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Críticas

 

                                                          

  EL MOMENTO DEL UNICORNIO, 2009
  La libélula, Radio 3, 25 May 2010
  La LiBéLuLa de Radio 3 tratará hoy de congelar su fugaz planeo en un lugar: Tropo Editores, y en un preciso instante: "El momento del Unicornio", obra de Norberto Luis Romero que, como padre de la criatura, hoy nos acompañará en esta poza…
  Juan Jacinto Muñoz Rengel. Litaratura en breve RNE, 28 de diciembre, 2009
     Comentario del libro y lectura de fragmentos.
  Iñaki Echarte Vidarte. Un extraño en MD, 4 de marzo, 2010

 

A veces me da rabia que ciertos libros pasen desapercibidos entre las toneladas de novedades que desembarcan en las librerias. Y al mismo tiempo me da rabia que haya autores que no tengan lo que se merezcan.
El momento del unicornio de Norberto Luis Romero (Tropo editores, 2009) es un libro que se publicó en 1995 y que se reedita ahora. pasó desapercibido entonces y parece que ahora va ocurrir lo mismo. Y no lo merece, pero es el destino habitual para este tipo de libros, en este país, es ese: el olvido. El momento del unicornio es un libro de cuentos fantásticos, con una ambientación en color sepia y con un gran logro: consigue provocar inquietud con elementos muy cotidianos. Este libro, encuadrado en la colección 2º asalto, que se dedica a rescatar grandes libros que son imposibles de conseguir, tiene algo de los marineros de Genet, algo de esas atmósferas inquietantes a la vez que familiares, y está lleno de cuentos con el sabor y el olor de lo perdido.
Y tiene cuentos maravillosos, en los que los protagonistas se pierden de la multitud de un carnaval, quedan atrapado en un vagón de metro que no se detiene nunca o se creen espiados por las dueñas del hostal en el que se aloja.
Aún estás a tiempo de disfrutar con los cuentos de Norberto Luis Romero. Y es algo que no debes dejar de hacer.

 

  Los Irregulares de 2009, 26 de enero, 2009. Diario de la librería de géneros Estudio en Escarlata
 
 CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA, TERROR

El momento del unicornio, Norberto Romero

CUBIERTAS

El momento del unicornio, Norberto Romero (Oscar Sanmartín Vargas)
 
 

Luis Borrás/Aragón Literario, 20, enero, 2010 y Diario Alto Aragón, dominical, 31, enero, 2010

 
Creo que hay una teoría que dice que el principio de un texto es decisivo. Que puede hacer que sigas leyendo o abandones. Que un principio debe atraparte, engancharte, seducirte. Y la mayoría de los relatos de “El momento del unicornio”, de Norberto Luis Romero, cumplen esa regla. Te muerden y hacen presa. Basta una sola palabra: francotirador. Una sola frase: Sé que me están espiando. Unas líneas, una geometría de soles fragmentados y un perfume de lavanda para hacerte sentir el calor sofocante de un verano en febrero. Basta un cuerpo arrojado por una ventanilla para sentir el terror. Algunos lo llamarán recurso narrativo, yo prefiero pensar en esos muñecos de goma que les agarras del cuello y abren los ojos.
Norberto es un extraordinario escenógrafo: azoteas, cloacas, vagones de metro, balcones, jardines, habitaciones, cementerios y prostíbulos. Es un imaginativo creador de actores, atmósferas y pesadillas. Norberto es un productor y director que materializa en imágenes las palabras de un guión escrito por él mismo. Imagen y texto y viceversa. Sus textos describen con precisión y amplían, como una onda expansiva, las sensaciones que transmiten las imágenes. Mezclándose en una simbiosis perfecta los dos elementos. La mirada se desliza y avanza como una cámara en una película, haciendo travelling desde una grúa o en una Dolly, y las palabras nos hablan de locura y disfraces, de habitantes de un mundo subterráneo no exento de codicia y violencia; de lágrimas y sexo, claustrofobia y eugenesia, recuerdos e impostores, sombras en la pared, humor negro, surrealismo cómico y humillación doméstica y adultos destruyendo la infancia con su avaricia y perversiones.
La imaginación de Norberto mete de okupas en nuestra casa a los seres de “La parada de los monstruos” de Tod Browning y encierra su pesadilla disecada dentro de una urna de cristal. Reinterpreta el “Mar adentro” de Alejandro Amenábar; y al Kafka entomólogo que transforma a los hombres en insectos entre los pasillos y lugares secretos de un colegio interno. La tragicomedia a la española de un velatorio en un lupanar con un loro palabrotero y una puta que escribe versos y teje calcetines de colores. Un hombre humillado que planea el crimen perfecto, “Con faldas y a lo loco” de Wilder y“Extraños en un tren” de Alfred Hitchcock mezclados con el surrealismo de una luchadora de sumo, una amiga sádica y un hombre humillado que va a hacer la compra con una bata de boatiné.
Los relatos de Norberto transcurren en espacios cerrados donde se concentra el perfume y la luz se filtra entre las rendijas. Casas, pensiones, habitaciones de paredes rotas; túneles infinitos y un pueblo sin sueños donde podemos observar de cerca a los actores, oír sus diálogos y la voz en off; verles espiar detrás de una cortina, verles sudar y sangrar, morir, evocar el pasado, llorar sin fingir; descubrir el sexo, escuchar el ruido de la carcoma y recordar con ironía “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona pero con un final negro.
Los relatos de Norberto queman al tocarlos. Como el sol en el hierro.
 

B.Gavira/diarioDirecto 28, diciembre, 09

 

La obra que el escritor Norberto Luis Romero y Tropo Editores presentan es una sorprendente colección de cuentos que constituirán un descubrimiento y un deslumbramiento para la mayoría de sus lectores.
Cada uno de sus relatos guía al lector por ignorados parajes que están fuera de la realidad y dentro de él mismo. La inquietante extrañeza que Daniel Moyano señala como característica esencial de la narrativa de Norberto Luis Romero, se acentúa, si cabe, en los relatos de este libro. Pocas veces un escritor ha conseguido crear con tan limpia y escueta escritura una atmósfera más cargada de desasosiego, sensualidad y misterio.
Desplaza los límites de la realidad cotidiana hacia espacios más oscuros y asfixiantes donde un fatalismo casi espectral parece impulsar las acciones de sus protagonistas. Se traslada así el sentido inicial de lo aparente hacia infiernos del alma donde el primer enemigo es uno mismo, esa galería de fantasmas que llevamos todos dentro y que encuentra los más asombrosos modos de manifestarse al exterior, a ese otro espacio que el autor llama ‘lado diáfano de la vigilia’ y que, no por tal, está libre de sufrir un brusco giro.
Es sin duda, uno de los más brillantes escritores de relatos breves que ha dado la lengua española en los últimos tiempos, heredero de la tradición de Cortázar y Borges, poseedor de un universo exclusivo de obsesiones con una densidad de estilo que atrapa de inmediato al lector, condensado en joyas del género como son ‘Diario del taxidermista’, ‘Ritual de los espías’, ‘La captura’ y muchas otras de las narraciones que contienen sus tres libros de cuentos.
Norberto Luís Romero ahonda en los abismos más tétricos y oscuros del ser humano y se confirma como uno de los más inquietantes escritores de ficción vivos de nuestro país.

  Carlos Castán, Heraldo de Aragón, 17, diciembre, 09
 

La colección 2º Asalto de Tropo Editores vuelve a darnos una gratísima sorpresa con la recuperación de este estupendo libro de cuentos del escritor argentino, aunque afincado en España desde 1975, Norberto Luis Romero. Lo primero que uno piensa, nada más terminar de leer El momento del unicornio, es cómo es posible que semejante colección de relatos haya pasado tan desapercibida hasta ahora, catorce años después de que viese la luz en primera instancia en la editorial asturiana Nobel. Pero contestar a esta pregunta nos llevaría al tema, tan recurrente como doloroso, del desprecio en nuestro país del cuento como modalidad literaria.

 Estamos ante un escritor tardío y con largos periodos de silencio que, a pesar de haberse centrado durante años en el cine, es consciente ahora de cuál es su lugar, su vocación auténtica, su género y su voz. Es increíble la variedad de registros en las veinte piezas de las que se compone este libro, así como la diversidad de las apuestas en cuanto a la estructura de los textos, siempre medida y a menudo arriesgada, como por ejemplo en el relato titulado Complot de la carcoma, en que el punto de vista y la voz narrativa pasan de un personaje a otro en tiempo real en una suerte de vertiginoso diálogo de miradas. La importancia del silencio, el tremendo peso de todo lo que no se dice, es otro de los denominadores comunes del libro, así como lo cinematográfico de los desenlaces y la maestría del autor para la creación de atmósferas y escenarios, ya sean aldeas de la provincia profunda, puertos llenos de grúas y bruma, mansiones coloniales a la hora de la siesta, pensiones mugrientas o galerías subterráneas podridas de oscuridad y ratas. “al abrir ligeramente uno de los cajones de la cómoda, escapó un intenso olor a jabón y a lavanda” (p. 55) leemos en el relato Frutas en la siesta. Lo cierto es que sea cual sea el cuento por el que se abra el volumen, los aromas parecen saltar al aire desde las páginas, efecto al que no es ajeno el carácter poético de la prosa de Norberto Luis Romero, un lenguaje en absoluto recargado ni retórico, pero con una poderosísima capacidad de sugerencia, preciso, sensual y siempre al servicio de la historia que cuenta.

