, para atraparle, para entusiasmarle, desde un rico y
sugerente horizonte: el Genet de Las criadas, el teatro furioso y
los fabulosos seres hermafroditas de Francisco Nieva o el teatro pánico de
Arrabal, o la tradición decadentista del final del siglo anterior, con
ciertas gotas de sangre extraídas a lo Sade de la blanca y desnuda piel de
las doncellas de la literatura libertina. Y, además, ese continuo
revolotear, revoloteo o apareo, de falenas, ' de mariposas es, por qué no,
homenaje a García Márquez viendo llover en Macondo o ante el pelotón de
fusilamiento. Pero, bueno, éste es sólo el horizonte de esta espléndida
historia de amor, irrenunciable, tóxico e imposible, a la que están
abocados a vivir esas dos crisálidas, en unas páginas, hermosas mariposas,
en otras, esos dos seres, tristes, patéticos, bellos, crueles, que son
Laureano, el niño bastardo, y Hada Dulce, que guarda entre las piernas su
secreto. Y ese amor con sabor a muerte, y esa pasión sólo colmada en la
noche del zepelín, crece en ese invernadero mórbido y pútrido como un
estanque de nenúfares al que los modernistas olvidan cambiar el agua que
es el viejo caserón en donde, amos y criados, en la trágica y tradicional
ceremonia de la confusión suben y bajan, se aman y se odian. Norberto Luis
Romero, un hábil y espléndido rebuscador del lado más morboso y
escatológico de la existencia humana, logra siempre, como ocurría en su
novela anterior, Signos de descomposición (una narración muy
relacionada con ésta, aunque en aquélla la atmósfera no era tan asfixiante
como en ésta, especialmente mórbida, enfermiza y, con todo, lo subrayo una
vez más, cuidadosamente hermosa), extraer de entre esa basura piedras
hermosas, con las que va haciendo su acertado collar de escritor: un
escritor poco conocido, pero que, me consta, es de culto para aquellos que
tienen la suerte de haberlo leído. Romero trabaja muy bien con materiales
de desecho, esos que pertenecen al lado más oscuro del ser y que sólo
ocasionalmente asoman por la escotilla de la literatura; esos materiales
con los que se ha hecho literatura como la citada (en apresurado ejercicio
de memoria) en el primer párrafo. No rehuye meter la mano en tan, en
principio, pocos gratos componentes, pero construye su historia, asiste a
la muda de las crisálidas, al torpe y turbio aleteo de ese par de falenas
(los dos protagonistas: de falenas, de mariposas, de insectos, está llena
la casa-invernadero), con tal acierto que el resultado es una
desasosegante y hermosa novela, que inquieta y turba, que hace sentirse
incómodo, a veces, que llena de excitación en otras, que conmueve y que
colma. Al final de su lectura, moderadamente cansado, el lector recuerda a
todos los personajes, desde el monstruo-madre hasta la monstruosa
gobernanta, desde el pobre Asrael, un muestrario de vicios y pasiones
castigado por do más le podría doler hasta el coro del sufrido servicio
doméstico, y recuerda, además, cada una de las escenas, las más hermosas o
las más repulsivas, incluso el bello final de la página 34 con el apareo
en pleno vuelo de una pareja de falenas. Antiguamente todas estas cosas
ocurrían con las novelas. Ocurre con la de Norberto Luis Romero. |
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María
Rosa Fiszbein, Lateral, septiembre, 1999 |
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La
noche del Zepelín es
una buena novela sobre malos, una novela de altura sobre la bajeza y
que, como tal, merece ser apreciada por su propia valía. |
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SIGNOS DE DESCOMPOSICIÓN. 1996
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Jean-Luc Breton, Europe
Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1998 |
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Norberto Luis Romero a á
son actif plusieurs recueils de nouvelles. II livre, avec Signos de
Descomposición, son premier roman, qui est, á proprement parler, un
roman de nouvelliste. L'auteur a parfaitement réussi son passage á un
texte plus long et plus étoffé, tout en conservant ce qui fait la forcé de
ses nouvelles, le choc culturel qui nous propulse d'entrée de jeu dans un
univers régi par d'autres lois que celles du monde et nous envoûte en nous
déstabilisant.
