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Opiniones
 
  TIERRA DE BÁRBAROS
Ángeles Prieto, La tormenta en un vaso, 4, enero, 2012
 

Hombres sapo, monjas que levitan, médiums, la maldición de una momia comechingona, tigres borgianos que aparecen en Buenos Aires y en Córdoba, la metrópolis y el interior, civilización o barbarie, Juan Manuel de Rosas y Facundo Hernán Quiroga son algunos de los múltiples elementos que transitan por esta historia y que, conducidos sabiamente por un auténtico festín del lenguaje, concluyen en un final apoteósico que convierten a esta novela en un placer difícilmente olvidable. Uno de esos libros que es imposible dejar olvidado en el asiento del autobús y que, una vez terminado, sientes ganas de volver a empezarlo de nuevo.

Su autor, Norberto Luis Romero, de origen argentino pero sobradamente conocido en el cada vez más reducido mundo de las letras excelentes, firma esta novela tras una ingente y larga trayectoria jalonada de piezas excepcionales: El momento del unicornio (Tropo editores), que recoge cuentos verdaderamente magistrales; La noche del Zeppelín (Valdemar, véase crítica de Miguel Baquero en este mismo blog) novela trepidante; Ceremonia de máscaras, Bajo el signo de Aries, Emma Roulotte es usted o Signos de descomposición son algunas de sus obras que todo lector entendido debería conocer.

Y aunque podríamos encuadrar su argumento dentro de lo que se ha venido en llamar “literatura de realismo mágico”, yo no lo consideraría así dada la consistencia y el rigor histórico demostrado en su desarrollo, así como por la naturalidad que en el desconocido y deslumbrante paisaje argentino del siglo XIX presentan sus personajes, nada excéntricos en él, a mi modesto entender, por mucho que puedan parecernos.

Un mundo espléndido pero también de trabajo duro, de crecimiento y prosperidad económica, por el que Argentina se abría a los estados europeos con su estatus de tierra de promisión para todos los desventurados, hambrientos de pan y sedientos de justicia, que llegaron para llenar aquel país de gentilicios y eufonías procedentes de todos los confines de la Tierra. Un lugar de acogida para metecos, un territorio mestizo, increíblemente rico, gentil y culto. Pero también una tierra de bárbaros y salvajes, como sabiamente nos indica su autor, donde ya aparecen flotando cadáveres en los muelles, lamentable señal de que ya existe la “mazorca”, aquella penosa institución gansteril del periodo rosista, que se vio tristemente continuada por la “patota”, en el siglo veinte.

Pero es que además, esta no es una novela histórica strictu sensu, entendiendo por tal el registro escrupuloso de hechos históricos, pero puestos al servicio o servir de atrezzo, a las aventuras de una pareja protagonista. Hay más, muchísimo más, hay mensaje profundo bajo un desfile de personajes de marcado carácter y personalidad, algunos aparentemente locos, siempre fuertes y competitivos, donde la fantasía de Norberto se despliega para atraparnos en un ambiente único y magistral, decididamente original, quizá el mayor logro de esta brillante novela.

Todo ello con un lenguaje rico, musical y subyugante de hermosas palabras, sin concesiones a la vulgaridad, ni a los trillados lugares comunes, de los que esta novela espléndidamente está exenta. Un mundo que no deberíamos dejar de visitar porque con este libro crecemos: nos hace más libres, cultos, críticos y felices. Y lo cerramos con provecho.

Miguel Baquero, El heraldo del henares, 29, dic, 2011
 

“Tierra de bárbaros”, la última novela de Norberto Luis Romero, está situada en Argentina en los primeros años del siglo XIX, cuando el país acaba de independizarse de España y existe una pugna soterrada entre federales y unitarios, cada quien secundado por su correspondiente cacique en las provincias y por su respectiva banda de sicarios. Bandas que luchan por hacerse con el poder, a base muchas veces de jugadas traicioneras…
        El lector que se enfrente por vez primera a una novela del argentino Norberto Luis Romero encontrará que, aunque en principio parece transitar por una narración al uso, algo hay, sin embargo, al fondo de la historia que se presiente inquietante. No sabría decir, el lector, exactamente qué, pero sin duda existe algo, “ahí abajo”, que está cobrando forma poco a poco.
        Al paso de las páginas, muy pronto tendrá ya la plena seguridad de que, pese a que en apariencia todo se mantiene firme, la narración sigue su línea, en cualquier momento, quizás al doblar la siguiente hoja, ocurrirá algo distinto, sucederá lo inexorable, se precipitará los hechos por un camino distinto… y trágico.
        Desde su primera novela, “Signos de descomposición”, el argentino Norberto Luis Romero se ha mostrado como un verdadero maestro a la hora de establecer un ritmo “in crescendo” en las narraciones, a la hora de mantener el pulso con una firmeza asombrosa en progresión continua hasta el clímax final.
         Gran merito de ella lo tiene la forma en que sabe crear los escenarios de sus novelas: unos ambientes decadentes en los que se da la mano lo más refinado y lo más sórdido de la sociedad, los salones más lujosos y, a unos metros, las cloacas humanas más inmundas, las damiselas vestidas con miriñaques y los monstruos circenses.
        Como en sus novelas anteriores, en esta nueva “Tierra de bárbaros” Norberto Luis Romero cumple a la perfección, y desde la primera línea, la que yo creo que es, o debe ser, la máxima irrenunciable de un novelista, como es construir un universo propio y suficiente. Crear un mundo con consistencia literaria e introducir al lector de lleno en él, hacerlo envolvente (y en el caso de Romero, perturbador) y sostener esa ficción sin desmayo.
        En el caso de “Tierra de bárbaros”, en un país enajenado, como ya se ha dicho, por las pugnas políticas, todo parece cambiar -desde luego en el ámbito que cubre la novela- cuando un día unas muchachitas ociosas de la buena sociedad de Buenos Aires deciden entretenerse desenterrando una vieja momia india…
        Y al abrir la vasija donde estaba contenida la vieja momia, toda esa tensión de pronto estalla, la maldición se materializa, y la novela toma un rumbo sorprendente, inimaginable para el lector por más que anduviera, a estas alturas, ya precavido… La novela pasa a convertirse, ya abiertamente, en un dechado de imaginación, de imágenes impactantes… y, por supuesto, de literatura.

Miguel Baquero, Revista de letras, 12, dic, 2011
 

Norberto Luis Romero es, seguramente, uno de los escritores con más personalidad, y de un estilo particular más identificable, de cuantos hoy en día escriben en castellano. Ya desde su primera novela, Signos de descomposición (1996), que supuso todo un descubrimiento, pasando por esa otra excelente obra, que ahora se reedita en eBook, La noche del zepelín, y así a lo largo de otras cinco novelas, este escritor argentino, afincado desde hace tiempo entre Madrid y Mallorca, se ha convertido en un auténtico maestro de lo que podría denominarse “narrativa inquietante”.

Emparentada en gran medida con el género de terror, se trata de una literatura, la de Norberto Luis Romero, que tiene el objetivo último de turbar al lector. Sus novelas se desarrollan en espacios decadentes, cerrados, antinaturales, unos escenarios sobre los que se presiente algo así como la inminencia de una cruenta maldición que, poco a poco, página a página, con un ritmo implacable y una firmeza sin desmayo, va tomando forma. La atmósfera de la novela, con una extraordinaria maestría, va volviéndose cada vez más asfixiante, progresivamente más opresiva… hasta llegar a unos finales realmente prodigiosos de imaginación, de aceleración… y de pavura. Es precisamente esta capacidad de Norberto Luis Romero para crear ese clima morboso, para sumergir al lector en un mundo escatológico (escatológico no es el sentido corporal que solemos emplear, sino en el sentido de lo que se refiere a las postrimerías, a lo que está más allá de la muerte) lo que hace de él un autor excepcional.

En su última novela, Tierra de bárbaros, la acción se sitúa en la Argentina de comienzos del siglo XIX, recién lograda su independencia de España. En un ambiente de hostilidad entre los dos partidos enfrentados, federales y unitarios, de caciquismo en las provincias, bandidas de salteadores en los caminos, y en Buenos Aires una burguesía con pujos de aristocracia que pretende no descolgarse de las últimas modas europeas, la novela parece, en un principio, seguir el camino del relato histórico o la crónica de la época, por otra parte muy conseguida. Sin embargo, al fondo de todo parece latir una amenaza, una presencia abominable que lentamente se va definiendo y que cobra forma el día que unas jovencitas aburridas de la buena sociedad, para pasar el rato, deciden dar una fiesta mundana en la que, como diversión final, se libre de sus vendajes a una vieja momia india…

Narrada con un pulso firme y con la progresión realmente admirable que se ha reseñado y que es propia del autor, Tierra de bárbaros es una novela que viene a aumentar, si hiciera falta, el prestigio de Norberto Luis Romero como escritor de novelas inquietantes pero, sobre todo, como escritor de auténtica y original literatura.

Antonio Paniagua, HOY.es, El Correo.com, diariovasco.com, 10,dic, 2011
 

Corre el año 1835 cuando a Buenos Aires arriba un barco cargado de monjas de una extravagante orden. Junto a las religiosas desembarca una mulata portuguesa dotada de poderes adivinatorios. La ciudad portuaria se cuece bajo un calor sofocante, asolada por la pestilencia y las moscas. En este ambiente enrarecido un grupo de damas de la alta sociedad porteña sestea en su aburrimiento y decide organizar una fiesta por todo lo alto. Argentina vive años convulsos, días en los que imperan la miseria, el caudillaje y el asesinato político. Con estos mimbres el escritor Norberto Luis Romero urde una historia a caballo entre los géneros fantástico e histórico. 'Tierra de bárbaros' (Paréntesis) es una novela coral en la que el escritor hispano-argentino retorna simbólicamente a su tierra, de la que lleva 40 años ausente.

Romero, maestro en recrear ambientes sórdidos y agobiantes, ha alumbrado una novela de acción trepidante, con una galería de personajes inmersos en un drama trufado de humor y situaciones grotescas.

Con un lenguaje preciso, pulquérrimo y elegante, el escritor, un referente imprescindible para entender el gótico español, reconstruye los dos gobiernos del caudillo Juan Manuel de Rosa. La acción transcurre en unos escenarios unas veces inventados y otras históricos, y que van desde las mansiones de las clases adineradas hasta los bajos fondos de Buenos Aires, desde estrafalarios conventos hasta pulperías con malevos y asesinos, pasando por tolderías de indolentes y pacíficos aborígenes aficionados a sacarles la lengua a los blancos.

"El contacto con el lenguaje, con el habla de mi tierra, lo había perdido y tuve que recuperarlo, además, cerciorarme de que fuera el empleado en la época. Esta fue, quizás, la mayor dificultad a la hora de recabar información para dar toda la verosimilitud posible a la acción", dice Romero.