 Podría decirse que El momento del unicornio es, en el fondo, un libro sobre la pérdida. Pérdida de la infancia, de la virginidad (con todo lo que ésta tiene de símbolo y metáfora), del rumbo; siempre está la pregunta por el origen, por la naturaleza de la chispa que desencadenó un presente que se anhela entender. Abundan en los cuentos personajes muy jóvenes, adolescentes en el momento en que algo se rompe, o se crea, ahí dentro; y un erotismo tan sutil como salvaje, efectivo hasta la turbación.

 En mi opinión, hay en el libro cuentos que bien podrían calificarse sin demasiado riesgo como piezas maestras: El tren fantasma, con su hiriente ráfaga de lucidez, el descenso a la conciencia del carrusel del tiempo y la carcajada de la muerte desde el fondo del túnel; Sueño del taxidermista y su universo surreal, entrañable y terrible; y el que da título a este libro, definitivamente a no olvidar: El momento del unicornio.

  Myriam Martínez, Diario del Alto Aragón, 5, diciembre, 09
 

"El momento del unicornio" es un libro de veinte cuentos del escritor argentino Norberto Luis Romero que llevaba descatalogado desde 1995 y ahora ha recuperado Tropo Editores. Se trata de la misma obra de entonces, pero el autor ha agregado cuatro nuevos relatos, procurando que se mantuviera la misma tónica del resto de los textos. "Una vez publicado el libro, yo no vuelvo a leerlo jamás. Ahora tuve que hacerlo para su republicación y me sorprendió muchísimo porque ya no parece mío. Es como si lo hubiera escrito otra persona y lo curioso es que me gustó", explica el autor.

En esta relectura, Norberto Luis Romero descubrió que la pérdida era la esencia y el hilo conductor de las veinte narraciones. "La pérdida de amigos, de familiares, de la infancia, de la inocencia, de amores, de dinero, de trabajo, está abordada de una manera inconsciente porque no me propuse escribir sobre ella -señala el autor-. Cuando me viene a la mente un cuento lo hace como una forma de relámpago, de chispazo; puede ser una imagen, una frase, un personaje, una atmósfera. La pérdida subyace después".

Norberto Luis Romero, que ha ganado premios como el Tiflos, Antonio Machado y el Hucha de Oro, estima que casi todos sus cuentos son bastante dolorosos y su forma de abordar la pérdida es amarga y nostálgica. "Yo creo que toda pérdida es dolorosa, obviamente, aunque sea a cambio de, que normalmente lo es".

Como autor de "El momento del unicornio", expresa su predilección por el cuento titulado "Francotiradores", porque cree que es el relato más logrado de todos cuanto ha escrito, y como lector se decanta por "El tren fantasma", porque confiesa que le emocionó al final. "El personaje se enfrenta a sí mismo a través de la mirada de unos niños que están en un parque de atracciones y tiene una visión de todo lo que ha perdido a lo largo de su vida y también de su muerte".

Norberto Luis Romero nunca aborda los temas directamente, estima que hay que encontrarlos en un segundo nivel de lectura. "La literatura es un encadenamiento de sutilezas y silencios, de cosas dichas a medias, de sugerencias. Nunca tiene que ser directa. Si se habla de la muerte, la palabra muerte creo que no debe estar nunca, sólo debe sugerirse", finaliza.

 

 

 CRIATURAS VORACES, 2009

 

 

Luis Borrás, Aragón Literario Blogspot, 22, octubre, 2009

  Me considero afortunado por este regalo. Por la prosa de Norberto, por su gesto y, sobre todo, por descubrirme, darme a conocer el exquisito trabajo artístico de José Joaquín Beeme.
Esta plaquette es algo especial. Es un trabajo artesano. Único. Un tesoro de papel y cartulina hecho y pintado a mano. Una tirada de sólo treinta ejemplares cada uno con una cubierta distinta. Una ilustración acorde con el contenido de los relatos de Norberto Luis Romero: Un perro, como el Minotauro, con pelo de pluma y frágiles alas de libélula. Dentro el papel azul y los títulos en rojo con una original caligrafía. Cada cuento ilustrado, acompañado con dibujos de tinta china: sanguijuelas, helicornios, pirañas, polillas, tanzanitas y ácaros. “Criaturas voraces” ideadas por Norberto que José Joaquín Beeme materializa, guarda y encuaderna en este hermoso y estético libriccini de la “Colección Isla Moreau” y sus bestiarios ilustrados perteneciente a su microeditorial “La Torre degli Arabeschi”.
Esta plaquette es un regalo para contemplar con delicadeza y admiración. Un objeto para preservar del polvo, la humedad y el olvido. Para guardar en un lugar accesible y asombrar con él a los descreídos de la belleza.
Por fuera la creatividad de José Joaquín Beeme, y dentro, palpitando en el azul, la prosa de Norberto jugando con nuestros terrores insepultos; con el asco y la repulsión que nos producen esos diminutos animales: babosas, insectos, bichos y larvas.
Cuentos infantiles. Pesadillas de adulto.
Sanguijuelas que chupan la sangre. Terrores sumergidos en aguas negras y abrevaderos para animales.
Monstruosos caracoles carnívoros y su repulsivo rastro baboso. Cuentos de brujería y maldiciones. Avaricia humana, venenos y muerte dolorosa. Lascivia. Seres mutantes mitad humanos mitad moluscos.
Pirañas. Pez prehistórico. Dientes afilados. Hambre animal. Mascotas sin dueño. Realismo posible que me hace mirar con desconfianza las peceras y con lástima al gato del vecino que duerme en la ventana.
Una historia de canibalismo mezclando callejones oscuros, cuerpos descabezados, un enano dentro de un saco de yute, gato por liebre, mansiones decadentes, Hannibal Lecter y sus crujientes delicatessen y la madre momificada de Norman Beits. Muñecas de trapo y polillas como carcoma.
Moscas carrroñeras de color azul brillante que anuncian la muerte.
Animales microscópicos que producen insomnio y paranoia.
Norberto juega con mi subconsciente, me hace sonreír y me atemoriza. Hace que me levante y compruebe que las ventanas están bien cerradas, que pase el dedo índice por las baldas para comprobar que están limpias, amar los gatos de escayola y odiar las moscas que revolotean en los cementerios, e insistir al camarero que la carne, por favor, me gusta muy hecha.
Y después de esto cruzaré los dedos para que esta noche, al dormirme, no vengan a visitarme mis viejas fobias.

 
 

EMMA ROULOTTE, ES USTED, 2009

 

  Carlos Frühbeck Moreno, Culturamas, mayo, 2010

Así que me he leído Emma Roulotte, es usted como si todo esto no fuera conmigo. He disfrutado de una obra escrita con inteligencia y oficio. Así y sólo así he podido sumergirme en su delicada estructura de libro que custodia bajo sus tapas dos espejos enfrentados. O, mejor, esas misteriosas cajas chinas que los personajes se pasan de historia en historia. Y he descubierto que bajo la aventura pirandelliana de Emma Roulotte como personaje que salta de una parodia a otra en busca de un papel decente hay oculto un profundo amor por la literatura, por la literatura de verdad, esa que cuenta cosas. ¿Es poco en los tiempos que corren? Porque, si de cuento se trata, todos tiramos la primera piedra.

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  Ángeles Prieto, concursos-literarios.com, septiembre, 2009

Con esta Emma venturosa, y una necesaria inteligencia cómplice, el lector puede sumergirse en una divertida reflexión sobre la creación literaria de gran calado. Y eso sin necesidad de discursos campanudos o sentencias graves, largas parrafadas en textos donde nunca ocurre nada, tan predominantes ahora, sino todo lo contrario: utilizando precisamente el sistema de muñecas rusas o cuentos encadenados, yendo directamente para su confección a la Madre de todos los relatos: Las mil y una noches, con lo cual el entretenimiento del lector está más que garantizado.  
 No obstante, es interesante que el receptor –gran protagonista de esta Emma generosa- conozca algunas características del particular doctor Frankenstein que la ha creado, Norberto Luis Romero. Pues Emma es atípica dentro de su obra, caracterizada por un temprano magisterio en su género más feliz, el cuento, con el emblemático
El momento del unicornio (1996), próximo a reeditarse, y sin nada que ver con las angustiantes y góticas novelas que la preceden y conforman el grueso del universo norbertiano, como Isla de Sirenas, Ceremonia de máscaras, La noche del Zepelín o la genial Signos de descomposición, todas ellas encaminadas con acierto a integrar al lector en un ambiente opresivo y terrible.   
Y quizás como paréntesis rupturista con su narrativa anterior, pero además con voluntad estilística de no estancarse y correr riesgos, Norberto echa mano de sus más lecturas más gratas para rendirles homenaje y también para preguntarse porqué se dedica a esto. Así, las mil y una noches, las misteriosas hermanas Brontë, Jane Austen, y muchos más desfilarán por estas páginas en las que Emma busca a Norberto, o quizá Norberto se busque a sí mismo. Por ello es inevitable identificarnos con ella y puedo asegurarles que Emma Roulotte, es usted. Somos todos los que con suerte le hemos dedicado un rato feliz a conocerla.

  Carolina Molina, El Blog de Carolina Molina, octubre, 2009
De vez en cuando, sólo de vez en cuando, cae en manos del lector un libro que al finalizarlo desea compartir con otros. A veces queremos comentar su historia o reflexionar sobre una de sus citas. Pero el buen libro es el que recomiendas por entero, advirtiendo al amigo que disfrutará leyéndolo. No sabría decir cuál es la historia de “Emma Roulotte, es usted”, no porque no la tenga, sino por lo contrario, porque en ella confluyen todos los géneros habidos y por haber. En la gran imaginación de Norberto Luis Romero, caben todas las novelas escritas o por escribir, así lo ha demostrado en este pequeño libro. Rara vez en tan pocas páginas se ha contado tanto y tan rápido. Con una visión puramente cinematográfica nos adentra en una historia que nos lleva a otra y ésta a otra más. Es un libro chispeante, divertido, sutil. Una fina ironía y un elegante humor ha utilizado este consolidado escritor de cuentos que sabe cómo llegar al corazón pero sobre todo y muy por encima, a la inteligencia. Yo creo que es buena cosa pretender que los lectores son inteligentes. En el Metro, en el autobús, en la sala de espera de un hospital, siempre hay un lector dispuesto a leer una buena historia y para todos ellos recomiendo este pequeño libro, un libro encantado por la varita mágica de la originalidad. Y al finalizarlo, vengan y díganme, si pueden, que no son capaces de recomendarlo a un amigo.
 