Romero procède ici de même,
et ne nous ménage pas. L'ouverture est une scène de défécation et
d'observation de ses selles par le narrateur, qui se proclame lui-même
"insignifiant", á la recherche de tronc.ons de vie animale dans ses
excréments. Je dois avouer, pour être parfaitement honnête, avoir eu envié
de laisser, avec ce premier signe de décomposition, le roman et le
narrateur á leur destin, sans moi! Mais cela aurait été une erreur, car
cette scène, dérangeante, pose parfaitement le cadre du roman, l'univers
étroit et nul du narrateur, ses obsessions délirantes, qui vont peu á peu
nous devenir familières, et même finalement nous intéresser.
Le narrateur est
l'anti-héros parfait, pervers et égoïste, obèse et repoussant, le centre
d'un univers rétréci á de vrais problèmes et á des exaltations
fantasmatiques. Une mère mourante, avec laquelle le narrateur occupe ses
journées á constituer un "vrai-faux" album de photos rempli de clichés
trouvés, subtilisés, ou découpés dans des magazines, qui inventent une
famille qui aurait pu être la leur; un amant dévoué, qui n'est jamais
désigné que comme "l'intrus", que le narrateur torture, espionne et
exploite avec méchanceté; le jeune voisin d'en face, dont le narrateur ne
peut voir que la moitié inférieure du corps, lorsqu'il danse, nu, devant
sa fenêtre; et puis, dernière obsession, et la plus grossière, le ténia
qui habite le corps du narrateur, qu'il observe avec le soin jaloux d'une
future accouchée, et dont il conserve dans le formol les morceaux
retrouvés, dans une contemplation nombril que rassurante.
Si Romero parvient si
habilement á nous intéresser á cet univers qui tourne á vide, comme une
litanie obsessive qui se vide au fur et á mesure de son sens, c'est que le
narrateur a mis la main á la plume, ce qui est un signe de vie qui nous
fascine. Parce qu'il va mourir, comme sa mère grabataire, comme son jardin
négligé et transformé en décharge d'ordures, parce que paradoxalement, il
enfle de tout le vide qui l'occupe, anorexique qui se croit obèse, valide
qui se déplace dans une chaise roulante, parce qu'il se défend, avec toute
sa veulerie et toute sa rancœur, contre les assauts du démembrement de la
mémoire, ce que Romero appelle joliment "desmemoria" (qui évoque
"desmembrar" aussi bien que "memoria"), le narrateur anonyme nous retient
et nous fascine. Sa survie est la recherche de la réponse á une question
existentielle: "Ai-je vécu si je ne laisse pas de trace de mon passage?"
("como morir definitivamente cuando nadie queda vivo para evocarnos.").
Et la paranoïa du narrateur
est son mode d’écriture. Au gré du texte, subtilement, Romero place le
doute sur la parole du narrateur. On s'étonne d'abord qu'il se décrive
obèse alors que son amant lui parle sans cesse de son anorexie et
l'encourage á manger les plats qu'il lui prépare. Certains recoupement
nous forcent á nous interroger sur le journal du jeune homme d'en face,
trouvé dans une poubelle et dont le narrateur alimente sa passion pour le
demi-corps qu'il admire, ou encore sur les raisons de l'étrange danse
amoureuse du voisin qui, en toute logique, ne peut pas voir son voyeur.
Seule la fin du roman nous révèle ce que j'aimerais appeler "la" vérité,
mais qui n'en est peut-être qu'"une" autre, á savoir la version de
"l'intrus": le cahier trouvé est le sien et le "jeune homme" est en fait
un vieux danseur défiguré qui porte des collants couleur chair.
II en est du roman comme du
cahier de l'intrus, qui devient un temps l'objet d'une fantasmagorie
homosexuelle, dont le narrateur cherche désespérément á tenir éloigné le
véritable auteur du journal, son amant, dont le tort est seulement
d'exister. Le narrateur est en fait comme les photos de son album, qui
sont á la fois vrais ct fausses, c'est-á-dire en même temps "signes de
composition" ct "signes de décomposition". Rappelons-nous ce que Romero
nous livrait dans sa nouvelle Samarcanda:
"Samarcanda no es solo una
cuidad: son dos. Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y
secreta, de la cual únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos
rumores soterrados y adivinar sus calles empedradas y sus palacios
fastuosos."