La maldición de un espíritu. Una maldición lanzada por un espíritu ofendido acabará de rematar el desasosiego permanente de una sociedad inmersa en conflictos políticos y guerras intestinas, una sociedad mestiza en la que conviven inmigrantes de todo el mundo, menesterosos y ricos hacendados, ladrones y familias de alcurnia, políticos y esclavos, adivinas y monstruos de circo. Todos hallan cabida en esta historia entretejida en una atmósfera sofocante unas veces, luminosa otra, las más, saturada de dolor, rencores cuando no de sangre.

Aunque los hechos narrados son ficticios, 'Tierra de bárbaros' es una novela con un compromiso evidente. "Dejo muy claro que la historia de Argentina, tal vez como la de todos los pueblos, está escrita con sangre e infamia, y que tanto la sangre derramada como la infamia no son únicamente patrimonio del siglo XIX, forman parte de la historia reciente que muchos hemos vivido." La última obra de Norberto L. Romero aborda la fractura de un país que separa a los federalistas de los unitaristas. Mediante un audaz maridaje entre historia y fantasía, el autor narra las peripecias que se producen en torno a una momia, episodio que empieza siendo jocoso y termina de forma sombría.

José Vicente Pascual, La biblioteca imaginaria, Granada, dic, 2011
 

Argentino, afincado en España desde hace bastantes años, Norberto Luis Romero es un autor con suficiente experiencia y demostrada trayectoria literaria. La suficiente (sobrada), como para abordar esta novela desde unas premisas “clásicas” dentro de lo que se ha venido considerando propio de la narrativa iberoamericana en las últimas décadas: el realismo mágico. Podemos poner los matices que queramos a esta catalogación (quizás demasiado sencilla, o simplista); pero, a poco que guardemos objetividad al respecto, será imposible buscar un acomodo de referencia más preciso para esta singular y desde luego sobresaliente novela. Por otra parte, Norberto Luis Romero, escritor de honda formación y conocimiento, tiene la virtud, acaso insólita, de instalarse en este ámbito de lo real maravilloso con plena potestad y, al mismo tiempo, aparecer refractario, opuesto a los clichés comerciales, el referente espurio de “aguas para chocolates”, “casas de los espíritus” y demás productos mercadotécnicos que han convertido este canon literario, defendido magistralmente por Alejo Carpentier en el prólogo a El reino de este mundo, en un género devaluado, lábil, acaramelado y lindante con la emotividad televisiva de los culebrones suramericanos. No es el caso de Tierra de bárbaros, cosa previsible en un auténtico, talentoso y pundonoroso autor como Norberto Luis Romero.

Si hablamos de realismo mágico, la primera referencia es el estilo. Tierra de bárbaros, sin caer en barroquismos, alambicamientos ni artificios, exhibe una prosa rica, frondosa, bullente en expresiones y vocabulario mestizo, en un magma indiferenciado donde el puro español se transmuta felizmente en ese otro idioma que el autor, en ámbitos más privados, denomina argeñol: el idioma de la América hispana, por donde transitan con toda naturalidad vocablos y expresiones propias del más vetusto y venerable castellano junto con los procedentes del habla coloquial en los distintos segmentos sociales, los términos indígenas, los africanismos, los barbarismos de toda procedencia. No es casualidad que la protagonista de la novela (si es que cabe hablar de protagonistas en esta “novela río”), se llame Dorothy. A fin de cuentas, el finalismo británico es parte irrenunciable del alma argentina, la cual Dorothy encarna con sobrada dignidad a lo largo de la narración.

El argumento, igualmente, nos remite a la naturaleza dual de los fenómenos manifestados al ser humano: realidad y magia. O lo maravilloso de la realidad si se prefiere. Por una parte, nos encontramos con la pugna histórica, definitoria del siglo XIX argentino, entre los belicosos caudillos federalistas y los opulentos unitaristas. Una lucha despiadada, a veces tintada de excesiva crueldad, como en el episodio del asesinato de Quiroga, que no acabará de decantarse hasta mucho tiempo después y que mermará de forma notable las posibilidades que Argentina tuvo, en sus “buenos malos tiempos”, de convertirse en la gran potencia americana, cuando Buenos Aires competía con Nueva York por ser el gran puerto atlántico, la gran urbe continental; ese tiempo en que la nación argentina, ubérrima de recursos y nutrida por una inmigración extraordinariamente caudalosa, anhelaba ser… lo que nunca llegó a ser. Esa truncada pasión argentina ha dado ocasión a numerosas y a menudo muy brillantes obras literarias, como la que se comenta.

Por otra parte, en íntima ligazón con los sucesos históricos (objetivos, reales), se desarrolla ese mundo evocador, pleno de simbolismo, incierto y atractivo de la magia cotidiana de lo real, cuando esa misma realidad pasa por el tamiz y la mirada de las muchachas, hijas y esposas de la buena sociedad bonaerense, las cuales, ajenas a los cataclismos políticos que asolan y enfrentan a sus familias, comentan desde su particular y tonante, melódico punto vista, los acontecimientos públicos. Esa charla de media tarde, bajo el calor sofocante de un verano déspota, deviene en mezcla encantadora, muy femenina en el buen sentido del término; un brillante mosaico donde se entreveran sentimientos con razonamientos, intuiciones con certezas, acontecimientos privados (la esterilidad del matrimonio de Dorothy siempre en primer plano), con eventos públicos de primera magnitud; y todos y cada uno de estos elementos tiene, para las contertulias, la misma prevalencia: partículas de un todo que es la vida fluyendo impetuosa y ante la que ellas, casi siempre, asisten como deslumbradas espectadoras.

Hay una “vuelta de tuerca” sin embargo a esta visión amplia de lo real expresada en lenguaje literario. Sinceramente creo (quizás ande muy errado, se acepta el riesgo), que Norberto Luis Romero ha intentado (desde mi criterio con éxito), conjugar dos veneros opuestos en el ámbito de la literatura que pretende abarcar hacia lo metareal: el realismo mágico y el surrealismo, en la medida que este último nutría gran parte de sus fuentes de inspiración a partir del psicoanálisis. La simbología “fuerte” de Tierra de bárbaros, arranca con la visión de un soberbio tigre, escapado de un circo, y se cierra con la misma imagen. Encontramos en el camino, a modo de ejemplo ilustrativo, la infecundidad de Dorothy, el deambular de religiosos y santeras, prostitutas y damas de moral granítica, monjas castradas con brutales cinturones de castidad, sacerdotes arrasados por la sensualidad de la tierra, y el colofón de este marasmo perfecto de emociones imperfectas: la fiesta de la momia, con su resultado de colectiva gravidez que afecta a mujeres habitantes “del otro lado” de lo real. Por ese motivo, los embarazos no prosperarán, no nacerán más niñas (nunca niños, espléndida y sutil la permanente alusión al “eterno femenino” en la novela); y de la misma manera que Argentina no llegará a culminarse como país hegemónico, las gentes y la vida que la habitan quedarán en la misma, deslustrada posición del majestuoso tigre fugitivo: amagando su poder, exhibiendo en vano su belleza. Una soberbia fuerza inaplicada que dará como resultado (así la historia lo demuestra), el propio destino de aquel país y, en suma, de Iberoamérica: el sobrecogedor escenario de un aterrador vacío.

No sé si esta era una de las intenciones, puede que la principal, del autor al escribir Tierra de bárbaros. Al menos, así ha leído la novela quien estas líneas firma. Y así la cuento. El que quiera saber más, ya sabe: a la librería. Seguro que no se arrepiente.

J C Planells, Fact&Fiction, 21, nov, 2011
 

parece difícil concebir una literatura latinoamericana que no entre en el campo del realismo fantástico, incluso aunque su autor ya no resida en Latinoamérica. Es el caso de Norberto Luis Romero, que en esta su última obra, Tierra de bárbaros, ofrece un maridaje perfecto –o perfectamente lógico– entre realismo (histórico en este caso) y fantasía (magia, en esta ocasión). Tomando como base el relato “El relicario de lady Inzúa” publicado en la antología La maldición de la momia (comentada en este blog no hace mucho) lo amplía para ofrecernos un retrato de Argentina en 1835, época convulsa (uno tiene la impresión de que el Latinoamérica todas las épocas han sido convulsas, bajo uno u otro signo) que trasladaba a ese país no pocas de las convulsiones que a su vez acababan de azotar –o azotaban aún– el viejo continente: Napoleón, el Absolutismo en España, las consecuencias de la Revolución francesa de 1789… A este panorama histórico de una Argentina dividida entre federalismo y unitarismo (no hay país que no esté dividido por algo) es al que dedica Romero su novela.

A diferencia del relato donde se narra también el sucedido de la momia, que adquiría un carácter jocoso para terminar sombríamente, aquí no hay mucha jocosidad. El panorama histórico en el que se inserta ese sucedido es lo suficientemente severo como para que lo que allí era humor e ironía adquiera en la novela –al estar intercalado con la historia de otros personajes– un tono más bien desgarrado. Y se produce un curioso contraste dentro de los hechos narrados: por un lado, tenemos las luchas políticas, que adquieren carácter violento con el brutal asesinato del caudillo Facundo Quiroga, y las rivalidades entre familias de uno u otro signo político; por otro, el discurrir cotidiano de las mujeres de esas familias, sus amigas e hijas –curiosamente, no hay hijos, sólo hijas–, que mantienen contacto y amistad pese a las diferencias sociales y políticas que hay entre unos y otros. Es ese aburrimiento, ese sentirse en parte marginadas lo que las llevará a idear lo de la fiesta de la momia y sus terribles consecuencias, donde la intrusión de lo mágico destruye a casi toda una generación. Y puesto que en la novela queda claro que esa magia está enraizada con el pasado del país, un pasado posiblemente ancestral –el primer signo de que algo malo va a ocurrir tiene lugar justo en el momento en que la momia es desenterrada–, es otra manera de expresar que hay un choque de culturas, de mundos: la Argentina del tiempo en que transcurre la acción vulnera y profana un pasado que ha sido eliminado y que, poco a poco irá siendo destruido (la aniquilación de los pocos indios que aun sobreviven). Y, como en el relato, el final es igualmente sombrío: es un choque de dos mundos (pasado y presente) que tiene lugar en un tiempo (presente) que se niega a aceptar ser de una manera u otra (federalismo o unitarismo).