Julio Espinosa Guerra, Literaturas.com, octubre, 2009

El chiste más cruel: un comentario sobre Emma Roulotte es usted

 “No tenernos talento, es que/ no tenemos talento, lo que nos pasa/ es que no tenemos talento”. Así comienza su poema Rimbaud el poeta chileno Gonzalo Rojas y así habría que comenzar cualquier comentario a Emma Roulotte es usted, de Norberto Luis Romero, no porque él no tenga talento, sino porque para enfrentar su lectura hay que ser por lo menos un lector competente, un lector con talento... de esos de los que hay tan pocos, grupo al que yo, por supuesto, no pertenezco. Así las cosas, desde ya quiero decir que estas palabras vienen dadas desde la reflexión posterior a la lectura, un reposo largo pero necesario que me ha ayudado a ir encajando pieza tras pieza, palabra tras palabra, para una vez hecho el trabajo poder valorar en su justa medida el libro, justa medida para mí, que para nada tiene que ser la de otros.

Norberto Luis Romero es un autor casi desconocido, pero es un autor casi desconocido con más de quince libros bajo el brazo, traducido más de una vez al inglés y con un grupo de lectores que lo siguen, fieles. Es eso que se llama “un autor de culto”, cuatro palabras que oculta otras: un autor que no vive de la literatura, un autor que no ha tenido suerte con las editoriales, un autor sin agente, un autor olvidado de la mano de Dios, del Diablo y del Dinero, la triple “D” de la literatura (esto me lo acabo de inventar).

Siendo esto una cosa muy mala para cualquiera que se dedique a cualquier cosa, no deja de tener su lado positivo, porque “un autor de culto” puede escribir lo que quiera cuando quiera. Es debido a esa libertad que en Emma Roulotte es usted, el autor nos propone una novela con esquema de libro de cuentos o un libro de cuentos metido en un bonito papel de regalo tipo “novela”.

En su inicio un muchacho llega a un pueblo perdido de la mano de Dios (naturalmente), buscando a un escritor al que le tiene que entregar un paquete, un encargo de un conocido. No encuentra al destinatario porque se le han perdido las señas, pero sí que se encuentra con Emma, quien lo ayudará sin éxito en su empresa. Resulta ser que el muchacho es la excusa para hacer entrar a Emma en el relato, pero tampoco de manera definitiva, sino que como un personaje puente, siempre secundario o terciario, que deambula en historias de otros personajes, personajes que cuentas historias de otros personajes y que, a la vez, cuentan historias de otras, perdiéndose en un damero en el que nunca se sabe cuándo mueven las blancas y cuándo mueven las negras. O peor aún: sin saber si hay blancas o negras.

Esta suma de historias no tiene un hilo conductor claro. Emma es la excusa que termina por unir los cuentos, pero nada de trama, por favor. Emma no es Sherezade ni El Quijote. Emma es un personaje en busca de un autor que le de consistencia.

Esto nos lleva a otro punto interesante del libro. No es casual que sea un personaje en busca de autor. O, mejor, un personaje en busca de una personalidad. La referencia a Pirandello no es casual en absoluto. Norberto Luis Romero se goza en el absurdo, no tanto de los cuentos, sino de la denuncia solapada de una serie de autores que escriben relatos en diferentes géneros que no dominan. El absurdo denuncia un vacío de la literatura actual en nuestra lengua que la industria no desea llenar porque justamente lo que busca son este tipo de historias: vacías, planas, donde los personajes siempre están como la Emma del comienzo de esta novela/relato: perdidos en sus propios cuentos.

Pero Emma Roulotte no refleja solamente el páramo por el que se mueve la literatura en nuestra lengua (con contadísimas excepciones), sino que también se nos presenta como un símil, una metáfora del propio autor, en tanto literario, de nuestros días; autor que anda en busca de alguien que le dé existencia y consistencia, un panorama cultural que no existe. De esta forma Emma es ese “autor de culto” que no cabe en ninguna parte, pero que está en boca de todos como un personaje/autor deseable siempre desde los labios para afuera, nunca en la intimidad.

Desde este punto de vista, los diferentes cuentos están allí como divertimento y como denuncia y, al mismo tiempo, representando el entramado que oculta la historia más verdadera y fundamental: la de Emma. Por eso no es casual que sean intermitentes e intencionadamente suenen chapuceros o jueguen con el paradigma del cuento clásico, con estructuras archiconocidas y tramas que nos suenan a las que usan mal y constantemente los autores más populares. Por eso, también, se trata de historias llenas de ironía y sarcasmo, las más de las veces, incompletas o completas con “forceps”. No es que el autor no sepa escribir, sino que sabe escribir demasiado bien, sabe muy bien hacia dónde va… o mejor, hacia donde no quiere ir.

Si usted cree que sin tener talento puede leer un libro que va a jugar y reírse de sus neuronas, este es el adecuado. Corra a pedírselo a su librero y pase un buen rato intentando adivinar quiénes son los ironizados que se encuentran tras cada una de las historias, para al final, llorar con el autor por la falta de perspectiva, con el desencanto que hay tras estas historias, que realmente son una novela, del mundo del libro y sus alrededores. Y no se crea, por favor, el final feliz: igual que en El apartamento, de Willy Wilder, la peripecia final no es más que la tramoya que oculta la tragedia: los “autores de culto” lo son simplemente porque ni los editores ni los lectores tenemos talento.

  Luis Borrás, Aragón Literario Blogspot, 2,Octubre, 2009

...Y es que esta “Emma Roulotte, es usted” sorprende en la segunda página, cuando el autor que la está escribiendo aparece en la historia sin saber cómo continuarla. Como si en un teatro de títeres el tipo que maneja los hilos se quedara parado y los muñecos decidieran seguir actuando por su cuenta y riesgo. Dos páginas y se rompen todos los esquemas. Y con ese descubrimiento pierdo la inocencia y algún prejuicio estético.

A partir de ahí su desarrollo me desbordó; me adelantó por la derecha a toda velocidad. Cada historia se enlaza con la siguiente, la continúa como en una desenfrenada carrera de relevos. Y fue entonces cuando pensé en la Matrioska, esa muñeca rusa que la abres y te encuentras otra dentro. Un relato llevando al siguiente, y entre medias, como marca de la casa, esas cajas sorpresa apareciendo en cada capítulo; pasando de mano en mano. Cajas vacías sin remitente ni destinatario conocido que guardan un enigma, cajas llenas de palabras con las que poder escribir una historia encajando sus piezas como si fuera un rompecabezas.

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  Varda Fiszben, Clarín, revista de nueva literatura, julio-agosto, 2009

El «autor» se ha atascado prácticamente al inicio de la narración. Al parecer no ha considerado necesario plantearse previamente el argumento, la estructura, los personajes ni mucho menos qué papel les hará jugar.

Sólo tiene a un muchacho anodino y sin nombre con un propósito que lejos de resultar misterioso, en realidad parece vago, además de recordar peligrosamente a propósitos similares de otras muchas historias.

Igual sucede con la noche brumosa y el paisaje del pueblo perdido en la geografía a la que ha conducido al joven, a fuerza de descripciones manidas y lugares comunes.

Quizás introducir un personaje nuevo le sirva para socorrer al anterior y hasta para salvar el relato, cuyo hilo ha perdido o nunca tuvo. Entonces, como último recurso para convocar su inspiración, recurre a Emma.

Ella sabe que «su presencia es arbitraria» pero solícita, se dispone a ayudar, arriesgándose a que el autor - que es tan egoísta como todos- no vuelva a recurrir a ella.

El motivo es que quiere ser un auténtico personaje, dotado de rasgos singulares y poder intervenir en hechos literariamente memorables. Sí: Emma quiere ser protagonista, lo que ocurre es que no está segura de ser de ese relato o de algún otro, ¿quién sabe?

Lo que sí sabe es que «las reglas del juego literario, de las cuales el autor es inocente debido a su torpeza narrativa, son insondables.»

De modo que hasta que su vocación se convierta en destino se irá trasladando, como hasta ahora ha tenido que hacer, de un paisaje literario a otro, viajando en la caravana -o roulotte- donde vive.

En adelante Emma -y los lectores con ella- realizarán, conducidos hábilmente por Romero, un divertidísimo itinerario con paradas en los más diversos géneros, donde conocerán a distintos autores, sus ambiciones, recursos y los gajes propios del oficio de escribir.

Se trata de averiguar si es posible que Emma encuentre un relato interesante, con un estilo digno, escrito por un autor inspirado y que le conceda la voz singular que la convierta en protagonista.

Pero, ¡ay!, no encaja en el relato de ciencia ficción -minuciosamente regido por las reglas de los fundadores del género- y escrito a cuatro manos por dos insulsas hermanas que, debido al abuso de cierta sustancia -presuntamente inspiradora-, sufren gravísimos efectos colaterales. Eso da al traste con la fama que ansiaban, convirtiéndolas en criaturas semejantes al Samsa de Kafka, confinadas para siempre en un museo de ciencias.