Deux univers coexistent dans Samarcanda,
celui qu'on voit, et l'autre, "occulte et secret", que seul l'auteur
connaît. |
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Guzmán Urrero. Cuadernos Hispanoamericanos,
enero, 1997 |
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Con la publicación de
Signos de descomposición, la editorial Valdemar nos acerca la primera
novela de Norberto Luis Romero (Córdoba, 1949), autor de origen argentino
dedicado hasta el momento a la práctica del relato breve.
Para abarcar el propósito
encerrado en este libro, basta un sencillo apunte: asistimos al relato en
primera persona de un ensimismamiento enfermizo, el de un personaje que
apacigua su dolor con los recuerdos y doma su carne con maltratos.
Su madre agonizante y el
intruso, sobre quienes proyecta sus obsesiones, cierran con él un
triángulo de hostilidad neurótica y desarmonía interna, conflicto a tres
bandas que abre paso a otro desvelo en el narrador, esta vez ligado a su
naturaleza física: la certeza de contener una tenia en su paquete
intestinal.
En Signos de
descomposición, el infranqueable retiro, la dejadez indolente del
protagonista dibujan los caminos de su decadencia física y mental,
distorsionan la percepción que él tiene de sus adentros y también
distorsionan su escritura, a la manera de un retrato casi velado, donde lo
nítido y lo impreciso se yuxtaponen sobre el papel fotográfico.
Esta ambivalencia hace que
el autor explore territorios donde la certeza pierde pie, y cede paso a lo
aberrante, en particular cuando se instala en la figura central el delirio
solitario y su espíritu resbala incontrolable.
Este narrador que idea
Romero con tanto talento vive aferrado a una serie de fantasías de la
excreción cuyo indicio más rotundo es la tenia. Perturbado, sobreestima
las cualidades del parásito y observa su evolución como un martirio, pero
también como si esa criatura fuese un fruto preciado.
La raíz psicogénica de ese
delirio se hace evidente desde las primeras páginas de la novela.
De hecho, el autor nos
comunica, por boca de su personaje principal, el alucinante placer de la
reclusión en un entorno de podredumbre, cuyo fermento continuo identifica
el drama íntimo que consume por fuera y por dentro al protagonista,
sometido a la inestabilidad de su cuerpo y, aún peor, a las fluctuaciones
de su demencia.
Las más notables cualidades
de esta novela tienen que ver con su coherente y eficaz modo de
exteriorizar el desahogo de un ser atormentado, furtivo, pero por encima
de todo con la construcción de una atmósfera extraña y cautivante.
Con estos Signos de
descomposición, Romero prueba ser un narrador de calidad, a quien
habrá que seguir con interés en sus futuras creaciones. |
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Reina
Roffé, Prima Littera Nº 2, 1997 |
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Hay en Signos
de descomposición una nutrida gama de niveles que favorecen una
interpretación plural y hacen apetecible su lectura. Se trata de una
novela que rompe con las convenciones narrativas para abismarse en un
juego desestabilizador que explora en las capas profundas de la
interioridad individual mediante la subversión de los valores. |
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Juan
Bonilla, El Mundo, La Esfera, junio, 1998 |
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Norberto Luis Romero es un buen retratista de atmósferas inquietantes y personajes
angustiados. Su novela Signos de descomposición desasosegará al
más pintado: es un obsesivo relato de terror minucioso. Las facultades
del autor le permiten no tener que recurrir a más truculencias que las
precisas.
>Leer
reseña completa |
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Javier
Goñi, El País, Babelia, junio, 1999 (Signos de descomposición) |
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Norberto Luis Romero, un hábil y espléndido
rebuscador del lado más morboso y escatológico de la existencia humana,
logra siempre extraer de entre esa basura piedras hermosas, con las que va
haciendo su acertado collar de escritor: un escritor poco conocido, pero
que, me consta, es de culto para aquellos que tienen la suerte de haberlo
leído. |
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Reina Roffé, Centro
Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003 |
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Romero
apela a la naturaleza y a su
metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena
mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la
literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la
Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas
parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se
ceban en la destrucción del otro.