 

PLAQUETA "LA SIESTA OBLIGADA"

Luis Borrás, Aragón Literario, 29, Sep, 2010

 

Hay gestos que delatan a las personas. Y Norberto Luis Romero, siguiendo el ejemplo de José Joaquín Beeme, ha decidido unir arte y literatura en ediciones no venales, plaquetas de cinco ejemplares de alguno de sus relatos.
Arte como regalo y como símbolo. Arte como objeto, agradecimiento, festividad de la amistad y la palabra. Arte contracorriente y al margen en esta edad bárbara -como la ha definido Ramón Acín- encerrada en lo banal, lo perecedero, la modernidad virtual y el exceso de velocidad.
Contra eso Norberto Luis Romero y sus manos. Hilo, cartulina, papel y tijera. Gesto, locura, papiroflexia. Libros mínimos hechos a mano; objetos raros, singulares; fortuna sin precio para poner a salvo de la avaricia de Lucas Corso y todos los mercenarios bibliófilos.
Gesto y forma; papel y símbolo. Creación multiplicada por dos. Doble valor: objeto y contenido. El objeto excepcional creado por Norberto como guarida personal para un relato suyo: “La siesta obligada”.
Forma e idea: Un relato conformando un cuerpo único. Libro en singular. Relato como reedición personal, rescate o novedad, pieza fuera de colección, estilo y palabra.
Y Norberto en su “Siesta obligada” que nos lleva a un cuarto en penumbra hasta donde llegan los perfumes y los sonidos que están afuera. A una habitación a oscuras y en silencio donde escucharemos la respiración violenta, ronca y dificultosa de un niño herido y vivo. Con el aliento extraviado en los rincones del techo. Una habitación, caja oscura a la luz de una vela, con el retrato coloreado de una mujer muerta y una Virgen. Y las sombras colándose y meciéndose por las rendijas de los postigos.
Y las palabras de Norberto que nos dejan dentro y nos llevan afuera. Sombra y luz. Dentro, junto al niño y la angustia amenazante de una enfermedad como una tela de araña. Tuberculosis de la que se habla en voz baja y se conoce su tos de agonizante escupiendo sangre. Interior desde el que se escuchan los ruidos del exterior, la vida, la calle, el sol, los gritos de otros niños jugando, crueles cazadores de frágiles mariposas. Sanatorio, valle al norte de aire sano y limpio. Miedo, vuelo, veneno en los pulmones y muerte. Habitación desde la que se oyen las voces de los demás hablando y callando. Interior y exterior aleteando en los sonidos de las palabras de Norberto. Aire espeso, silencio, padres de visita cada seis meses, violetas, jazmines; ratones muertos y chicharras. Angustia de niño vivo que no quiere dormir la siesta de los enfermos. Angustia que gira y se enrosca en las palabras de Norberto. Veneno y miedo, niño vivo que pide que la despiadada araña escoja otra presa para llevarse al fondo de su cueva.

 

EL MOMENTO DEL UNICORNIO, 2009

La libélula, Radio 3, 25 May 2010

 

La LiBéLuLa de Radio 3 tratará hoy de congelar su fugaz planeo en un lugar: Tropo Editores, y en un preciso instante: "El momento del Unicornio", obra de Norberto Luis Romero que, como padre de la criatura, hoy nos acompañará en esta poza…

Juan Jacinto Muñoz Rengel. Litaratura en breve RNE, 28 de diciembre, 2009

 

   Comentario del libro y lectura de fragmentos.

Iñaki Echarte Vidarte. Un extraño en MD, 4 de marzo, 2010

 

A veces me da rabia que ciertos libros pasen desapercibidos entre las toneladas de novedades que desembarcan en las librerias. Y al mismo tiempo me da rabia que haya autores que no tengan lo que se merezcan.

El momento del unicornio de Norberto Luis Romero (Tropo editores, 2009) es un libro que se publicó en 1995 y que se reedita ahora. pasó desapercibido entonces y parece que ahora va ocurrir lo mismo. Y no lo merece, pero es el destino habitual para este tipo de libros, en este país, es ese: el olvido. El momento del unicornio es un libro de cuentos fantásticos, con una ambientación en color sepia y con un gran logro: consigue provocar inquietud con elementos muy cotidianos. Este libro, encuadrado en la colección 2º asalto, que se dedica a rescatar grandes libros que son imposibles de conseguir, tiene algo de los marineros de Genet, algo de esas atmósferas inquietantes a la vez que familiares, y está lleno de cuentos con el sabor y el olor de lo perdido.

Y tiene cuentos maravillosos, en los que los protagonistas se pierden de la multitud de un carnaval, quedan atrapado en un vagón de metro que no se detiene nunca o se creen espiados por las dueñas del hostal en el que se aloja.

Aún estás a tiempo de disfrutar con los cuentos de Norberto Luis Romero. Y es algo que no debes dejar de hacer.

 

Los Irregulares de 2009, 26 de enero, 2009. Diario de la librería de géneros Estudio en Escarlata

 

 CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA, TERROR


El momento del unicornio, Norberto Romero

CUBIERTAS

El momento del unicornio, Norberto Romero (Oscar Sanmartín Vargas)

 

Luis Borrás/Aragón Literario, 20, enero, 2010 y Diario Alto Aragón, dominical, 31, enero, 2010

 

Creo que hay una teoría que dice que el principio de un texto es decisivo. Que puede hacer que sigas leyendo o abandones. Que un principio debe atraparte, engancharte, seducirte. Y la mayoría de los relatos de “El momento del unicornio”, de Norberto Luis Romero, cumplen esa regla. Te muerden y hacen presa. Basta una sola palabra: francotirador. Una sola frase: Sé que me están espiando. Unas líneas, una geometría de soles fragmentados y un perfume de lavanda para hacerte sentir el calor sofocante de un verano en febrero. Basta un cuerpo arrojado por una ventanilla para sentir el terror. Algunos lo llamarán recurso narrativo, yo prefiero pensar en esos muñecos de goma que les agarras del cuello y abren los ojos.
Norberto es un extraordinario escenógrafo: azoteas, cloacas, vagones de metro, balcones, jardines, habitaciones, cementerios y prostíbulos. Es un imaginativo creador de actores, atmósferas y pesadillas. Norberto es un productor y director que materializa en imágenes las palabras de un guión escrito por él mismo. Imagen y texto y viceversa. Sus textos describen con precisión y amplían, como una onda expansiva, las sensaciones que transmiten las imágenes. Mezclándose en una simbiosis perfecta los dos elementos. La mirada se desliza y avanza como una cámara en una película, haciendo travelling desde una grúa o en una Dolly, y las palabras nos hablan de locura y disfraces, de habitantes de un mundo subterráneo no exento de codicia y violencia; de lágrimas y sexo, claustrofobia y eugenesia, recuerdos e impostores, sombras en la pared, humor negro, surrealismo cómico y humillación doméstica y adultos destruyendo la infancia con su avaricia y perversiones.
La imaginación de Norberto mete de okupas en nuestra casa a los seres de “La parada de los monstruos” de Tod Browning y encierra su pesadilla disecada dentro de una urna de cristal. Reinterpreta el “Mar adentro” de Alejandro Amenábar; y al Kafka entomólogo que transforma a los hombres en insectos entre los pasillos y lugares secretos de un colegio interno. La tragicomedia a la española de un velatorio en un lupanar con un loro palabrotero y una puta que escribe versos y teje calcetines de colores. Un hombre humillado que planea el crimen perfecto, “Con faldas y a lo loco” de Wilder y“Extraños en un tren” de Alfred Hitchcock mezclados con el surrealismo de una luchadora de sumo, una amiga sádica y un hombre humillado que va a hacer la compra con una bata de boatiné.
Los relatos de Norberto transcurren en espacios cerrados donde se concentra el perfume y la luz se filtra entre las rendijas. Casas, pensiones, habitaciones de paredes rotas; túneles infinitos y un pueblo sin sueños donde podemos observar de cerca a los actores, oír sus diálogos y la voz en off; verles espiar detrás de una cortina, verles sudar y sangrar, morir, evocar el pasado, llorar sin fingir; descubrir el sexo, escuchar el ruido de la carcoma y recordar con ironía “Los árboles mueren de pie” de Alejandro Casona pero con un final negro.

Los relatos de Norberto queman al tocarlos. Como el sol en el hierro.

B.Gavira/diarioDirecto 28, diciembre, 09

 

La obra que el escritor Norberto Luis Romero y Tropo Editores presentan es una sorprendente colección de cuentos que constituirán un descubrimiento y un deslumbramiento para la mayoría de sus lectores.
Cada uno de sus relatos guía al lector por ignorados parajes que están fuera de la realidad y dentro de él mismo. La inquietante extrañeza que Daniel Moyano señala como característica esencial de la narrativa de Norberto Luis Romero, se acentúa, si cabe, en los relatos de este libro. Pocas veces un escritor ha conseguido crear con tan limpia y escueta escritura una atmósfera más cargada de desasosiego, sensualidad y misterio.
Desplaza los límites de la realidad cotidiana hacia espacios más oscuros y asfixiantes donde un fatalismo casi espectral parece impulsar las acciones de sus protagonistas. Se traslada así el sentido inicial de lo aparente hacia infiernos del alma donde el primer enemigo es uno mismo, esa galería de fantasmas que llevamos todos dentro y que encuentra los más asombrosos modos de manifestarse al exterior, a ese otro espacio que el autor llama ‘lado diáfano de la vigilia’ y que, no por tal, está libre de sufrir un brusco giro.
Es sin duda, uno de los más brillantes escritores de relatos breves que ha dado la lengua española en los últimos tiempos, heredero de la tradición de Cortázar y Borges, poseedor de un universo exclusivo de obsesiones con una densidad de estilo que atrapa de inmediato al lector, condensado en joyas del género como son ‘Diario del taxidermista’, ‘Ritual de los espías’, ‘La captura’ y muchas otras de las narraciones que contienen sus tres libros de cuentos.
Norberto Luís Romero ahonda en los abismos más tétricos y oscuros del ser humano y se confirma como uno de los más inquietantes escritores de ficción vivos de nuestro país.

Carlos Castán, Heraldo de Aragón, 17, diciembre, 09

 

La colección 2º Asalto de Tropo Editores vuelve a darnos una gratísima sorpresa con la recuperación de este estupendo libro de cuentos del escritor argentino, aunque afincado en España desde 1975, Norberto Luis Romero. Lo primero que uno piensa, nada más terminar de leer El momento del unicornio, es cómo es posible que semejante colección de relatos haya pasado tan desapercibida hasta ahora, catorce años después de que viese la luz en primera instancia en la editorial asturiana Nobel. Pero contestar a esta pregunta nos llevaría al tema, tan recurrente como doloroso, del desprecio en nuestro país del cuento como modalidad literaria.

 Estamos ante un escritor tardío y con largos periodos de silencio que, a pesar de haberse centrado durante años en el cine, es consciente ahora de cuál es su lugar, su vocación auténtica, su género y su voz. Es increíble la variedad de registros en las veinte piezas de las que se compone este libro, así como la diversidad de las apuestas en cuanto a la estructura de los textos, siempre medida y a menudo arriesgada, como por ejemplo en el relato titulado Complot de la carcoma, en que el punto de vista y la voz narrativa pasan de un personaje a otro en tiempo real en una suerte de vertiginoso diálogo de miradas. La importancia del silencio, el tremendo peso de todo lo que no se dice, es otro de los denominadores comunes del libro, así como lo cinematográfico de los desenlaces y la maestría del autor para la creación de atmósferas y escenarios, ya sean aldeas de la provincia profunda, puertos llenos de grúas y bruma, mansiones coloniales a la hora de la siesta, pensiones mugrientas o galerías subterráneas podridas de oscuridad y ratas. “al abrir ligeramente uno de los cajones de la cómoda, escapó un intenso olor a jabón y a lavanda” (p. 55) leemos en el relato Frutas en la siesta. Lo cierto es que sea cual sea el cuento por el que se abra el volumen, los aromas parecen saltar al aire desde las páginas, efecto al que no es ajeno el carácter poético de la prosa de Norberto Luis Romero, un lenguaje en absoluto recargado ni retórico, pero con una poderosísima capacidad de sugerencia, preciso, sensual y siempre al servicio de la historia que cuenta.