Emma entonces intentará colarse en un cuento de realismo sucio, pero saldrá huyendo apenas descubra al «jodido» escritor fracasado que busca recuperar o encontrar al fin su talento en el alcohol.

Por su parte, el negro que hace de negro humillado constantemente por el escritor-negrero no le hará sitio a Emma, ocupado como estará en colarle un vengativo gol a su dueño para que, en lugar de convertirse en autor de best- sellers, sea denunciado por plagiario.

En cuanto al mediocre que recurre a la solución facilona de comprar sustantivos (acompañados de pronombres sin coste adicional), citas en latín para acápites cultos o argumentos, sin olvidar llevarse la oferta estrella del almacén de palabras: la partícula «mente» para fabricar adverbios, no será este autor el que Emma elija. Tampoco la convence ser hada de cuentos feéricos ni princesa o hechicera de los orientales...

De modo que tendrá que optar por ponerse a escribir, para inventarse a sí misma y cobrar por fin una verdadera vida literaria.

Resulta sorprendente que, entre la «Mención de Honor» que recibió Norberto Luis Romero en el concurso convocado por la Revista del Sur de Malmö (Suecia) en 1991 por esta hilarante y magnífica novela, y su publicación en España hayan transcurrido dieciocho largos años.

¿Será que alguien pudo temerle a Emma Roulotte?

 

  Inés Mendoza, Masacre en los jardines, 8, septiembre, 2009
 

...no faltan razones para decir que Emma Roulotte, es usted, es algo más que un libro ameno y con mucho humor: es un libro inteligente, y como todos los libros inteligentes es, además de un objeto estético, el testimonio vivo de una postura, una Weltanschauung, una visión del mundo. Dicho en otras palabras: un libro mucho más que recomendable para el lector que no se resigna a consumir literatura de ordenador y que sabe leer entre líneas.

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  David G. Panadero, Revista Prótesis, 21, julio, 2009
 

Una imagen basta para explicar la situación de la literatura actual: la mano de Escher que se pinta a sí misma. La aventura o el personaje son lo de menos, y el lector es poco más que un mirón, que observa el retrato que el escritor hace de sí mismo. Desaparece la cuarta pared, y nos vemos rodeados, lo queramos o no, por la ficción. Vida y obra vienen a ser lo mismo, y el creador se erige en semidiós, que, más allá del orden o el caos, dicta un azar objetivo que nosotros, ya convertidos en personajes, no podemos controlar.
La propuesta resulta apetecible, pero son muchos autores los que la malogran, derivándola hacia un autorretrato psicológico donde no faltan el guiño cultureta, una mal entendida erudición, el victimismo o la agresiva autoafirmación, cuando no, directamente, el ajuste de cuentas hacia tal poeta de provincias, antiguo compañero de batallas, que una vez les quitó de las manos la última medianoche de paté.
No es el caso de Norberto Luis Romero, que entiende la literatura como el juego infinito e imparable que siempre debería ser. Norberto sabe administrar la información, para, jalonando la obra de pequeños enigmas, convertir una premisa en apariencia realista, en fragante humo que se nos escapa de entre los dedos.

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  PERTURBACIONES, antología del relato fantástico español actual. VV.AA. 2009

 

  Diario Digital Independiente de Villena, septiembre, 2009
 

Además, los cazadores de placeres limítrofes se encontrarán con la enésima oportunidad, y ya va siendo hora, de rescatar de la nebulosa de los autores de culto a Norberto Luis Romero, argentino afincado en España que escribe como quiere, y que comparte estatus con otros colegas suyos aquí presentes, como la inquietante Pilar Pedraza o el exquisito Ángel Olgoso.

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  Manel Haro Cano, El blog de las odiseas, agosto, 2009
 

De entre los mejores relatos que recoge esta antología, además del de José María Merino, se encuentra el de Cristina Fernández Cubas, La mujer de verde: una ejecutiva es perseguida por una extraña pedigüeña que se parece físicamente a una trabajadora de su misma empresa. También destacan las narraciones de Norberto Luis Romero, Pilar Pedraza, Elia Barceló y Laura Freixas, entre otros.

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  Julián Díez, La tormenta en un vaso, 17, julio, 2009
 

Personalmente, destacaría los trabajos incluidos de Pilar Pedraza, con el terror directo pero elegante de Balneario; Cristina Fernández Cubas, siempre tan inquietante y sutil como en este La mujer de verde; Norberto Luis Romero, en el evocador Capitán Seymour Sea;...

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Pablo Chul, Ámbito cultural El Corte Inglés, mayo, 2009

 

Siete u ocho relatos despuntan por una ambición artística e intelectual superior a la media. El brillante "Venco a la molinera", de Félix J. Palma, "Capitán Seymour Sea", de Norberto Luis Romero, y "La mujer de verde", de Cristina Fernández Cuba son, tal vez, los relatos más notables por lo equilibrado de su tratamiento de lo fantástico en relación con lo real.

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  Esteban Gutiérrez, Revista De Letras, junio, 2009
  La antología de la que hablamos, PERTURBACIONES, contiene muy buenos ejemplos de autores actuales que cultivan el género fantástico, de casi todas las facetas que éste ofrece y demuestra, a pesar de todo, la buena salud de la que goza.
  Javier Pérez de Albéniz, Soitu.es, junio de 2009
 

Grandes nombres y excelentes relatos. Porque la clave de una buena recopilación no reside tanto en el brillo de los nombres como en la calidad de los textos. Una recopilación impecable que permite, al revés que la vida militar, una gran expansión del alma. Imprescindible.

  Tere Gradín, El Faro de Vigo, mayo de 2009
  Son escritores de tres generaciones que coinciden en tratar a través de cuentos y microrrelatos las perturbaciones que pueden trastocar nuestro universo cotidiano. Aparecen así ideas sobre la muerte, la vida después del fallecimiento, la inmortalidad, los espectros, la predeterminación, la identidad, el doble de uno y otras realidades ocultas que pueden distorsionar el realismo del mundo ordinario.

 

 

  LA MALDICIÓN DE LA MOMIA,

           Relatos de horror sobre el antiguo Egipto. VV.AA. 2008

 

 

Iván Fernández Balbuena,Revista Hélice, Nº 8, marzo, 2008

 

“El relicario de Lady Inzua” del argentino Norberto Luis Romero es la pieza más innovadora de todo el libro. Aunque los mimbres de los que parte (la maldición que sufren los frívolos profanadores de una momia) están más que vistos, no es menos cierto que la original ambientación (estamos en la Argentina de inicios del XIX y la momia proviene de una tribu quechua) y el escalofriante destino de sus protagonistas están entre las mejores páginas de todo el tomo.

 

Juan Antonio Jordán, Mentenebre.com, enero, 2008

 

También me ha parecido extraordinario el relato "El relicario de Lady Inzúa", del argentino Norberto Luis Romero; la acción se traslada de Egipto a la Argentina de mediados del siglo XIX y lo que comienza como un relato de corte casi humorístico acaba teniendo uno de los finales más sobrecogedores de todos los relatos contenidos en "La maldición de la momia" gracias a una sabia graduación de los elementos más inquietantes, los cuales se van comiendo poco a poco a los costumbristas y van conformando una densa atmósfera de negrura y opresión.

 

 

  BAJO EL SIGNO DE ARIES. 2005

 

 

A. Garza, Literatura gay, Monterrey, Nuevo León, México, 10, junio, 2009

 

Bajo el signo de Aries nos cuenta el asesinato de un joven homosexual aficionado a la alquimia, circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica (todo apunta a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco a poco va tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto y, sobre todo, en una obsesión que se apodera de los personajes. Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó en sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche del Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va poco a poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles, fruto de una pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz en la última y sobrecogedora escena final (que incluye una de las mejores sorpresas leídas en los últimos tiempos).
Pero si Bajo el signo de Aries supera con mucho, gracias a su estilo, el corsé de la «novela gay» (pese a las concesiones ya citadas), también va mucho más allá de la simple novela de misterio con añadidos truculentos. Esto así porque, en claro reflejo de la progresiva incursión en la alquimia del protagonista, los personajes a su alrededor se van acrisolando, se van sometiendo a una especie de proceso químico y acaban por mostrar una verdad humana hecha de sentimientos contrarios y muchas veces contradictorios. El autor busca, en suma, mostrar la verdadera esencia del hombre, y según muchos no otra cosa buscaba en realidad la alquimia tras su imaginería de piedras filosofales y panaceas universales. «Eso somos los humanos (...). En nombre de una civilización, de una cultura, de un perfeccionamiento como especie, hemos mutilado nuestro lado oscuro hasta convertirnos en seres sin identidad, en híbridos, en castrados», reflexiona uno de los personajes hacia (no por nada) el final de la novela.
Estamos, en suma, ante una obra magnífica en su núcleo, en su almendra, en esa parte central que se refiere al asesinato y la incursión progresiva en la alquimia; una novela, sin embargo, «aguada» en parte, rebajado su alto grado de alcohol por la inclusión de escenas eróticas y detalles triviales que Norberto Luis Romero se ha visto (eso cree el crítico) obligado a hacer. En todo caso, un digno título con que seguir construyendo una muy digna obra.
 

David G. Panadero, La gansterera, nº 18, marzo, 2006 

 

Norberto Luis Romero, autor de novelas de culto dentro de la narrativa hispana de los últimos años -La noche del zepelín o Isla de sirenas-, resulta romántico de manera plena y hasta exaltada, pues nos ofrece una obra que no pretende ser realista apenas ni en apariencia, mediante la cual, novela tras novela, materializa los fantasmas más íntimos de sus personajes con unos resultados cercanos al psicodrama en cuanto a intensidad.(...) Si bien otras novelas previas del autor resultan de una dureza rayana en lo intolerable, en Bajo el signo de Aries nos brinda una lectura plácida para noches de insomnio, mostrando una vez más su prosa detallista y llena de color y un carácter sensual en todo tipo de descripciones que hacen que nos acerquemos a este libro con la extrañeza con que nos acercaríamos a un cadáver bellamente amortajado.