>Leer reseña completa |
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EL
MOMENTO DEL UNICORNIO. 1995
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Javier
Goñi, El País, Babelia, junio, 1999 |
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El
momento del unicornio es
una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta
otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que
sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle y
atraparle, para entusiasmarle. |
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Nadine Chadefaux,
Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1997 |
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Dans ce
recueil Norberto Luis Romero décline avec une parfaite aisance des thèmes
aussi hétéroclites et universels que l’amour, la mort, la sensualité, ou
la puissance de I’ onirisme. De son écriture fluide et de son style
concis, il amène le lecteur á l'émotion et á l'inattendu, jouant
perpétuellement avec la mince frontière qui sépare le rêvé de la réalité.
Ponctuellement, au cours du récit, des tranches de vie, des souvenirs
resurgissent, d'abord distincts, puis progressivement se confondant avec
le présent, jusqu'á l´osmose, La fin du conté, qui mêle souvenirs et
réalité, crée une autre dimension, une supra-réalité où l’âme d'enfance
devient le principale protagoniste. "Le Moment de la Licorne" ne serait-il
pas ce moment si proche de la venté que tous souhaitent atteindre sans y
arriver jamais? |
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Fernando Iwasaki,
Revista renacimiento, 15/16, primavera, 1997 |
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Como la mayoría de especialistas en relato breve, Norberto
Luis Romero es un autor marginal. Y como la mayoría de escritores
hispanoamericanos que por razones ajenas a su voluntad (la edad, por
ejemplo) no tiene nada que ver con el boom, Norberto Luis Romero es
un autor afantasmado. Sin embargo, sus libros son verdaderos objetos de
culto y su obra ha sido traducida al inglés y al francés. El momento
del unicornio es un libro que tiene todas las virtudes de las buenas
obras del género: historias redondas y turbadoras con la intensidad justa,
y escritas en una prosa elegante y personal que no renuncia a su habla
original sin caer en la jerga críptica o costumbrista. Y eso sí, con unas
claves propias que dan sentido a la fantasía y originalidad de Norberto
Luis Romero. Así, hay relatos de corte fantástico realmente excepcionales
como «Joyas», «Francotiradores», «Ritual de los espías», «La última
plañidera» o «Diario del taxidermista»; evocaciones y reelaboraciones
literarias de la memoria como «Frutas en la siesta», «Para que no entren
las gitanas» o «El olor de las algas» y, especialmente, cuentos magníficos
que tienen el sello personal -poblados de sensualidad y desasosiego- de
Norberto Luis Romero: «Última noche de carnaval», «Hibiscos» y «El momento
del unicornio», un relato sobrecogedor. |
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Juan
Manuel de Prada, Clarín, abril, 1997 |
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Si la
inteligencia no fuese tan avara con nuestros críticos, El momento
del unicornio ya habría
sido saludado como una de las más gozosas y perdurables muestras de la
vitalidad de este género. |
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CANCIÓN DE CUNA PARA UNA
MOSCA DOMÉSTICA, 1987
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Lola Robles,
Literaturas fantástikas y otras, 2010 |
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Los cuentos de Romero me parecen
excelentes, ágiles y a la vez muy trabajados y sin resultar en absoluto
artificiosos (algo que a veces ocurre cuando los escritores tienen menos
experiencia u oficio: se les nota el artificio), variados en su
temática, con humor y con drama, dentro de una tradición fantástica de
autores como Borges, Cortázar… que nos presentan una frontera entre la
realidad y lo fantástico que es flexible, permeable; una tradición
literaria muy culta, con muchas referencias precisamente a la propia
literatura, con un fuerte simbolismo en ocasiones.
Lamento no haber conocido antes la narrativa de Romero y espero que éste
no sea el único libro que pueda escuchar de él.
Hago a continuación un breve comentario sobre cada uno de los relatos
incluidos en el libro. Al final va el vínculo a dos de ellos (muy
buenos, de los mejores de la colección), que están publicados en
Internet.