 Podría decirse que El momento del unicornio es, en el fondo, un libro sobre la pérdida. Pérdida de la infancia, de la virginidad (con todo lo que ésta tiene de símbolo y metáfora), del rumbo; siempre está la pregunta por el origen, por la naturaleza de la chispa que desencadenó un presente que se anhela entender. Abundan en los cuentos personajes muy jóvenes, adolescentes en el momento en que algo se rompe, o se crea, ahí dentro; y un erotismo tan sutil como salvaje, efectivo hasta la turbación.

 En mi opinión, hay en el libro cuentos que bien podrían calificarse sin demasiado riesgo como piezas maestras: El tren fantasma, con su hiriente ráfaga de lucidez, el descenso a la conciencia del carrusel del tiempo y la carcajada de la muerte desde el fondo del túnel; Sueño del taxidermista y su universo surreal, entrañable y terrible; y el que da título a este libro, definitivamente a no olvidar: El momento del unicornio.

Myriam Martínez, Diario del Alto Aragón, 5, diciembre, 09

 

"El momento del unicornio" es un libro de veinte cuentos del escritor argentino Norberto Luis Romero que llevaba descatalogado desde 1995 y ahora ha recuperado Tropo Editores. Se trata de la misma obra de entonces, pero el autor ha agregado cuatro nuevos relatos, procurando que se mantuviera la misma tónica del resto de los textos. "Una vez publicado el libro, yo no vuelvo a leerlo jamás. Ahora tuve que hacerlo para su republicación y me sorprendió muchísimo porque ya no parece mío. Es como si lo hubiera escrito otra persona y lo curioso es que me gustó", explica el autor.

En esta relectura, Norberto Luis Romero descubrió que la pérdida era la esencia y el hilo conductor de las veinte narraciones. "La pérdida de amigos, de familiares, de la infancia, de la inocencia, de amores, de dinero, de trabajo, está abordada de una manera inconsciente porque no me propuse escribir sobre ella -señala el autor-. Cuando me viene a la mente un cuento lo hace como una forma de relámpago, de chispazo; puede ser una imagen, una frase, un personaje, una atmósfera. La pérdida subyace después".

Norberto Luis Romero, que ha ganado premios como el Tiflos, Antonio Machado y el Hucha de Oro, estima que casi todos sus cuentos son bastante dolorosos y su forma de abordar la pérdida es amarga y nostálgica. "Yo creo que toda pérdida es dolorosa, obviamente, aunque sea a cambio de, que normalmente lo es".

Como autor de "El momento del unicornio", expresa su predilección por el cuento titulado "Francotiradores", porque cree que es el relato más logrado de todos cuanto ha escrito, y como lector se decanta por "El tren fantasma", porque confiesa que le emocionó al final. "El personaje se enfrenta a sí mismo a través de la mirada de unos niños que están en un parque de atracciones y tiene una visión de todo lo que ha perdido a lo largo de su vida y también de su muerte".

Norberto Luis Romero nunca aborda los temas directamente, estima que hay que encontrarlos en un segundo nivel de lectura. "La literatura es un encadenamiento de sutilezas y silencios, de cosas dichas a medias, de sugerencias. Nunca tiene que ser directa. Si se habla de la muerte, la palabra muerte creo que no debe estar nunca, sólo debe sugerirse", finaliza.

 

 

 CRIATURAS VORACES, 2009

 

Luis Borrás, Aragón Literario Blogspot, 22, octubre, 2009

 

Me considero afortunado por este regalo. Por la prosa de Norberto, por su gesto y, sobre todo, por descubrirme, darme a conocer el exquisito trabajo artístico de José Joaquín Beeme.
Esta plaquette es algo especial. Es un trabajo artesano. Único. Un tesoro de papel y cartulina hecho y pintado a mano. Una tirada de sólo treinta ejemplares cada uno con una cubierta distinta. Una ilustración acorde con el contenido de los relatos de Norberto Luis Romero: Un perro, como el Minotauro, con pelo de pluma y frágiles alas de libélula. Dentro el papel azul y los títulos en rojo con una original caligrafía. Cada cuento ilustrado, acompañado con dibujos de tinta china: sanguijuelas, helicornios, pirañas, polillas, tanzanitas y ácaros. “Criaturas voraces” ideadas por Norberto que José Joaquín Beeme materializa, guarda y encuaderna en este hermoso y estético libriccini de la “Colección Isla Moreau” y sus bestiarios ilustrados perteneciente a su microeditorial “La Torre degli Arabeschi”.
Esta plaquette es un regalo para contemplar con delicadeza y admiración. Un objeto para preservar del polvo, la humedad y el olvido. Para guardar en un lugar accesible y asombrar con él a los descreídos de la belleza.
Por fuera la creatividad de José Joaquín Beeme, y dentro, palpitando en el azul, la prosa de Norberto jugando con nuestros terrores insepultos; con el asco y la repulsión que nos producen esos diminutos animales: babosas, insectos, bichos y larvas.
Cuentos infantiles. Pesadillas de adulto.
Sanguijuelas que chupan la sangre. Terrores sumergidos en aguas negras y abrevaderos para animales.
Monstruosos caracoles carnívoros y su repulsivo rastro baboso. Cuentos de brujería y maldiciones. Avaricia humana, venenos y muerte dolorosa. Lascivia. Seres mutantes mitad humanos mitad moluscos.
Pirañas. Pez prehistórico. Dientes afilados. Hambre animal. Mascotas sin dueño. Realismo posible que me hace mirar con desconfianza las peceras y con lástima al gato del vecino que duerme en la ventana.
Una historia de canibalismo mezclando callejones oscuros, cuerpos descabezados, un enano dentro de un saco de yute, gato por liebre, mansiones decadentes, Hannibal Lecter y sus crujientes delicatessen y la madre momificada de Norman Beits. Muñecas de trapo y polillas como carcoma.
Moscas carrroñeras de color azul brillante que anuncian la muerte.
Animales microscópicos que producen insomnio y paranoia.
Norberto juega con mi subconsciente, me hace sonreír y me atemoriza. Hace que me levante y compruebe que las ventanas están bien cerradas, que pase el dedo índice por las baldas para comprobar que están limpias, amar los gatos de escayola y odiar las moscas que revolotean en los cementerios, e insistir al camarero que la carne, por favor, me gusta muy hecha.
Y después de esto cruzaré los dedos para que esta noche, al dormirme, no vengan a visitarme mis viejas fobias.

 

 

EMMA ROULOTTE, ES USTED, 2009

 

Juan Jacinto Muñoz Rengel, , Literatura en breve, RNE, agosto, 2010

El libro de Norberto Luis Romero no es una novela, es una obra transgresora en las formas...

Oír el programa.

Carlos Frühbeck Moreno, Culturamas, mayo, 2010

Así que me he leído Emma Roulotte, es usted como si todo esto no fuera conmigo. He disfrutado de una obra escrita con inteligencia y oficio. Así y sólo así he podido sumergirme en su delicada estructura de libro que custodia bajo sus tapas dos espejos enfrentados. O, mejor, esas misteriosas cajas chinas que los personajes se pasan de historia en historia. Y he descubierto que bajo la aventura pirandelliana de Emma Roulotte como personaje que salta de una parodia a otra en busca de un papel decente hay oculto un profundo amor por la literatura, por la literatura de verdad, esa que cuenta cosas. ¿Es poco en los tiempos que corren? Porque, si de cuento se trata, todos tiramos la primera piedra.

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Ángeles Prieto, concursos-literarios.com, septiembre, 2009

Con esta Emma venturosa, y una necesaria inteligencia cómplice, el lector puede sumergirse en una divertida reflexión sobre la creación literaria de gran calado. Y eso sin necesidad de discursos campanudos o sentencias graves, largas parrafadas en textos donde nunca ocurre nada, tan predominantes ahora, sino todo lo contrario: utilizando precisamente el sistema de muñecas rusas o cuentos encadenados, yendo directamente para su confección a la Madre de todos los relatos: Las mil y una noches, con lo cual el entretenimiento del lector está más que garantizado.  
 No obstante, es interesante que el receptor –gran protagonista de esta Emma generosa- conozca algunas características del particular doctor Frankenstein que la ha creado, Norberto Luis Romero. Pues Emma es atípica dentro de su obra, caracterizada por un temprano magisterio en su género más feliz, el cuento, con el emblemático
El momento del unicornio (1996), próximo a reeditarse, y sin nada que ver con las angustiantes y góticas novelas que la preceden y conforman el grueso del universo norbertiano, como Isla de Sirenas, Ceremonia de máscaras, La noche del Zepelín o la genial Signos de descomposición, todas ellas encaminadas con acierto a integrar al lector en un ambiente opresivo y terrible.   
Y quizás como paréntesis rupturista con su narrativa anterior, pero además con voluntad estilística de no estancarse y correr riesgos, Norberto echa mano de sus más lecturas más gratas para rendirles homenaje y también para preguntarse porqué se dedica a esto. Así, las mil y una noches, las misteriosas hermanas Brontë, Jane Austen, y muchos más desfilarán por estas páginas en las que Emma busca a Norberto, o quizá Norberto se busque a sí mismo. Por ello es inevitable identificarnos con ella y puedo asegurarles que Emma Roulotte, es usted. Somos todos los que con suerte le hemos dedicado un rato feliz a conocerla.

Carolina Molina, El Blog de Carolina Molina, octubre, 2009

De vez en cuando, sólo de vez en cuando, cae en manos del lector un libro que al finalizarlo desea compartir con otros. A veces queremos comentar su historia o reflexionar sobre una de sus citas. Pero el buen libro es el que recomiendas por entero, advirtiendo al amigo que disfrutará leyéndolo. No sabría decir cuál es la historia de “Emma Roulotte, es usted”, no porque no la tenga, sino por lo contrario, porque en ella confluyen todos los géneros habidos y por haber. En la gran imaginación de Norberto Luis Romero, caben todas las novelas escritas o por escribir, así lo ha demostrado en este pequeño libro. Rara vez en tan pocas páginas se ha contado tanto y tan rápido. Con una visión puramente cinematográfica nos adentra en una historia que nos lleva a otra y ésta a otra más. Es un libro chispeante, divertido, sutil. Una fina ironía y un elegante humor ha utilizado este consolidado escritor de cuentos que sabe cómo llegar al corazón pero sobre todo y muy por encima, a la inteligencia. Yo creo que es buena cosa pretender que los lectores son inteligentes. En el Metro, en el autobús, en la sala de espera de un hospital, siempre hay un lector dispuesto a leer una buena historia y para todos ellos recomiendo este pequeño libro, un libro encantado por la varita mágica de la originalidad. Y al finalizarlo, vengan y díganme, si pueden, que no son capaces de recomendarlo a un amigo.