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Herme G. Donis, Revista Clarín nº 60, diciembre, 2005

 

Nuevamente Norberto Luis Romero vuelve con esta  historia de intriga a poner de manifiesto la calidad y buen hacer de un  narrador poseedor de un lenguaje sólido, riguroso, muchas veces sorprendente, y de una originalidad subyugante y turbadora que hace de cualquier tema que toque una lectura obligada no sólo para  esos lectores fieles que seguimos su obra religiosamente, sino para cualquiera que quiera acercarse a la  literatura a secas. A una literatura excelente que, al margen de los vaivenes extraliterarios,  tiene tiempo para  asentarse y hacer del buen uso de la palabra un objetivo irrenunciable, alejándose con ello del balbuceo con el que se explica buena parte de la narrativa española actual.

 

Miguel Baquero, Literaturas.com, enero, 2006          

 

Bajo el signo de Aries nos cuenta el asesinato de un joven homosexual aficionado a la alquimia, circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica (todo apunta a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco a poco va tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto y, sobre todo, en una obsesión que se apodera de los personajes. Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó en sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche del Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va poco a poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles, fruto de una pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz en la última y sobrecogedora escena final (que incluye una de las mejores sorpresas leídas en los últimos tiempos).

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Marcelo Soto, Revista Zero nº 82, Diciembre, 2005

 

Tras los libros de Norberto Luis Romero se esconde un escritor de raza, con una prosa de calidad, y una capacidad de provocación nada habitual en la literatura de temática gay. Bajo el Signo de Aries sistematiza muy bien esa visión del lado oscuro que ha hecho tan atractiva su literatura. Una novela negra que desemboca -como es preceptivo- en lo negro: la locura, el mal, el sexo pasado de vueltas, y hasta, en este caso, el esoterismo y la nigromancia.

 

Pilar Robledo, El periódico gay, Nº 4, Noviembre, 2005

 

Su aire poco convencional y su visión crítica hacen de Norberto Luis Romero uno de los "enfant terrible" de la literatura al mostrar la nada dulcificada imagen de una realidad homosexual diversa. El lado este del espejo, donde se reflejan las arrugas de quien se mira en él, mostrando realidades que se prefieren que estén perpetuamente metidas en el armario.

 

La Rioja.com, 24 de octubre, 2005

Norberto Luis Romero es un escritor que tiene una especial querencia por diseccionar los aspectos más turbios del alma humana. Dotado de una destreza singular para crear atmósferas opresivas y mundos sórdidos, Romero vuelve a la arena editorial con una nueva novela, Bajo el signo de Aries (Egales), un 'thriller' erótico que escudriña sin remilgos la perversidad y el mal.

 

Antonio Paniagua, El Heraldo de Aragón, 24 de octubre, 2005

Romero, que suele plantear en sus historias situaciones límite y una visión pesimista de la realidad, ha apostado en esta ocasión por la intriga y unos personajes que escapan de los arquetipos "reblandecidos" de los best sellers. No en vano, las criaturas nacidas de su imaginación suelen ser seres crueles, vulnerables, a veces desesperados, que se mueven en espacios asfixiantes.

 

 

  LAST NIGTH OF CARNIVAL. 2004

 

 

Matthew Ward, Skive Magazine, Australia, 1, septiembre, 2004

Los cuentos de Norberto Luis Romero son muchas cosas: peligrosos, seductores, agudos, voyerísticos, sádicos, rectos, incluso piadosos. A veces todos estos aspectos se manifiestan dentro de un mismo cuento. El autor tiene el don de introducir al lector en un cuento y sacarlo de él en el momento en que las llamas están más ardientes.

 

C. Crenshaw, Fearless review, 9, noviembre,2004

Estos oscuros, sensuales y perturbadores cuentos son, como mínimo, inquietantes, y retratan una obsesión con la muerte, sordidez sexual y lo grotesco. En toda esta colección el sexo es peligroso, compulsivo y la mayoría de las veces, amenazante, la muerte es bienvenida como "el perfume que llega del mar"; esto no es de lectura fácil. Estos cuentos prestan su voz ineludible a los terrores "mal disimulados" de la humanidad, dejando un rico tapiz de extremos lúgubres.

 

 

  CEREMONIA DE MÁSCARAS. 2003

 

 

José Luis Morante, Diario de Ávila, 12, julio, 2003

Quien haya seguido la trayectoria de Norberto Luis Romero percibirá los parámetros de un escritor peculiar que nunca se refugia en las convenciones, que prefiere la indagación en argumentos poco convencionales, que sacude al lector localizando mundos inquietantes, que no tiene reparos en mostrar la cochambre de lo vivido, el cielo encapotado de la angustia.

 

Emilia Lanzas, Generación XXI, Madrid,15, enero, 2003

Norberto Luis Romero se caracteriza por una obra original y nada convencional, cuyo principal talento está en la creación de atmósferas tensas, inquietantes, cargadas de temores ocultos y de recuerdos atormentados (...) Una novela que, si nos empeñamos el clasificarla, aporta a la "literatura gay" un escalón más y un mayor grado de profundidad y de escritura bien labrada.

 

 

  ISLA DE SIRENAS. 2002

 

 

On Libros, El País. Librería Estudio en Escarlata, diciembre, 2006, Top de ventas Nº 1

 

Una novela gótica, pero ambientada en una isla, muy claustrofóbica, muy elaborada, muy fácil de leer y que transmite una sensación constante de terror.                                

 

Javier Goñi, El País, Babelia, 19,ºenero, 2003

A Norberto Luis Romero le gustan las atmósferas turbias, los espacios asfixiantes, las casas-prisiones, las situaciones límite, el hedor que desprende la ancestral convivencia familiar. Sus personajes -fascinantes, bellos, turbios, crueles, frágiles, desmesurados- aman y odian con la pasión de la desesperación, se mueven en esa antesala mórbida de las relaciones familiares, esa que antecede al lado más oscuro de la familia, al viejo tabú del incesto.

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José Luis Morante, Diario de Ávila, 5, enero, 2003

Los personajes que deambulan en Isla de sirenas no esperan respuestas ni se sienten interlocutores de la verdad. Son conscientes de su insignificancia existencial. Se sienten eslabones en el vacío; parecen indefinidos animales de terrario, empeñados en sobrevivir por los rincones de una realidad, supurante y vulgar, que sobrellevan desde la impotencia.

 

Jesús Palacios, Generación XXI, 15, marzo, 2003, Madrid

Isla de sirenas, lejos de etiquetas fáciles, ejemplo del perfecto arte narrativo de su autor, atemporal y por completo ajeno a modas pasajeras, es, en definitiva, una novela oscura, para quienes esperan una luz que nada tenga que ver con el zafio  y complaciente pseudorrealismo de la novela española actual, ni con el género ejercido como mero pasatiempo. Es un retorno a las fuentes del Mal y, por tanto, del placer de leer.

 

Eugenio Cobo,  La Clave, febrero, 2003, Madrid

Tan bien llevado está el hilo narrativo, que en ninguna parte de la novela la acción es previsible, saltamos de sorpresa en sorpresa; la expectación que produce hace que no decaiga el interés en ningún momento. (...) es un clima constante de dolor que sufre cada uno de los personajes, porque el dolor, dice uno de ellos, es una vivencia íntima e intransferible.

 

Herme G. Donis, Clarín 43, Oviedo, febrero, 2003

A medida que avanza la novela y la voz narrativa del presente se va  contaminando de la del pasado, vamos descubriendo sucesos que se dieron en éste y que, de alguna forma, explican las actuaciones  enfermizas, descarnadas, errátiles y contradictorias de los personajes. El resultado es una novela atrayente, sensual y cruel, difícil  de obviar y de olvidar.

 

 

  LA NOCHE DEL ZEPELÍN. 1998

 

  Gabriel Cusac Sánchez, Blog personal, marzo, 2010
  La buena literatura no tiene edad. Nada importa que el florido estilo de Norberto Luis Romero (Córdoba, Argentina, 1949) nos parezca anacrónico, o que la temática de esta obra esté impregnada con el perfume rancio del decadentismo fin de siècle. Afanes anticuarios como mérito gustoso para algunos excéntricos o trasnochados (como el que les cuenta), pero que, paradójicamente, pueden resultar más atractivos al lector formal y menos acostumbrado a ellos, quien, de repente, se verá atrapado en el tenebrismo de la leyenda siniestra, del cuento macabro, redescubriendo unas sensaciones perdidas en la niñez, cuando ogros, brujas y barbazules se escondían debajo de la cama. El preciosismo, los diálogos dramáticos, la lluvia de adjetivos, la metáfora como un trallazo y, en definitiva, el lenguaje poético, visten una historia cruenta que cautiva desde la primera página y nos empuja a la sima de los terrores profundos: la castración, el sadismo, la locura, el sexo subterráneo, el crimen.
Quizá no sea aventurado afirmar que, tras el Relato de otoño (1975) de Tommaso Landolfi, La noche del zepelín, publicada veinticuatro años después, sea la última vuelta de tuerca de la novela gótica. Así lo apuntan el escenario hermético -la gran mansión ovillada en sí misma-, la calidad siniestra de los personajes, extraños y degenerados, la suma de misterios, la atmósfera asfixiante, una maldición antigua. Quizá tampoco lo sea definir esta obra como perfecta.
A La noche del zepelín se le han atribuido filiaciones ilustres. Que yo sepa, Donoso, Felisberto Hernández y Cortázar. Yo encuentro más próximos a Sade, Hoffmann o Villiers de L´Isle-Adam. Incluso me atrevo a proponer reminiscencias valleinclanescas en su lenguaje. En todo caso, ya ven de quiénes estamos hablando
.
 