“Gráfilos” es un texto muy divertido y que nos hace
reflexionar sobre la buena y la mala literatura.
“Nereidas”. Relato sobre sirenas, por supuesto
maléficas, pero tan seductoras y poderosas…
“Aviones” es un estremecedor cuento con claro trasfondo
político, la Argentina de los desaparecidos, pero puede aplicarse a
cualquier tiempo y lugar en que los humanos, en situaciones de violencia
y represión-opresión, nos negamos a ver la realidad (sobre todo cuando
creemos que afecta sólo a otros). Uno de los mejores relatos del libro.
“Aguamanil con cisnes”. Este es también, para mí, otro
de los mejores cuentos de esta colección. Narración sobre los sueños,
las obsesiones, el tema del doble, sobre el deseo, el amor, la vida y la
muerte, el destino fatal, en un juego de espejos y motivos muy
trabajados y plenamente fantásticos.
Dos historias sobre ciudades, “Agadhir” y “Samarcanda”,
pueden leerse como ingeniosas fantasías o textos muy simbólicos. Es
bueno ejercitar el cerebro con esto último, lo mismo nos aporta algo
sobre nuestra realidad, pasada o presente.
Tanto “La palabra” como “El diccionario secreto”,
además de hablarnos de destino y fatalidad, abordan un tema que fue muy
caro a Borges, y que aparece en muchas tradiciones esotéricas, hasta la
actualidad, pues ahora el asunto ha sido retomado por las nuevas
pseudorreligiones, cultos y corrientes de espiritualidad varias, o
incluso terapias psicológicas y métodos de crecimiento personal, etc. El
tema es el poder de la palabra cuando se pronuncia. Ciertamente, la idea
de que las palabras pueden cambiar la realidad se encuentra en todas las
religiones, y esa es la base de la oración, la invocación y también de
la magia. De cualquier modo, no soy para nada experta en estas
cuestiones, por lo que agradecería cualquier aportación.
En “El jaspe”, una piedra, un anillo que da a su
portador poderes ilimitados nos suscita una reflexión sobre la
esclavitud que conlleva ese poder.
“El guardián de los sueños” habla sobre ese tema, los
sueños. Un cuento interesante, aunque para mí no de los mejores, pues se
trata de un tema tan trillado que resulta difícil ser original.
“Scolopendra Morsitans” y “Canción de cuna para
una mosca doméstica” son dos cuentos de humor y sátira sobre
matrimonios y animales. Aparecen otros temas presentes en el libro: los
miedos, las obsesiones…La parodia es delicada, a veces tierna, otras un
poco mordaz.
“Diario de un taxidermista” es una historia de
monstruos cotidianos, que a mí me recuerda a personajes creados por la
escritora gótica Pilar Pedraza. Subsiste esa cierta ternura que también
se da en “Canción de cuna para una mosca doméstica”, y que indica que el
autor ve a sus criaturas con ojos divertidos, irónicos, pero al mismo
tiempo muy humanos. En realidad, lo que nos cuenta esta historia (en mi
modesto parecer, por supuesto) es que todos somos monstruos, aunque
creamos, como el narrador del cuento, que lo son los otros, los deformes
o marginados.
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Jean-Luc Breton,
Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1996 |
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A mi-chemin de la
science-fiction et du conté, le recueil de nouvelles de Norberto Luis
Romero constitue une lecture pleine de fantaisie et de charme.
La langue de l'auteur est
simple, ronde, sonore, presque quotidienne, dépourvue presqu'entièrement
d'étrangeté ou d'exotisme. Les narrateurs de Romero, jamais identifiés,
semblent interchangeables, des hommes, célibataires ou domines par des
épouses castratrices ou dévoreuses, qui, tous, essaient d'être adultes, de
faire face aux situations étranges qu'ils rencontrent, et n'y parviennent
jamais très bien. L'un se laisse aller au gré de sa fantaisie a faire
revivre la première propriétaire d'un très vieux flacon de faïence, á la
conquête de laquelle il sacrifie l'équilibre de son univers bien réglé. Un
autre habite peu á peu le corps d'un mille-pattes que son épouse écrase á
la dernière ligne de la nouvelle. Un troisième, le narrateur de la
dernière nouvelle, qui donne son titre au recueil, pour sortir sa femme de
sa dépression, fait composer á grand frais une Berceuse pour Mouche
Domestique, qui n'a d'autre fonction que d'accompagner la mort de
l'animal, et sans doute celle de l'amour.