Julio Espinosa Guerra, Literaturas.com, octubre, 2009

El chiste más cruel: un comentario sobre Emma Roulotte es usted

 “No tenernos talento, es que/ no tenemos talento, lo que nos pasa/ es que no tenemos talento”. Así comienza su poema Rimbaud el poeta chileno Gonzalo Rojas y así habría que comenzar cualquier comentario a Emma Roulotte es usted, de Norberto Luis Romero, no porque él no tenga talento, sino porque para enfrentar su lectura hay que ser por lo menos un lector competente, un lector con talento... de esos de los que hay tan pocos, grupo al que yo, por supuesto, no pertenezco. Así las cosas, desde ya quiero decir que estas palabras vienen dadas desde la reflexión posterior a la lectura, un reposo largo pero necesario que me ha ayudado a ir encajando pieza tras pieza, palabra tras palabra, para una vez hecho el trabajo poder valorar en su justa medida el libro, justa medida para mí, que para nada tiene que ser la de otros.

Norberto Luis Romero es un autor casi desconocido, pero es un autor casi desconocido con más de quince libros bajo el brazo, traducido más de una vez al inglés y con un grupo de lectores que lo siguen, fieles. Es eso que se llama “un autor de culto”, cuatro palabras que oculta otras: un autor que no vive de la literatura, un autor que no ha tenido suerte con las editoriales, un autor sin agente, un autor olvidado de la mano de Dios, del Diablo y del Dinero, la triple “D” de la literatura (esto me lo acabo de inventar).

Siendo esto una cosa muy mala para cualquiera que se dedique a cualquier cosa, no deja de tener su lado positivo, porque “un autor de culto” puede escribir lo que quiera cuando quiera. Es debido a esa libertad que en Emma Roulotte es usted, el autor nos propone una novela con esquema de libro de cuentos o un libro de cuentos metido en un bonito papel de regalo tipo “novela”.

En su inicio un muchacho llega a un pueblo perdido de la mano de Dios (naturalmente), buscando a un escritor al que le tiene que entregar un paquete, un encargo de un conocido. No encuentra al destinatario porque se le han perdido las señas, pero sí que se encuentra con Emma, quien lo ayudará sin éxito en su empresa. Resulta ser que el muchacho es la excusa para hacer entrar a Emma en el relato, pero tampoco de manera definitiva, sino que como un personaje puente, siempre secundario o terciario, que deambula en historias de otros personajes, personajes que cuentas historias de otros personajes y que, a la vez, cuentan historias de otras, perdiéndose en un damero en el que nunca se sabe cuándo mueven las blancas y cuándo mueven las negras. O peor aún: sin saber si hay blancas o negras.

Esta suma de historias no tiene un hilo conductor claro. Emma es la excusa que termina por unir los cuentos, pero nada de trama, por favor. Emma no es Sherezade ni El Quijote. Emma es un personaje en busca de un autor que le de consistencia.

Esto nos lleva a otro punto interesante del libro. No es casual que sea un personaje en busca de autor. O, mejor, un personaje en busca de una personalidad. La referencia a Pirandello no es casual en absoluto. Norberto Luis Romero se goza en el absurdo, no tanto de los cuentos, sino de la denuncia solapada de una serie de autores que escriben relatos en diferentes géneros que no dominan. El absurdo denuncia un vacío de la literatura actual en nuestra lengua que la industria no desea llenar porque justamente lo que busca son este tipo de historias: vacías, planas, donde los personajes siempre están como la Emma del comienzo de esta novela/relato: perdidos en sus propios cuentos.

Pero Emma Roulotte no refleja solamente el páramo por el que se mueve la literatura en nuestra lengua (con contadísimas excepciones), sino que también se nos presenta como un símil, una metáfora del propio autor, en tanto literario, de nuestros días; autor que anda en busca de alguien que le dé existencia y consistencia, un panorama cultural que no existe. De esta forma Emma es ese “autor de culto” que no cabe en ninguna parte, pero que está en boca de todos como un personaje/autor deseable siempre desde los labios para afuera, nunca en la intimidad.

Desde este punto de vista, los diferentes cuentos están allí como divertimento y como denuncia y, al mismo tiempo, representando el entramado que oculta la historia más verdadera y fundamental: la de Emma. Por eso no es casual que sean intermitentes e intencionadamente suenen chapuceros o jueguen con el paradigma del cuento clásico, con estructuras archiconocidas y tramas que nos suenan a las que usan mal y constantemente los autores más populares. Por eso, también, se trata de historias llenas de ironía y sarcasmo, las más de las veces, incompletas o completas con “forceps”. No es que el autor no sepa escribir, sino que sabe escribir demasiado bien, sabe muy bien hacia dónde va… o mejor, hacia donde no quiere ir.

Si usted cree que sin tener talento puede leer un libro que va a jugar y reírse de sus neuronas, este es el adecuado. Corra a pedírselo a su librero y pase un buen rato intentando adivinar quiénes son los ironizados que se encuentran tras cada una de las historias, para al final, llorar con el autor por la falta de perspectiva, con el desencanto que hay tras estas historias, que realmente son una novela, del mundo del libro y sus alrededores. Y no se crea, por favor, el final feliz: igual que en El apartamento, de Willy Wilder, la peripecia final no es más que la tramoya que oculta la tragedia: los “autores de culto” lo son simplemente porque ni los editores ni los lectores tenemos talento.

Luis Borrás, Aragón Literario Blogspot, 2,Octubre, 2009

...Y es que esta “Emma Roulotte, es usted” sorprende en la segunda página, cuando el autor que la está escribiendo aparece en la historia sin saber cómo continuarla. Como si en un teatro de títeres el tipo que maneja los hilos se quedara parado y los muñecos decidieran seguir actuando por su cuenta y riesgo. Dos páginas y se rompen todos los esquemas. Y con ese descubrimiento pierdo la inocencia y algún prejuicio estético.

A partir de ahí su desarrollo me desbordó; me adelantó por la derecha a toda velocidad. Cada historia se enlaza con la siguiente, la continúa como en una desenfrenada carrera de relevos. Y fue entonces cuando pensé en la Matrioska, esa muñeca rusa que la abres y te encuentras otra dentro. Un relato llevando al siguiente, y entre medias, como marca de la casa, esas cajas sorpresa apareciendo en cada capítulo; pasando de mano en mano. Cajas vacías sin remitente ni destinatario conocido que guardan un enigma, cajas llenas de palabras con las que poder escribir una historia encajando sus piezas como si fuera un rompecabezas.

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Varda Fiszben, Clarín, revista de nueva literatura, julio-agosto, 2009

El «autor» se ha atascado prácticamente al inicio de la narración. Al parecer no ha considerado necesario plantearse previamente el argumento, la estructura, los personajes ni mucho menos qué papel les hará jugar.

Sólo tiene a un muchacho anodino y sin nombre con un propósito que lejos de resultar misterioso, en realidad parece vago, además de recordar peligrosamente a propósitos similares de otras muchas historias.

Igual sucede con la noche brumosa y el paisaje del pueblo perdido en la geografía a la que ha conducido al joven, a fuerza de descripciones manidas y lugares comunes.

Quizás introducir un personaje nuevo le sirva para socorrer al anterior y hasta para salvar el relato, cuyo hilo ha perdido o nunca tuvo. Entonces, como último recurso para convocar su inspiración, recurre a Emma.

Ella sabe que «su presencia es arbitraria» pero solícita, se dispone a ayudar, arriesgándose a que el autor - que es tan egoísta como todos- no vuelva a recurrir a ella.

El motivo es que quiere ser un auténtico personaje, dotado de rasgos singulares y poder intervenir en hechos literariamente memorables. Sí: Emma quiere ser protagonista, lo que ocurre es que no está segura de ser de ese relato o de algún otro, ¿quién sabe?

Lo que sí sabe es que «las reglas del juego literario, de las cuales el autor es inocente debido a su torpeza narrativa, son insondables.»

De modo que hasta que su vocación se convierta en destino se irá trasladando, como hasta ahora ha tenido que hacer, de un paisaje literario a otro, viajando en la caravana -o roulotte- donde vive.

En adelante Emma -y los lectores con ella- realizarán, conducidos hábilmente por Romero, un divertidísimo itinerario con paradas en los más diversos géneros, donde conocerán a distintos autores, sus ambiciones, recursos y los gajes propios del oficio de escribir.

Se trata de averiguar si es posible que Emma encuentre un relato interesante, con un estilo digno, escrito por un autor inspirado y que le conceda la voz singular que la convierta en protagonista.

Pero, ¡ay!, no encaja en el relato de ciencia ficción -minuciosamente regido por las reglas de los fundadores del género- y escrito a cuatro manos por dos insulsas hermanas que, debido al abuso de cierta sustancia -presuntamente inspiradora-, sufren gravísimos efectos colaterales. Eso da al traste con la fama que ansiaban, convirtiéndolas en criaturas semejantes al Samsa de Kafka, confinadas para siempre en un museo de ciencias.

Emma entonces intentará colarse en un cuento de realismo sucio, pero saldrá huyendo apenas descubra al «jodido» escritor fracasado que busca recuperar o encontrar al fin su talento en el alcohol.

Por su parte, el negro que hace de negro humillado constantemente por el escritor-negrero no le hará sitio a Emma, ocupado como estará en colarle un vengativo gol a su dueño para que, en lugar de convertirse en autor de best- sellers, sea denunciado por plagiario.

En cuanto al mediocre que recurre a la solución facilona de comprar sustantivos (acompañados de pronombres sin coste adicional), citas en latín para acápites cultos o argumentos, sin olvidar llevarse la oferta estrella del almacén de palabras: la partícula «mente» para fabricar adverbios, no será este autor el que Emma elija. Tampoco la convence ser hada de cuentos feéricos ni princesa o hechicera de los orientales...

De modo que tendrá que optar por ponerse a escribir, para inventarse a sí misma y cobrar por fin una verdadera vida literaria.

Resulta sorprendente que, entre la «Mención de Honor» que recibió Norberto Luis Romero en el concurso convocado por la Revista del Sur de Malmö (Suecia) en 1991 por esta hilarante y magnífica novela, y su publicación en España hayan transcurrido dieciocho largos años.

¿Será que alguien pudo temerle a Emma Roulotte?

 

Inés Mendoza, Masacre en los jardines, 8, septiembre, 2009

 

...no faltan razones para decir que Emma Roulotte, es usted, es algo más que un libro ameno y con mucho humor: es un libro inteligente, y como todos los libros inteligentes es, además de un objeto estético, el testimonio vivo de una postura, una Weltanschauung, una visión del mundo. Dicho en otras palabras: un libro mucho más que recomendable para el lector que no se resigna a consumir literatura de ordenador y que sabe leer entre líneas.