José luis Morante, El Mirador, julio, 2000

En La noche del zepelín, el buen lector se quedará vestido con el desasosiego y la inquietud que deja siempre Norberto Luis Romero y no olvidará sus ficciones pobladas de hombres-isla que subvierten la normalidad y se asoman al lado oculto del corazón, donde parasitan el miedo, la inquietud y el misterio.

  Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 2000
 

Tout lecteur a un jour fait l'expérience d'un roman qu'on ne peut refermer qu'au bout d'une nuit blanche, puis qu'on oublie en quelques jours. A l'inverse, il y a les livres qu'on lit d'abord parce qu'il faut les avoir lus, un peu lents, un peu ennuyeux, mais qui germent ensuite et dont les personnages deviennent nos familiers, de ceux qu'on reconnait des années plus tard au détour d'une conversation ou d'un article. La Noche del Zepelín (La Nuit du Zeppelin) appartient á une autre catégorie encore, plus réduite, celles des romans qui, le temps de leur lecture, colorent l'univers du lecteur d'une marque si forte qu'il se surprend á penser sans cesse aux personnages comme á des êtres de chair et d'os, á vivre avec eux comme s'ils étaient aussi vrais en quelque sorte que les gens qu'on croise chaque jour.

L'étonnant pouvoir du roman tient au talent de Romero á créer un univers, un microcosme fabuleux aux règles étranges, antinaturelles, mais parfaitement identifiables, parce que profondément inscrites dans le tréfonds de notre propre expérience psychologique. Pour qui est familier de l'univers de l'écrivain de nouvelles aussi troublantes qu''Aviones ou Nereidas, cela n'est pas une véritable surprise, mais, du fait du changement de dimension et de genre, on ne peut qu'être admiratif devant le foisonnement dément mais rigoureusement organisé du roman.

Je me suis posé sans cesse, pendant ma lecture de La Noche del Zepelín, la question des influences. Romero a-t-il lu Dickens, Lampedusa, Katherine Mansfield, Huxley, Borges ou Prada? Mais au fond, si l'on peut penser á l'un ou l'autre, et sans doute a d'autres écrivains encore, c'est simplement parce que sa fiction, comme les leurs, plonge aux racines de la conscience humaine du monde, dont la littérature se charge d'éclairer le chemin. Je mentionnais Dickens, et je ne peux qu'évoquer ici Miss Havisham, la « sorcière » recluse des Grandes Espérances, qui parcourt, une chandelle á la main, l'univers immobile dans lequel elle s'est volontairement murée, univers qu'elle a créé et où elle règne en démiurge inutile et absolu.

Dans un autre « hortus conclusus », un jour, un homme, « el señor», et son épouse parfaite, doublement immaculée, si l'on en croit son nom d'AIba Licornia, ont créé un nouveau monde et I’ ont peuplé de servantes frustes. Sans doute parce qu'il n'était pas certain que sa création était bonne, le seigneur en fit une copie, une maison de poupées peuplée d'automates á l'image exacte des habitants du domaine. Et ce geste-là installe la perversion au cœur de l'univers créé, dont, pour parodier le titre de son premier roman, Romero analyse ensuite, lentement et méticuleusement, « les signes de décomposition ».

L'auteur nomme son récit une « suite en cuatro estaciones », avec l’ambiguïté intraduisible du terme «estación», saison ou station, comme on parle des stations de la Croix, peut-être même cercle de l´enfer. Cette suite est aussi gestation, puisque les trois premières parties s'intitulent « zygote », « larve » et « nymphe », gestation d'une « imago », titre du quatrième mouvement, l’illusion et perversion de l'œuvre divine, puisque le dernier personnage vivant, le « fruit des entrailles » de sa mère, le fils unique du « seigneur » originel, joue dans sa solitude á empailler ses créatures comme son père les avait représentées. Un autre « signe de décomposition », c'est I ‘envahissement subtil et angoissant de la maison et du jardin par les phalènes et les chardons, par les fantasmes et les frustrations, jusqu'á ce que le spectacle qui se joue dans le huis-clos du roman soit du même ordre que celui de La Maison de Bernarda ou du Nom de la Rose, en version gothique et préfasciste.

La création d'un monde utopique ne peut en effet mener qu'á l'autoritarisme ou á l'absurde. D'abord, Romero explore l'espace de la dérision : le «seigneur» et Alba Licornia sont en fait des pornographes, révèles par des phrases licencieuses inscrites dans un album, que personne ne peut lire, puisqu'á l'exception de Pune des servantes, pour qui la lecture est le moyen d'obturer la réalité extérieure, tous les habitants de ce « meilleur des mondes » sont illettrés. Le « fils » du maître est en fait pendant du hideux et grossier Azrael, l’ange infernal, et ce fils, châtre á sa naissance, a re9U, en hommage á la fée Dragée du ballet Casse-Noisette, un nom de femme, Hada Dulce. Tout le règne de cet enfant du Diable fournit á Romero le matériau d'un roman gothique plein d'imagination et de surprise, jusqu'au jour oü, après une breve période de paix, lors de la « régence » de la douce Laura et de son fils Laureano, Hada Dulce «rentre de l'étranger» avec des nouvelles du monde, des talents de taxidermiste, Electricité qui attire les insectes les plus répugnants, un appareillage somptueux qui lui permet enfin de devenir la danseuse étoile du ballet de Tchaikovski dont elle écoute inlassablement le disque rayé, et l'explication du prodige d'une nuit où l’on avait vu passer la masse sombre et bleuâtre d'un zeppelin devant la lune et cru á un début d'apocalypse.

Dernier avatar de la longue succession de démiurges que met en scène Romero, Hada Dulce se met á son œuvre destructrice au nom de la pureté de la race et du désir « de corriger les nombreuses erreurs du hasard ». L'ange blond auquel elle travaille dans les dernières pages du roman, le corps qu'elle va fixer pour l’éternité dans sa beauté parfaite, est clairement identifiable. Nous sommes dans la période entre les deux guerres, et le jeu primordial du roman, l'équivalence du microcosme et du macrocosme, trouve ici son point d'orgue dans la métaphore de la fixation éternelle de la forme idéale au moyen d'une technique apprise auprès d'un professeur au nom allemand.

L'écriture de Romero est foisonnante. Le romancier convoque une grande culture au chevet de son roman, la Bible et le Coran, les genres littéraires les plus divers, des pays les plus variés. Les noms de fleurs, d'insectes ou de personnages nous ouvrent des abimes symboliques complexes, a l'image de cet «unicornio-Licornia» masculin et féminin, immaculé et pervers, splendide et repoussant, grandiose et dérisoire, épouse et phallus caché du dieu de cet univers exclusivement féminin. C'est de ce grouillement-là qu'on est ravi, dans tous les sens du terme.

 

Javier Memba, El Mundo, La Esfera, julio, 1999

Contaba Cecil B. De Mille que las películas, las historias podríamos decir en el presente caso de La noche del zepelín, han de empezar por un terremoto para seguir subiendo. El argentino Norberto Luis Romero parece haber tomado el pie de la letra esta máxima.Una novela que podrá ser rechazada por quienes se sientan agredidos por tanta crueldad, pero el resto de los lectores reconocerán en sus páginas literatura de la buena.

 

Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003

Romero apela a la naturaleza y a su metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se ceban en la destrucción del otro.

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Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes  (La noche del zepelín)

Construida como una suite musical, en cuatro estaciones o partes, La noche del zepelín es una novela de compleja decodificación por la riqueza de niveles y la variedad de símbolos que alimentan incesantemente su trama. Sin embargo, el lector se interna en el relato desde un primer momento seducido por el ritmo trepidante, casi de intriga policíaca o de misterio, de una narración que gira en torno a la tiranía del falo y las prebendas del poder.

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  Javier Goñi, El País, Babelia, 5, junio, 1999
  Norberto Luis Romero ha escrito una segunda novela La noche del Zepelín,  que es una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle, para atraparle, para entusiasmarle, desde un rico y sugerente horizonte: el Genet de Las criadas, el teatro furioso y los fabulosos seres hermafroditas de Francisco Nieva o el teatro pánico de Arrabal, o la tradición decadentista del final del siglo anterior, con ciertas gotas de sangre extraídas a lo Sade de la blanca y desnuda piel de las doncellas de la literatura libertina. Y, además, ese continuo revolotear, revoloteo o apareo, de falenas, ' de mariposas es, por qué no, homenaje a García Márquez viendo llover en Macondo o ante el pelotón de fusilamiento. Pero, bueno, éste es sólo el horizonte de esta espléndida historia de amor, irrenunciable, tóxico e imposible, a la que están abocados a vivir esas dos crisálidas, en unas páginas, hermosas mariposas, en otras, esos dos seres, tristes, patéticos, bellos, crueles, que son Laureano, el niño bastardo, y Hada Dulce, que guarda entre las piernas su secreto. Y ese amor con sabor a muerte, y esa pasión sólo colmada en la noche del zepelín, crece en ese invernadero mórbido y pútrido como un estanque de nenúfares al que los modernistas olvidan cambiar el agua que es el viejo caserón en donde, amos y criados, en la trágica y tradicional ceremonia de la confusión suben y bajan, se aman y se odian. Norberto Luis Romero, un hábil y espléndido rebuscador del lado más morboso y escatológico de la existencia humana, logra siempre, como ocurría en su novela anterior, Signos de descomposición (una narración muy relacionada con ésta, aunque en aquélla la atmósfera no era tan asfixiante como en ésta, especialmente mórbida, enfermiza y, con todo, lo subrayo una vez más, cuidadosamente hermosa), extraer de entre esa basura piedras hermosas, con las que va haciendo su acertado collar de escritor: un escritor poco conocido, pero que, me consta, es de culto para aquellos que tienen la suerte de haberlo leído. Romero trabaja muy bien con materiales de desecho, esos que pertenecen al lado más oscuro del ser y que sólo ocasionalmente asoman por la escotilla de la literatura; esos materiales con los que se ha hecho literatura como la citada (en apresurado ejercicio de memoria) en el primer párrafo. No rehuye meter la mano en tan, en principio, pocos gratos componentes, pero construye su historia, asiste a la muda de las crisálidas, al torpe y turbio aleteo de ese par de falenas (los dos protagonistas: de falenas, de mariposas, de insectos, está llena la casa-invernadero), con tal acierto que el resultado es una desasosegante y hermosa novela, que inquieta y turba, que hace sentirse incómodo, a veces, que llena de excitación en otras, que conmueve y que colma. Al final de su lectura, moderadamente cansado, el lector recuerda a todos los personajes, desde el monstruo-madre hasta la monstruosa gobernanta, desde el pobre Asrael, un muestrario de vicios y pasiones castigado por do más le podría doler hasta el coro del sufrido servicio doméstico, y recuerda, además, cada una de las escenas, las más hermosas o las más repulsivas, incluso el bello final de la página 34 con el apareo en pleno vuelo de una pareja de falenas. Antiguamente todas estas cosas ocurrían con las novelas. Ocurre con la de Norberto Luis Romero.
 