La logique des personnages
de Romero se fonde sur des prémisses fausses, puisqu'il faut nommer ainsi
celles qui ne sont pas les nôtres, mais est absolument inattaquable sur le
plan du raisonnement. On ne compose pas de berceuses pour les mouches (qui
sont sourdes), comme plusieurs compositeurs le rappellent au narrateur,
mais, si cela pouvait se faire, on ne s'y prendrait pas autrement que dans
la nouvelle. Les Néréides sont des créatures mythologiques, mais, si elles
existaient, elles ne pourraient agir différemment de celles qui, dans la
nouvelle Nerereidas, conquièrent la terre île par ile au gré de
leurs charmeuses incursions. Dans ce recueil, on est toujours au carrefour
maléfique de la paranoïa, du délire et de l'angoisse, "de l'autre cote du
miroir". Et l'on n'est sur de rien, et surtout pas de notre langage, comme
le démontre la première nouvelle du recueil, Gráfilos, sur les
petites bétés invisibles qui recomposent les caractères sur les pages de
nos livres lorsqu'ils sont fermés, et dévorent les lettres jusqu'au cœur
du récit que nous lisons.
Romero nous demande, dans
chacune de ses nouvelles, de passer de l'autre cote, d'accepter d'entrer
dans une autre logique et une autre lecture. C'est le propos de la
science-fiction, mais aussi celui de la fiction tout court. Bien au-delà
de Lewis Caroll et de son accouplement d'un conteur adulte et d'une
enfant, il faut remonter á la mythologie classique pour saisir le jeu de
miroirs que Romero nous tend. Notre mode de pensée a substitué des
théories rigoureuses aux légendes qui, pour les Grecs et les Romains,
expliquaient efficacement l'univers. Romero nous oblige à voyager d'un
mode de pensée á l'autre, en fonction du point de vue qu'il choisit, á
l'image superbe de sa vision de Samarcanda dans la nouvelle
centrale du recueil (sans rapport aucun avec une ville réelle qui pourrait
porter le même nom):
"Samarcanda no es solo una cuidad: son dos.
Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y secreta, de la cual
únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos rumores soterrados y
adivinar sus calles empedradas y sus palacios fastuosos."
Et l'envers de la réalité,
l'envers du monde, comme chez Kafka, Lewis Carroll ou Bradbury, ne nous
renvoie qu'á l'angoisse d'une mort jamais domptée, celle du mille-pattes
ou de la mouche, celle des humains envoutés par les filles de Nérée, ou
celle du langage, évoquée avec forcé dans la nouvelle Aviones où
les passages répétés d'avions invisibles sur la ville ont pour étrange
effet la perversion absolue du discours, jusqu'á l'absurde du chaos. |
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TRANSGRESIONES. 1983 y 1986
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Rolando
Camozzi,
ABC,
sábado cultural, 16,
julio,
1983 |
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Un conjunto de catorce relatos forman estas
“Transgresiones”, primer premio Noega de libros de cuentos. Y como
su título indica, característica del conjunto es precisamente transgredir
lúdicamente (a veces incluso gráficamente, en la presentación trastocada
de impresión y páginas de lectura al revés) la realidad fáctica y su
lógica cotidiana. El procedimiento es a la vez sencillo y agradable:
cambiar las situaciones, romper los límites previstos por la expectativa
corriente, presentar lo imprevisto o lo imprevisible como si fuera lo
normal. Todo, en lo mínimo y pequeño de las cosas diarias, sin mayores
pretensiones que lograr un momento de entretenimiento fantasioso, sin
excluir a veces una sugerencia o sugestión mayor, tal como parece
refractarse en “Espejos”, rostros que uno mismo proyecta sobre los
cristales o reitera porque los amó; o en “El jardín”, con la muerte del
jardinero, la flor luminosa y el jardín.