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David G. Panadero, Revista Prótesis, 21, julio, 2009

 

Una imagen basta para explicar la situación de la literatura actual: la mano de Escher que se pinta a sí misma. La aventura o el personaje son lo de menos, y el lector es poco más que un mirón, que observa el retrato que el escritor hace de sí mismo. Desaparece la cuarta pared, y nos vemos rodeados, lo queramos o no, por la ficción. Vida y obra vienen a ser lo mismo, y el creador se erige en semidiós, que, más allá del orden o el caos, dicta un azar objetivo que nosotros, ya convertidos en personajes, no podemos controlar.
La propuesta resulta apetecible, pero son muchos autores los que la malogran, derivándola hacia un autorretrato psicológico donde no faltan el guiño cultureta, una mal entendida erudición, el victimismo o la agresiva autoafirmación, cuando no, directamente, el ajuste de cuentas hacia tal poeta de provincias, antiguo compañero de batallas, que una vez les quitó de las manos la última medianoche de paté.
No es el caso de Norberto Luis Romero, que entiende la literatura como el juego infinito e imparable que siempre debería ser. Norberto sabe administrar la información, para, jalonando la obra de pequeños enigmas, convertir una premisa en apariencia realista, en fragante humo que se nos escapa de entre los dedos.

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  PERTURBACIONES, antología del relato fantástico español actual. VV.AA. 2009

 

Diario Digital Independiente de Villena, septiembre, 2009

 

Además, los cazadores de placeres limítrofes se encontrarán con la enésima oportunidad, y ya va siendo hora, de rescatar de la nebulosa de los autores de culto a Norberto Luis Romero, argentino afincado en España que escribe como quiere, y que comparte estatus con otros colegas suyos aquí presentes, como la inquietante Pilar Pedraza o el exquisito Ángel Olgoso.

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Manel Haro Cano, El blog de las odiseas, agosto, 2009

 

De entre los mejores relatos que recoge esta antología, además del de José María Merino, se encuentra el de Cristina Fernández Cubas, La mujer de verde: una ejecutiva es perseguida por una extraña pedigüeña que se parece físicamente a una trabajadora de su misma empresa. También destacan las narraciones de Norberto Luis Romero, Pilar Pedraza, Elia Barceló y Laura Freixas, entre otros.

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Julián Díez, La tormenta en un vaso, 17, julio, 2009

 

Personalmente, destacaría los trabajos incluidos de Pilar Pedraza, con el terror directo pero elegante de Balneario; Cristina Fernández Cubas, siempre tan inquietante y sutil como en este La mujer de verde; Norberto Luis Romero, en el evocador Capitán Seymour Sea;...

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Pablo Chul, Ámbito cultural El Corte Inglés, mayo, 2009

 

Siete u ocho relatos despuntan por una ambición artística e intelectual superior a la media. El brillante "Venco a la molinera", de Félix J. Palma, "Capitán Seymour Sea", de Norberto Luis Romero, y "La mujer de verde", de Cristina Fernández Cuba son, tal vez, los relatos más notables por lo equilibrado de su tratamiento de lo fantástico en relación con lo real.

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Esteban Gutiérrez, Revista De Letras, junio, 2009

 

La antología de la que hablamos, PERTURBACIONES, contiene muy buenos ejemplos de autores actuales que cultivan el género fantástico, de casi todas las facetas que éste ofrece y demuestra, a pesar de todo, la buena salud de la que goza.

Javier Pérez de Albéniz, Soitu.es, junio de 2009

 

Grandes nombres y excelentes relatos. Porque la clave de una buena recopilación no reside tanto en el brillo de los nombres como en la calidad de los textos. Una recopilación impecable que permite, al revés que la vida militar, una gran expansión del alma. Imprescindible.

Tere Gradín, El Faro de Vigo, mayo de 2009

 

Son escritores de tres generaciones que coinciden en tratar a través de cuentos y microrrelatos las perturbaciones que pueden trastocar nuestro universo cotidiano. Aparecen así ideas sobre la muerte, la vida después del fallecimiento, la inmortalidad, los espectros, la predeterminación, la identidad, el doble de uno y otras realidades ocultas que pueden distorsionar el realismo del mundo ordinario.

 

 

  LA MALDICIÓN DE LA MOMIA,

           Relatos de horror sobre el antiguo Egipto. VV.AA. 2008

 

Iván Fernández Balbuena,Revista Hélice, Nº 8, marzo, 2008

 

“El relicario de Lady Inzua” del argentino Norberto Luis Romero es la pieza más innovadora de todo el libro. Aunque los mimbres de los que parte (la maldición que sufren los frívolos profanadores de una momia) están más que vistos, no es menos cierto que la original ambientación (estamos en la Argentina de inicios del XIX y la momia proviene de una tribu quechua) y el escalofriante destino de sus protagonistas están entre las mejores páginas de todo el tomo.

Juan Antonio Jordán, Mentenebre.com, enero, 2008
  También me ha parecido extraordinario el relato "El relicario de Lady Inzúa", del argentino Norberto Luis Romero; la acción se traslada de Egipto a la Argentina de mediados del siglo XIX y lo que comienza como un relato de corte casi humorístico acaba teniendo uno de los finales más sobrecogedores de todos los relatos contenidos en "La maldición de la momia" gracias a una sabia graduación de los elementos más inquietantes, los cuales se van comiendo poco a poco a los costumbristas y van conformando una densa atmósfera de negrura y opresión.

Fact&Fiction J.C. Planells, 2011

 

(...) y como colofón, aportación de tres autores que escriben en castellano con relatos inéditos. De esos tres, el mejor es el del argentino Norberto Luis Romero, “El relicario de lady Inzúa” (y de hecho, es lo mejor de todo el volumen), una historia que empieza con humor y termina dramáticamente, admirablemente narrada, disfrutable línea a línea.

 

 

  BAJO EL SIGNO DE ARIES. 2005

 

A. Garza, Literatura gay, Monterrey, Nuevo León, México, 10, junio, 2009

 

Bajo el signo de Aries nos cuenta el asesinato de un joven homosexual aficionado a la alquimia, circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica (todo apunta a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco a poco va tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto y, sobre todo, en una obsesión que se apodera de los personajes. Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó en sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche del Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va poco a poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles, fruto de una pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz en la última y sobrecogedora escena final (que incluye una de las mejores sorpresas leídas en los últimos tiempos).
Pero si Bajo el signo de Aries supera con mucho, gracias a su estilo, el corsé de la «novela gay» (pese a las concesiones ya citadas), también va mucho más allá de la simple novela de misterio con añadidos truculentos. Esto así porque, en claro reflejo de la progresiva incursión en la alquimia del protagonista, los personajes a su alrededor se van acrisolando, se van sometiendo a una especie de proceso químico y acaban por mostrar una verdad humana hecha de sentimientos contrarios y muchas veces contradictorios. El autor busca, en suma, mostrar la verdadera esencia del hombre, y según muchos no otra cosa buscaba en realidad la alquimia tras su imaginería de piedras filosofales y panaceas universales. «Eso somos los humanos (...). En nombre de una civilización, de una cultura, de un perfeccionamiento como especie, hemos mutilado nuestro lado oscuro hasta convertirnos en seres sin identidad, en híbridos, en castrados», reflexiona uno de los personajes hacia (no por nada) el final de la novela.
Estamos, en suma, ante una obra magnífica en su núcleo, en su almendra, en esa parte central que se refiere al asesinato y la incursión progresiva en la alquimia; una novela, sin embargo, «aguada» en parte, rebajado su alto grado de alcohol por la inclusión de escenas eróticas y detalles triviales que Norberto Luis Romero se ha visto (eso cree el crítico) obligado a hacer. En todo caso, un digno título con que seguir construyendo una muy digna obra.

David G. Panadero, La gansterera, nº 18, marzo, 2006 

 

Norberto Luis Romero, autor de novelas de culto dentro de la narrativa hispana de los últimos años -La noche del zepelín o Isla de sirenas-, resulta romántico de manera plena y hasta exaltada, pues nos ofrece una obra que no pretende ser realista apenas ni en apariencia, mediante la cual, novela tras novela, materializa los fantasmas más íntimos de sus personajes con unos resultados cercanos al psicodrama en cuanto a intensidad.(...) Si bien otras novelas previas del autor resultan de una dureza rayana en lo intolerable, en Bajo el signo de Aries nos brinda una lectura plácida para noches de insomnio, mostrando una vez más su prosa detallista y llena de color y un carácter sensual en todo tipo de descripciones que hacen que nos acerquemos a este libro con la extrañeza con que nos acercaríamos a un cadáver bellamente amortajado.

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Herme G. Donis, Revista Clarín nº 60, diciembre, 2005

 

Nuevamente Norberto Luis Romero vuelve con esta  historia de intriga a poner de manifiesto la calidad y buen hacer de un  narrador poseedor de un lenguaje sólido, riguroso, muchas veces sorprendente, y de una originalidad subyugante y turbadora que hace de cualquier tema que toque una lectura obligada no sólo para  esos lectores fieles que seguimos su obra religiosamente, sino para cualquiera que quiera acercarse a la  literatura a secas. A una literatura excelente que, al margen de los vaivenes extraliterarios,  tiene tiempo para  asentarse y hacer del buen uso de la palabra un objetivo irrenunciable, alejándose con ello del balbuceo con el que se explica buena parte de la narrativa española actual.

Miguel Baquero, Literaturas.com, enero, 2006          

 

Bajo el signo de Aries nos cuenta el asesinato de un joven homosexual aficionado a la alquimia, circunstancia esta última que parece simplemente anecdótica (todo apunta a un vulgar crimen de bajos fondos) pero que sin embargo poco a poco va tomando trascendencia hasta convertirse en la clave del asunto y, sobre todo, en una obsesión que se apodera de los personajes. Extraordinariamente documentado, Norberto Luis Romero se sirve, para describir las prácticas y el ritual alquímico, de esa deliciosa decadencia, de esa vaga melancolía, de ese lírico morbo con que explotó en sus primeras obras ( Signos de descomposición y La noche del Zepelín , principalmente) y con el que en esta ocasión nos va poco a poco presentando una serie de hechos que parecen imposibles, fruto de una pesadilla, pero que finalmente son reales y surgen a la luz en la última y sobrecogedora escena final (que incluye una de las mejores sorpresas leídas en los últimos tiempos).

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Marcelo Soto, Revista Zero nº 82, Diciembre, 2005

 

Tras los libros de Norberto Luis Romero se esconde un escritor de raza, con una prosa de calidad, y una capacidad de provocación nada habitual en la literatura de temática gay. Bajo el Signo de Aries sistematiza muy bien esa visión del lado oscuro que ha hecho tan atractiva su literatura. Una novela negra que desemboca -como es preceptivo- en lo negro: la locura, el mal, el sexo pasado de vueltas, y hasta, en este caso, el esoterismo y la nigromancia.

Pilar Robledo, El periódico gay, Nº 4, Noviembre, 2005

 

Su aire poco convencional y su visión crítica hacen de Norberto Luis Romero uno de los "enfant terrible" de la literatura al mostrar la nada dulcificada imagen de una realidad homosexual diversa. El lado este del espejo, donde se reflejan las arrugas de quien se mira en él, mostrando realidades que se prefieren que estén perpetuamente metidas en el armario.