María Rosa Fiszbein, Lateral, septiembre, 1999

La noche del Zepelín es una buena novela sobre malos, una novela de altura sobre la bajeza y que, como tal, merece ser apreciada por su propia valía.

 

 

  SIGNOS DE DESCOMPOSICIÓN. 1996

 

 

Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1998

 

Norberto Luis Romero a á son actif plusieurs recueils de nouvelles. II livre, avec Signos de Descomposición, son premier roman, qui est, á proprement parler, un roman de nouvelliste. L'auteur a parfaitement réussi son passage á un texte plus long et plus étoffé, tout en conservant ce qui fait la forcé de ses nouvelles, le choc culturel qui nous propulse d'entrée de jeu dans un univers régi par d'autres lois que celles du monde et nous envoûte en nous déstabilisant.

Romero procède ici de même, et ne nous ménage pas. L'ouverture est une scène de défécation et d'observation de ses selles par le narrateur, qui se proclame lui-même "insignifiant", á la recherche de tronc.ons de vie animale dans ses excréments. Je dois avouer, pour être parfaitement honnête, avoir eu envié de laisser, avec ce premier signe de décomposition, le roman et le narrateur á leur destin, sans moi! Mais cela aurait été une erreur, car cette scène, dérangeante, pose parfaitement le cadre du roman, l'univers étroit et nul du narrateur, ses obsessions délirantes, qui vont peu á peu nous devenir familières, et même finalement nous intéresser.

Le narrateur est l'anti-héros parfait, pervers et égoïste, obèse et repoussant, le centre d'un univers rétréci á de vrais problèmes et á des exaltations fantasmatiques. Une mère mourante, avec laquelle le narrateur occupe ses journées á constituer un "vrai-faux" album de photos rempli de clichés trouvés, subtilisés, ou découpés dans des magazines, qui inventent une famille qui aurait pu être la leur; un amant dévoué, qui n'est jamais désigné que comme "l'intrus", que le narrateur torture, espionne et exploite avec méchanceté; le jeune voisin d'en face, dont le narrateur ne peut voir que la moitié inférieure du corps, lorsqu'il danse, nu, devant sa fenêtre; et puis, dernière obsession, et la plus grossière, le ténia qui habite le corps du narrateur, qu'il observe avec le soin jaloux d'une future accouchée, et dont il conserve dans le formol les morceaux retrouvés, dans une contemplation nombril que rassurante.

Si Romero parvient si habilement á nous intéresser á cet univers qui tourne á vide, comme une litanie obsessive qui se vide au fur et á mesure de son sens, c'est que le narrateur a mis la main á la plume, ce qui est un signe de vie qui nous fascine. Parce qu'il va mourir, comme sa mère grabataire, comme son jardin négligé et transformé en décharge d'ordures, parce que paradoxalement, il enfle de tout le vide qui l'occupe, anorexique qui se croit obèse, valide qui se déplace dans une chaise roulante, parce qu'il se défend, avec toute sa veulerie et toute sa rancœur, contre les assauts du démembrement de la mémoire, ce que Romero appelle joliment "desmemoria" (qui évoque "desmembrar" aussi bien que "memoria"), le narrateur anonyme nous retient et nous fascine. Sa survie est la recherche de la réponse á une question existentielle: "Ai-je vécu si je ne laisse pas de trace de mon passage?" ("como morir definitivamente cuando nadie queda vivo para evocarnos.").

Et la paranoïa du narrateur est son mode d’écriture. Au gré du texte, subtilement, Romero place le doute sur la parole du narrateur. On s'étonne d'abord qu'il se décrive obèse alors que son amant lui parle sans cesse de son anorexie et l'encourage á manger les plats qu'il lui prépare. Certains recoupement nous forcent á nous interroger sur le journal du jeune homme d'en face, trouvé dans une poubelle et dont le narrateur alimente sa passion pour le demi-corps qu'il admire, ou encore sur les raisons de l'étrange danse amoureuse du voisin qui, en toute logique, ne peut pas voir son voyeur. Seule la fin du roman nous révèle ce que j'aimerais appeler "la" vérité, mais qui n'en est peut-être qu'"une" autre, á savoir la version de "l'intrus": le cahier trouvé est le sien et le "jeune homme" est en fait un vieux danseur défiguré qui porte des collants couleur chair.

II en est du roman comme du cahier de l'intrus, qui devient un temps l'objet d'une fantasmagorie homosexuelle, dont le narrateur cherche désespérément á tenir éloigné le véritable auteur du journal, son amant, dont le tort est seulement d'exister. Le narrateur est en fait comme les photos de son album, qui sont á la fois vrais ct fausses, c'est-á-dire en même temps "signes de composition" ct "signes de décomposition". Rappelons-nous ce que Romero nous livrait dans sa nouvelle Samarcanda:

"Samarcanda no es solo una cuidad: son dos. Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y secreta, de la cual únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos rumores soterrados y adivinar sus calles empedradas y sus palacios fastuosos."

Deux univers coexistent dans Samarcanda, celui qu'on voit, et l'autre, "occulte et secret", que seul l'auteur connaît.

  Reina Roffé, Prima Littera Nº 2, 1997

Hay en Signos de descomposición una nutrida gama de niveles que favorecen una interpretación plural y hacen apetecible su lectura. Se trata de una novela que rompe con las convenciones narrativas para abismarse en un juego desestabilizador que explora en las capas profundas de la interioridad individual mediante la subversión de los valores.

 

Juan Bonilla, El Mundo, La Esfera, junio, 1998

Norberto Luis Romero es un buen retratista de atmósferas inquietantes y personajes angustiados. Su novela Signos de descomposición desasosegará al más pintado: es un obsesivo relato de terror minucioso. Las facultades del autor le permiten no tener que recurrir a más truculencias que las precisas.

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Javier Goñi, El País, Babelia, junio, 1999 (Signos de descomposición)

Norberto Luis Romero, un hábil y espléndido rebuscador del lado más morboso y escatológico de la existencia humana, logra siempre extraer de entre esa basura piedras hermosas, con las que va haciendo su acertado collar de escritor: un escritor poco conocido, pero que, me consta, es de culto para aquellos que tienen la suerte de haberlo leído.

 

Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003

Romero apela a la naturaleza y a su metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se ceban en la destrucción del otro.

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  EL MOMENTO DEL UNICORNIO. 1995

 

 

Javier Goñi, El País, Babelia, junio, 1999

El momento del unicornio es una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle y atraparle, para entusiasmarle.

  Nadine Chadefaux, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1997
 

Dans ce recueil Norberto Luis Romero décline avec une parfaite aisance des thèmes aussi hétéroclites et universels que l’amour, la mort, la sensualité, ou la puissance de I’ onirisme. De son écriture fluide et de son style concis, il amène le lecteur á l'émotion et á l'inattendu, jouant perpétuellement avec la mince frontière qui sépare le rêvé de la réalité.

Ponctuellement, au cours du récit, des tranches de vie, des souvenirs resurgissent, d'abord distincts, puis progressivement se confondant avec le présent, jusqu'á l´osmose, La fin du conté, qui mêle souvenirs et réalité, crée une autre dimension, une supra-réalité où l’âme d'enfance devient le principale protagoniste. "Le Moment de la Licorne" ne serait-il pas ce moment si proche de la venté que tous souhaitent atteindre sans y arriver jamais?

 

Fernando Iwasaki, Revista renacimiento, 15/16, primavera, 1997

  Como la mayoría de especialistas en relato breve, Norberto Luis Romero es un autor marginal. Y como la mayoría de escritores hispanoamericanos que por razones ajenas a su voluntad (la edad, por ejemplo) no tiene nada que ver con el boom, Norberto Luis Romero es un autor afantasmado. Sin embargo, sus libros son verdaderos objetos de culto y su obra ha sido traducida al inglés y al francés. El momento del unicornio es un libro que tiene todas las virtudes de las buenas obras del género: historias redondas y turbadoras con la intensidad justa, y escritas en una prosa elegante y personal que no renuncia a su habla original sin caer en la jerga críptica o costumbrista. Y eso sí, con unas claves propias que dan sentido a la fantasía y originalidad de Norberto Luis Romero. Así, hay relatos de corte fantástico realmente excepcionales como «Joyas», «Francotiradores», «Ritual de los espías», «La última plañidera» o «Diario del taxidermista»; evocaciones y reelaboraciones literarias de la memoria como «Frutas en la siesta», «Para que no entren las gitanas» o «El olor de las algas» y, especialmente, cuentos magníficos que tienen el sello personal -poblados de sensualidad y desasosiego- de Norberto Luis Romero: «Última noche de carnaval», «Hibiscos» y «El momento del unicornio», un relato sobrecogedor.
  Juan Manuel de Prada, Clarín, abril, 1997
  Si la inteligencia no fuese tan avara con nuestros críticos, El momento del unicornio  ya habría sido saludado como una de las más gozosas y perdurables muestras de la vitalidad de este género.