Las transgresiones son de orden verbal e
imaginativo. Con frecuencia se derivan de asociaciones de imágenes o de
referencias sinestesias. Así, "Llegada del otoño en Constantinopla" es un
otoño que no marchita hojas o paisajes silentes, como suele, sino orejas
humanas que caen; o “Epifitas”, los microbios que se respiran son trucados
en mariposas que se expelen coloridas cuando se bosteza; sin olvidar
“Simetrías”, reflejo por mitades de vidas anodinas que apenas se viven o
simplemente duran o sobreviven. Dos medias vidas o ninguna, porque la vida
no es precisamente simple suma de mitades.
Mas en la línea de lo fantástico,
fantasmagórico, de atmósfera de sorpresa, están “La ciudad”, con sus
rasgos a la vez insólitos y comunes; “El círculo”, con su símbolo de
perfección, si bien referido a la historia —si única y exclusiva, anodina—
de un botón; “E! huésped”, aunque invisible, con su presencia premonitoria
y un deje de extrañeza que insufla inquietudes en lo diario y reiterado, y
por sobre todo, “Los seres queridos”, acaso el relato de mejor aliento,
seres que no mueren, sino que resucitan.
Con estas “transgresiones”, si pequeñas,
amables y cotidianas, se logra un clima de conjunto, una atmósfera
despejada, un pequeño mundo de distracción y burla. Si todo fuera distinto
en las rutinas y ritos cotidianos y consabidos, ¿qué sucedería? Quizá algo
más divertido. En todo caso, algo menos aburrido.
Lastima que de Norberto Luis Romero nada se
nos diga. Puede, no obstante, deducirse del prólogo de Daniel Moyano, que
es autor rioplatense y que éstos son sus primeros cuentos. Estilo y
lenguaje utilizados no sitúan en ninguna geografía humana estos relatos.
El manejo del idioma es claro, limpio, pero abierto, sin concreción de
espacio. Un vuelo de fantasía que sucede en él hombre y en cualquier
parte. “Transgresiones” siempre posibles, sin cortapisas, sin coordenadas precisas.
Unos cuentos sin estridencia, en donde vuela la fantasía y guiña la
amabilidad.
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Diario de León, Viernes
Literario, 1, julio, 1983 |
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Desafíos, en suma, a las irritantes
certezas de las que el hombre no puede desprenderse, en un juego donde uno
mismo, en el ámbito virtual que crea la relación autor-lector a través de
la escritura, es el azar o la burla, donde uno mismo se siente alegremente
trasvasado para jugar en libertad y disponer que el orden establecido se
convierta en un perfecto disparate, en una continua "trasgresión" de la
realidad cotidiana. |
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Ignacio Xurxo, Clarín,
Cultura y Nación, Buenos Aires, 13, octubre, 1983 |
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El joven Romero no pretende ser un
adelantado, pero acredita cualidades como para apreciar que no es tampoco
un náufrago con viento benefactor y bandera arrogante. Cada una de sus
singladuras fue cumplida con más cabeza que corazón, con arreglo a las
leyes del género pero no a las del descontrol juvenil. |
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La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 10, diciembre, 1989 |
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El tono, la coloratura,
la disposición de ambientes, la composición se perfecciona en una
continua transposición hacia lo desconocido. No son temas fáciles ni
comunes, tampoco contundentes excepciones, pero Norberto Romero alcanza a
eludir, el convenio relativo de lo manifestado, mediante la definición del
espacio que circunda a la realidad y el tiempo que se aglomera en las
profundidades de la fantasía. Esa condición elusiva se encuentra marcada,
no por la tangencialidad de un esbozo grotesco, sino por un esfuerzo
compartido entre la síntesis y el equilibrio de la metáfora. |
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Luis Blanco Vila, Libros-cultura, diario
YA, 11, noviembre, 1989 |
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...nos encontramos ante
un escritor que cuenta cuentos. Cuentos de verdad, no relatos, ni ensayos,
ni zarandajas que pretenden colar como cuentos. Cuentos como los de Kafka,
los de Kapec, los de Hrabal, los del mismísimo Borges. Cuentos que te
dejan el alma en suspense, que penetran en el espíritu y cargan de
maravilla la sensibilidad del lector. |
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