 

 

       CANCIÓN DE CUNA PARA UNA MOSCA DOMÉSTICA, 1987

 

 

Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1996

 

A mi-chemin de la science-fiction et du conté, le recueil de nouvelles de Norberto Luis Romero constitue une lecture pleine de fantaisie et de charme.

La langue de l'auteur est simple, ronde, sonore, presque quotidienne, dépourvue presqu'entièrement d'étrangeté ou d'exotisme. Les narrateurs de Romero, jamais identifiés, semblent interchangeables, des hommes, célibataires ou domines par des épouses castratrices ou dévoreuses, qui, tous, essaient d'être adultes, de faire face aux situations étranges qu'ils rencontrent, et n'y parviennent jamais très bien. L'un se laisse aller au gré de sa fantaisie a faire revivre la première propriétaire d'un très vieux flacon de faïence, á la conquête de laquelle il sacrifie l'équilibre de son univers bien réglé. Un autre habite peu á peu le corps d'un mille-pattes que son épouse écrase á la dernière ligne de la nouvelle. Un troisième, le narrateur de la dernière nouvelle, qui donne son titre au recueil, pour sortir sa femme de sa dépression, fait composer á grand frais une Berceuse pour Mouche Domestique, qui n'a d'autre fonction que d'accompagner la mort de l'animal, et sans doute celle de l'amour.

La logique des personnages de Romero se fonde sur des prémisses fausses, puisqu'il faut nommer ainsi celles qui ne sont pas les nôtres, mais est absolument inattaquable sur le plan du raisonnement. On ne compose pas de berceuses pour les mouches (qui sont sourdes), comme plusieurs compositeurs le rappellent au narrateur, mais, si cela pouvait se faire, on ne s'y prendrait pas autrement que dans la nouvelle. Les Néréides sont des créatures mythologiques, mais, si elles existaient, elles ne pourraient agir différemment de celles qui, dans la nouvelle Nerereidas, conquièrent la terre île par ile au gré de leurs charmeuses incursions. Dans ce recueil, on est toujours au carrefour maléfique de la paranoïa, du délire et de l'angoisse, "de l'autre cote du miroir". Et l'on n'est sur de rien, et surtout pas de notre langage, comme le démontre la première nouvelle du recueil, Gráfilos, sur les petites bétés invisibles qui recomposent les caractères sur les pages de nos livres lorsqu'ils sont fermés, et dévorent les lettres jusqu'au cœur du récit que nous lisons.

Romero nous demande, dans chacune de ses nouvelles, de passer de l'autre cote, d'accepter d'entrer dans une autre logique et une autre lecture. C'est le propos de la science-fiction, mais aussi celui de la fiction tout court. Bien au-delà de Lewis Caroll et de son accouplement d'un conteur adulte et d'une enfant, il faut remonter á la mythologie classique pour saisir le jeu de miroirs que Romero nous tend. Notre mode de pensée a substitué des théories rigoureuses aux légendes qui, pour les Grecs et les Romains, expliquaient efficacement l'univers. Romero nous oblige à voyager d'un mode de pensée á l'autre, en fonction du point de vue qu'il choisit, á l'image superbe de sa vision de Samarcanda dans la nouvelle centrale du recueil (sans rapport aucun avec une ville réelle qui pourrait porter le même nom):

"Samarcanda no es solo una cuidad: son dos. Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y secreta, de la cual únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos rumores soterrados y adivinar sus calles empedradas y sus palacios fastuosos."

Et l'envers de la réalité, l'envers du monde, comme chez Kafka, Lewis Carroll ou Bradbury, ne nous renvoie qu'á l'angoisse d'une mort jamais domptée, celle du mille-pattes ou de la mouche, celle des humains envoutés par les filles de Nérée, ou celle du langage, évoquée avec forcé dans la nouvelle Aviones où les passages répétés d'avions invisibles sur la ville ont pour étrange effet la perversion absolue du discours, jusqu'á l'absurde du chaos.

 

      TRANSGRESIONES. 1983 y 1986

 

 

Rolando Camozzi, ABC, sábado cultural, 16, julio, 1983

 

Un conjunto de catorce relatos forman estas “Transgresiones”, primer premio Noega de libros de cuentos. Y como su título indica, característica del conjunto es precisamente transgredir lúdicamente (a veces incluso gráficamente, en la presentación trastocada de impresión y páginas de lectura al revés) la realidad fáctica y su lógica cotidiana. El procedimiento es a la vez sencillo y agradable: cambiar las situaciones, romper los límites previstos por la expectativa corriente, presentar lo imprevisto o lo imprevisible como si fuera lo normal. Todo, en lo mínimo y pequeño de las cosas diarias, sin mayores pretensiones que lograr un momento de entretenimiento fantasioso, sin excluir a veces una sugerencia o sugestión mayor, tal como parece refractarse en “Espejos”, rostros que uno mismo proyecta sobre los cristales o reitera porque los amó; o en “El jardín”, con la muerte del jardinero, la flor luminosa y el jardín.

Las transgresiones son de orden verbal e imaginativo. Con frecuencia se derivan de asociaciones de imágenes o de referencias sinestesias. Así, "Llegada del otoño en Constantinopla" es un otoño que no marchita hojas o paisajes silentes, como suele, sino orejas humanas que caen; o “Epifitas”, los microbios que se respiran son trucados en mariposas que se expelen coloridas cuando se bosteza; sin olvidar “Simetrías”, reflejo por mitades de vidas anodinas que apenas se viven o simplemente duran o sobreviven. Dos medias vidas o ninguna, porque la vida no es precisamente simple suma de mitades.

Mas en la línea de lo fantástico, fantasmagórico, de atmósfera de sorpresa, están “La ciudad”, con sus rasgos a la vez insólitos y comunes; “El círculo”, con su símbolo de perfección, si bien referido a la historia —si única y exclusiva, anodina— de un botón; “E! huésped”, aunque invisible, con su presencia premonitoria y un deje de extrañeza que insufla inquietudes en lo diario y reiterado, y por sobre todo, “Los seres queridos”, acaso el relato de mejor aliento, seres que no mueren, sino que resucitan.

Con estas “transgresiones”, si pequeñas, amables y cotidianas, se logra un clima de conjunto, una atmósfera despejada, un pequeño mundo de distracción y burla. Si todo fuera distinto en las rutinas y ritos cotidianos y consabidos, ¿qué sucedería? Quizá algo más divertido. En todo caso, algo menos aburrido.

Lastima que de Norberto Luis Romero nada se nos diga. Puede, no obstante, deducirse del prólogo de Daniel Moyano, que es autor rioplatense y que éstos son sus primeros cuentos. Estilo y lenguaje utilizados no sitúan en ninguna geografía humana estos relatos. El manejo del idioma es claro, limpio, pero abierto, sin concreción de espacio. Un vuelo de fantasía que sucede en él hombre y en cualquier parte. “Transgresiones” siempre posibles, sin cortapisas, sin coordenadas precisas. Unos cuentos sin estridencia, en donde vuela la fantasía y guiña la amabilidad.

 

Diario de León, Viernes Literario, 1, julio, 1983

Desafíos, en suma, a las irritantes certezas de las que el hombre no puede desprenderse, en un juego donde uno mismo, en el ámbito virtual que crea la relación autor-lector a través de la escritura, es el azar o la burla, donde uno mismo se siente alegremente trasvasado para jugar en libertad y disponer que el orden establecido se convier­ta en un perfecto disparate, en una continua "trasgresión" de la realidad cotidiana.

 

Ignacio Xurxo, Clarín, Cultura y Nación, Buenos Aires, 13, octubre, 1983

El joven Romero no pretende ser un adelantado, pero acredita cualidades como para apreciar que no es tampoco un náufrago con viento benefactor y bandera arrogante. Cada una de sus singladuras fue cum­plida con más cabeza que corazón, con arreglo a las leyes del género pero no a las del descontrol juvenil.

 

La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 10, diciembre, 1989

El tono, la coloratura, la disposición de am­bientes, la composición se perfecciona en una continua transposición hacia lo desconocido. No son temas fáciles ni comunes, tampoco contundentes excepciones, pero Norberto Romero alcanza a eludir, el convenio relativo de lo manifestado, mediante la definición del espacio que circunda a la realidad y el tiempo que se aglomera en las profundidades de la fantasía. Esa condición elusiva se encuentra marcada, no por la tangencialidad de un esbozo grotesco, sino por un esfuerzo compartido entre la síntesis y el equilibrio de la metáfora.

 

Luis Blanco Vila, Libros-cultura, diario YA,  11, noviembre, 1989

...nos encontramos ante un escritor que cuenta cuentos. Cuentos de verdad, no relatos, ni ensayos, ni zarandajas que pretenden colar como cuentos. Cuentos como los de Kafka, los de Kapec, los de Hrabal, los del mismísimo Borges. Cuentos que te dejan el alma en suspense, que penetran en el espíritu y cargan de maravilla la sensibilidad del lector.

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