La Rioja.com, 24 de octubre, 2005

Norberto Luis Romero es un escritor que tiene una especial querencia por diseccionar los aspectos más turbios del alma humana. Dotado de una destreza singular para crear atmósferas opresivas y mundos sórdidos, Romero vuelve a la arena editorial con una nueva novela, Bajo el signo de Aries (Egales), un 'thriller' erótico que escudriña sin remilgos la perversidad y el mal.

Antonio Paniagua, El Heraldo de Aragón, 24 de octubre, 2005

Romero, que suele plantear en sus historias situaciones límite y una visión pesimista de la realidad, ha apostado en esta ocasión por la intriga y unos personajes que escapan de los arquetipos "reblandecidos" de los best sellers. No en vano, las criaturas nacidas de su imaginación suelen ser seres crueles, vulnerables, a veces desesperados, que se mueven en espacios asfixiantes.

 

 

  LAST NIGTH OF CARNIVAL. 2004

 

Matthew Ward, Skive Magazine, Australia, 1, septiembre, 2004

Los cuentos de Norberto Luis Romero son muchas cosas: peligrosos, seductores, agudos, voyerísticos, sádicos, rectos, incluso piadosos. A veces todos estos aspectos se manifiestan dentro de un mismo cuento. El autor tiene el don de introducir al lector en un cuento y sacarlo de él en el momento en que las llamas están más ardientes.

C. Crenshaw, Fearless review, 9, noviembre,2004

Estos oscuros, sensuales y perturbadores cuentos son, como mínimo, inquietantes, y retratan una obsesión con la muerte, sordidez sexual y lo grotesco. En toda esta colección el sexo es peligroso, compulsivo y la mayoría de las veces, amenazante, la muerte es bienvenida como "el perfume que llega del mar"; esto no es de lectura fácil. Estos cuentos prestan su voz ineludible a los terrores "mal disimulados" de la humanidad, dejando un rico tapiz de extremos lúgubres.

 

 

  CEREMONIA DE MÁSCARAS. 2003

 

José Luis Morante, Diario de Ávila, 12, julio, 2003

Quien haya seguido la trayectoria de Norberto Luis Romero percibirá los parámetros de un escritor peculiar que nunca se refugia en las convenciones, que prefiere la indagación en argumentos poco convencionales, que sacude al lector localizando mundos inquietantes, que no tiene reparos en mostrar la cochambre de lo vivido, el cielo encapotado de la angustia.

Emilia Lanzas, Generación XXI, Madrid,15, enero, 2003

Norberto Luis Romero se caracteriza por una obra original y nada convencional, cuyo principal talento está en la creación de atmósferas tensas, inquietantes, cargadas de temores ocultos y de recuerdos atormentados (...) Una novela que, si nos empeñamos el clasificarla, aporta a la "literatura gay" un escalón más y un mayor grado de profundidad y de escritura bien labrada.

 

 

  ISLA DE SIRENAS. 2002

 

Andén  42, Laura Martínez, enero, 2011
 

Ambiente claustrofóbico presente en cada página, donde el lector no puede dejar de leer para llegar al final y descubrir los truculentos secretos de la familia protagonista o el resto de habitantes, los cuales son en su mayoría parientes de un hombre cruel, un terrible antepasado: un verdugo.

Él mismo dice que “el arte es generar tensión y mantenerla de manera creciente a lo largo de toda la narración y hacer que estallen no en los personajes, sino en el alma o la conciencia del lector. Son los lectores los que deben padecer el drama, no los personajes, éstos son meros transmisores”. De manera que estructura los acontecimientos a lo largo de la historia, impidiendo apenas que cojamos aire.

Todo un placer leer a este señor.

 

On Libros, El País. Librería Estudio en Escarlata, diciembre, 2006, Top de ventas Nº 1

 

Una novela gótica, pero ambientada en una isla, muy claustrofóbica, muy elaborada, muy fácil de leer y que transmite una sensación constante de terror.                                

Javier Goñi, El País, Babelia, 19,ºenero, 2003

A Norberto Luis Romero le gustan las atmósferas turbias, los espacios asfixiantes, las casas-prisiones, las situaciones límite, el hedor que desprende la ancestral convivencia familiar. Sus personajes -fascinantes, bellos, turbios, crueles, frágiles, desmesurados- aman y odian con la pasión de la desesperación, se mueven en esa antesala mórbida de las relaciones familiares, esa que antecede al lado más oscuro de la familia, al viejo tabú del incesto.

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José Luis Morante, Diario de Ávila, 5, enero, 2003

Los personajes que deambulan en Isla de sirenas no esperan respuestas ni se sienten interlocutores de la verdad. Son conscientes de su insignificancia existencial. Se sienten eslabones en el vacío; parecen indefinidos animales de terrario, empeñados en sobrevivir por los rincones de una realidad, supurante y vulgar, que sobrellevan desde la impotencia.

Jesús Palacios, Generación XXI, 15, marzo, 2003, Madrid

Isla de sirenas, lejos de etiquetas fáciles, ejemplo del perfecto arte narrativo de su autor, atemporal y por completo ajeno a modas pasajeras, es, en definitiva, una novela oscura, para quienes esperan una luz que nada tenga que ver con el zafio  y complaciente pseudorrealismo de la novela española actual, ni con el género ejercido como mero pasatiempo. Es un retorno a las fuentes del Mal y, por tanto, del placer de leer.

Eugenio Cobo,  La Clave, febrero, 2003, Madrid

Tan bien llevado está el hilo narrativo, que en ninguna parte de la novela la acción es previsible, saltamos de sorpresa en sorpresa; la expectación que produce hace que no decaiga el interés en ningún momento. (...) es un clima constante de dolor que sufre cada uno de los personajes, porque el dolor, dice uno de ellos, es una vivencia íntima e intransferible.

Herme G. Donis, Clarín 43, Oviedo, febrero, 2003

A medida que avanza la novela y la voz narrativa del presente se va  contaminando de la del pasado, vamos descubriendo sucesos que se dieron en éste y que, de alguna forma, explican las actuaciones  enfermizas, descarnadas, errátiles y contradictorias de los personajes. El resultado es una novela atrayente, sensual y cruel, difícil  de obviar y de olvidar.

 

 

  LA NOCHE DEL ZEPELÍN. 1998. Edición en eBook 2011

 

Miguel Baquero, La tormenta en un vaso, diciembre, 2011
 
Cada vez con mayor frecuencia, los libros más significativos de los mejores autores contemporáneos comenzarán a verterse en edición digital, para su lectura en eReaders. Se trata de una tendencia creciente a la que se ha sumado Norberto Luis Romero, uno de los mejores novelistas y cuentistas actuales. Esta edición de La noche del zepelín supone la oportunidad de reencontrarse con un autor de peculiar estilo, dueño de unas imágenes inquietantes y capaz de sumergir al lector en un universo cerrado y decadente un mundo de poesía al borde de la putrefacción, que es cuando las flores expanden su olor más penetrante.
La noche del zepelín está ambientada a principios de siglo, en un año sin determinar, en la época en la que los dirigibles surcaban el cielo y el progreso mecánico tenía bastante de prodigioso. En una extraña casa, donde las pulsiones más primitivas conviven con los autómatas más sofisticados, una turbia aventura amorosa desencadena una sucesión de hechos siniestros, una suerte de maldición que afectará, con mano indefectible, a sucesivas generaciones. Los protagonistas de la novela de Norberto Luis Romero se debaten a la espera de un soplo de aire fresco que limpie el aire viciado por la corrupción, pero ese soplo parece no llegar nunca, por más que los habitantes de la casa se rodeen de los objetos más delicados, del arte más sublime, de todo aquello que se supone mejor. Inexorable, pese a todo, la tragedia que cobró forma un oscuro día va avanzando página a página…
¿Qué hay tras la tumba de Alba Licornia?, ¿cómo fue realmente esa historia de amor de la que nadie quiere hablar y que parece haber cernido negros nubarrones sobre la casa?
La novela de Norberto Luis Romero es un poderoso y muy literario intento de presentar el conflicto siempre latente en la sociedad humana: por un lado, nuestro afán de progreso, de conquista de la Naturaleza, de triunfo sobre las más altas cumbres o las superficies heladas; de otro, los ancestrales fantasmas que nos recorren, los miedos atávicos que nos paralizan, los comportamientos instintivos, motivados por una inmemorial causa, que paralizan nuestro comportamiento. Individuos que se superan a sí mismos pero que, al mismo tiempo, son víctimas de negras historias familiares. Así es el hombre, en resumen; así es también esta novela (y de ello su notable calidad) y así es el formato en que ahora se ha presentado: la más moderna y puntera tecnología para albergar una historia pasional, uno de esos libros cuya lectura hace que un escalofrío, surgido de no se sabe dónde, te recorra la espalda y quede alojado en tu memoria.

Gabriel Cusac Sánchez, Blog personal, marzo, 2010

 

La buena literatura no tiene edad. Nada importa que el florido estilo de Norberto Luis Romero (Córdoba, Argentina, 1949) nos parezca anacrónico, o que la temática de esta obra esté impregnada con el perfume rancio del decadentismo fin de siècle. Afanes anticuarios como mérito gustoso para algunos excéntricos o trasnochados (como el que les cuenta), pero que, paradójicamente, pueden resultar más atractivos al lector formal y menos acostumbrado a ellos, quien, de repente, se verá atrapado en el tenebrismo de la leyenda siniestra, del cuento macabro, redescubriendo unas sensaciones perdidas en la niñez, cuando ogros, brujas y barbazules se escondían debajo de la cama. El preciosismo, los diálogos dramáticos, la lluvia de adjetivos, la metáfora como un trallazo y, en definitiva, el lenguaje poético, visten una historia cruenta que cautiva desde la primera página y nos empuja a la sima de los terrores profundos: la castración, el sadismo, la locura, el sexo subterráneo, el crimen.
Quizá no sea aventurado afirmar que, tras el Relato de otoño (1975) de Tommaso Landolfi, La noche del zepelín, publicada veinticuatro años después, sea la última vuelta de tuerca de la novela gótica. Así lo apuntan el escenario hermético -la gran mansión ovillada en sí misma-, la calidad siniestra de los personajes, extraños y degenerados, la suma de misterios, la atmósfera asfixiante, una maldición antigua. Quizá tampoco lo sea definir esta obra como perfecta.
A La noche del zepelín se le han atribuido filiaciones ilustres. Que yo sepa, Donoso, Felisberto Hernández y Cortázar. Yo encuentro más próximos a Sade, Hoffmann o Villiers de L´Isle-Adam. Incluso me atrevo a proponer reminiscencias valleinclanescas en su lenguaje. En todo caso, ya ven de quiénes estamos hablando
.

José luis Morante, El Mirador, julio, 2000

En La noche del zepelín, el buen lector se quedará vestido con el desasosiego y la inquietud que deja siempre Norberto Luis Romero y no olvidará sus ficciones pobladas de hombres-isla que subvierten la normalidad y se asoman al lado oculto del corazón, donde parasitan el miedo, la inquietud y el misterio.

Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 2000

 

Tout lecteur a un jour fait l'expérience d'un roman qu'on ne peut refermer qu'au bout d'une nuit blanche, puis qu'on oublie en quelques jours. A l'inverse, il y a les livres qu'on lit d'abord parce qu'il faut les avoir lus, un peu lents, un peu ennuyeux, mais qui germent ensuite et dont les personnages deviennent nos familiers, de ceux qu'on reconnait des années plus tard au détour d'une conversation ou d'un article. La Noche del Zepelín (La Nuit du Zeppelin) appartient á une autre catégorie encore, plus réduite, celles des romans qui, le temps de leur lecture, colorent l'univers du lecteur d'une marque si forte qu'il se surprend á penser sans cesse aux personnages comme á des êtres de chair et d'os, á vivre avec eux comme s'ils étaient aussi vrais en quelque sorte que les gens qu'on croise chaque jour.

L'étonnant pouvoir du roman tient au talent de Romero á créer un univers, un microcosme fabuleux aux règles étranges, antinaturelles, mais parfaitement identifiables, parce que profondément inscrites dans le tréfonds de notre propre expérience psychologique. Pour qui est familier de l'univers de l'écrivain de nouvelles aussi troublantes qu''Aviones ou Nereidas, cela n'est pas une véritable surprise, mais, du fait du changement de dimension et de genre, on ne peut qu'être admiratif devant le foisonnement dément mais rigoureusement organisé du roman.

Je me suis posé sans cesse, pendant ma lecture de La Noche del Zepelín, la question des influences. Romero a-t-il lu Dickens, Lampedusa, Katherine Mansfield, Huxley, Borges ou Prada? Mais au fond, si l'on peut penser á l'un ou l'autre, et sans doute a d'autres écrivains encore, c'est simplement parce que sa fiction, comme les leurs, plonge aux racines de la conscience humaine du monde, dont la littérature se charge d'éclairer le chemin. Je mentionnais Dickens, et je ne peux qu'évoquer ici Miss Havisham, la « sorcière » recluse des Grandes Espérances, qui parcourt, une chandelle á la main, l'univers immobile dans lequel elle s'est volontairement murée, univers qu'elle a créé et où elle règne en démiurge inutile et absolu.

Dans un autre « hortus conclusus », un jour, un homme, « el señor», et son épouse parfaite, doublement immaculée, si l'on en croit son nom d'AIba Licornia, ont créé un nouveau monde et I’ ont peuplé de servantes frustes. Sans doute parce qu'il n'était pas certain que sa création était bonne, le seigneur en fit une copie, une maison de poupées peuplée d'automates á l'image exacte des habitants du domaine. Et ce geste-là installe la perversion au cœur de l'univers créé, dont, pour parodier le titre de son premier roman, Romero analyse ensuite, lentement et méticuleusement, « les signes de décomposition ».

L'auteur nomme son récit une « suite en cuatro estaciones », avec l’ambiguïté intraduisible du terme «estación», saison ou station, comme on parle des stations de la Croix, peut-être même cercle de l´enfer. Cette suite est aussi gestation, puisque les trois premières parties s'intitulent « zygote », « larve » et « nymphe », gestation d'une « imago », titre du quatrième mouvement, l’illusion et perversion de l'œuvre divine, puisque le dernier personnage vivant, le « fruit des entrailles » de sa mère, le fils unique du « seigneur » originel, joue dans sa solitude á empailler ses créatures comme son père les avait représentées. Un autre « signe de décomposition », c'est I ‘envahissement subtil et angoissant de la maison et du jardin par les phalènes et les chardons, par les fantasmes et les frustrations, jusqu'á ce que le spectacle qui se joue dans le huis-clos du roman soit du même ordre que celui de La Maison de Bernarda ou du Nom de la Rose, en version gothique et préfasciste.

La création d'un monde utopique ne peut en effet mener qu'á l'autoritarisme ou á l'absurde. D'abord, Romero explore l'espace de la dérision : le «seigneur» et Alba Licornia sont en fait des pornographes, révèles par des phrases licencieuses inscrites dans un album, que personne ne peut lire, puisqu'á l'exception de Pune des servantes, pour qui la lecture est le moyen d'obturer la réalité extérieure, tous les habitants de ce « meilleur des mondes » sont illettrés. Le « fils » du maître est en fait pendant du hideux et grossier Azrael, l’ange infernal, et ce fils, châtre á sa naissance, a re9U, en hommage á la fée Dragée du ballet Casse-Noisette, un nom de femme, Hada Dulce. Tout le règne de cet enfant du Diable fournit á Romero le matériau d'un roman gothique plein d'imagination et de surprise, jusqu'au jour oü, après une breve période de paix, lors de la « régence » de la douce Laura et de son fils Laureano, Hada Dulce «rentre de l'étranger» avec des nouvelles du monde, des talents de taxidermiste, Electricité qui attire les insectes les plus répugnants, un appareillage somptueux qui lui permet enfin de devenir la danseuse étoile du ballet de Tchaikovski dont elle écoute inlassablement le disque rayé, et l'explication du prodige d'une nuit où l’on avait vu passer la masse sombre et bleuâtre d'un zeppelin devant la lune et cru á un début d'apocalypse.

Dernier avatar de la longue succession de démiurges que met en scène Romero, Hada Dulce se met á son œuvre destructrice au nom de la pureté de la race et du désir « de corriger les nombreuses erreurs du hasard ». L'ange blond auquel elle travaille dans les dernières pages du roman, le corps qu'elle va fixer pour l’éternité dans sa beauté parfaite, est clairement identifiable. Nous sommes dans la période entre les deux guerres, et le jeu primordial du roman, l'équivalence du microcosme et du macrocosme, trouve ici son point d'orgue dans la métaphore de la fixation éternelle de la forme idéale au moyen d'une technique apprise auprès d'un professeur au nom allemand.

L'écriture de Romero est foisonnante. Le romancier convoque une grande culture au chevet de son roman, la Bible et le Coran, les genres littéraires les plus divers, des pays les plus variés. Les noms de fleurs, d'insectes ou de personnages nous ouvrent des abimes symboliques complexes, a l'image de cet «unicornio-Licornia» masculin et féminin, immaculé et pervers, splendide et repoussant, grandiose et dérisoire, épouse et phallus caché du dieu de cet univers exclusivement féminin. C'est de ce grouillement-là qu'on est ravi, dans tous les sens du terme.

Javier Memba, El Mundo, La Esfera, julio, 1999

Contaba Cecil B. De Mille que las películas, las historias podríamos decir en el presente caso de La noche del zepelín, han de empezar por un terremoto para seguir subiendo. El argentino Norberto Luis Romero parece haber tomado el pie de la letra esta máxima.Una novela que podrá ser rechazada por quienes se sientan agredidos por tanta crueldad, pero el resto de los lectores reconocerán en sus páginas literatura de la buena.

Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003

Romero apela a la naturaleza y a su metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se ceban en la destrucción del otro.

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Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes  (La noche del zepelín)

Construida como una suite musical, en cuatro estaciones o partes, La noche del zepelín es una novela de compleja decodificación por la riqueza de niveles y la variedad de símbolos que alimentan incesantemente su trama. Sin embargo, el lector se interna en el relato desde un primer momento seducido por el ritmo trepidante, casi de intriga policíaca o de misterio, de una narración que gira en torno a la tiranía del falo y las prebendas del poder.

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Javier Goñi, El País, Babelia, 5, junio, 1999

 

Norberto Luis Romero ha escrito una segunda novela La noche del Zepelín,  que es una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle, para atraparle, para entusiasmarle, desde un rico y sugerente horizonte: el Genet de Las criadas, el teatro furioso y los fabulosos seres hermafroditas de Francisco Nieva o el teatro pánico de Arrabal, o la tradición decadentista del final del siglo anterior, con ciertas gotas de sangre extraídas a lo Sade de la blanca y desnuda piel de las doncellas de la literatura libertina. Y, además, ese continuo revolotear, revoloteo o apareo, de falenas, ' de mariposas es, por qué no, homenaje a García Márquez viendo llover en Macondo o ante el pelotón de fusilamiento. Pero, bueno, éste es sólo el horizonte de esta espléndida historia de amor, irrenunciable, tóxico e imposible, a la que están abocados a vivir esas dos crisálidas, en unas páginas, hermosas mariposas, en otras, esos dos seres, tristes, patéticos, bellos, crueles, que son Laureano, el niño bastardo, y Hada Dulce, que guarda entre las piernas su secreto. Y ese amor con sabor a muerte, y esa pasión sólo colmada en la noche del zepelín, crece en ese invernadero mórbido y pútrido como un estanque de nenúfares al que los modernistas olvidan cambiar el agua que es el viejo caserón en donde, amos y criados, en la trágica y tradicional ceremonia de la confusión suben y bajan, se aman y se odian. Norberto Luis Romero, un hábil y espléndido rebuscador del lado más morboso y escatológico de la existencia humana, logra siempre, como ocurría en su novela anterior, Signos de descomposición (una narración muy relacionada con ésta, aunque en aquélla la atmósfera no era tan asfixiante como en ésta, especialmente mórbida, enfermiza y, con todo, lo subrayo una vez más, cuidadosamente hermosa), extraer de entre esa basura piedras hermosas, con las que va haciendo su acertado collar de escritor: un escritor poco conocido, pero que, me consta, es de culto para aquellos que tienen la suerte de haberlo leído. Romero trabaja muy bien con materiales de desecho, esos que pertenecen al lado más oscuro del ser y que sólo ocasionalmente asoman por la escotilla de la literatura; esos materiales con los que se ha hecho literatura como la citada (en apresurado ejercicio de memoria) en el primer párrafo. No rehuye meter la mano en tan, en principio, pocos gratos componentes, pero construye su historia, asiste a la muda de las crisálidas, al torpe y turbio aleteo de ese par de falenas (los dos protagonistas: de falenas, de mariposas, de insectos, está llena la casa-invernadero), con tal acierto que el resultado es una desasosegante y hermosa novela, que inquieta y turba, que hace sentirse incómodo, a veces, que llena de excitación en otras, que conmueve y que colma. Al final de su lectura, moderadamente cansado, el lector recuerda a todos los personajes, desde el monstruo-madre hasta la monstruosa gobernanta, desde el pobre Asrael, un muestrario de vicios y pasiones castigado por do más le podría doler hasta el coro del sufrido servicio doméstico, y recuerda, además, cada una de las escenas, las más hermosas o las más repulsivas, incluso el bello final de la página 34 con el apareo en pleno vuelo de una pareja de falenas. Antiguamente todas estas cosas ocurrían con las novelas. Ocurre con la de Norberto Luis Romero.

María Rosa Fiszbein, Lateral, septiembre, 1999

La noche del Zepelín es una buena novela sobre malos, una novela de altura sobre la bajeza y que, como tal, merece ser apreciada por su propia valía.

 

 

  SIGNOS DE DESCOMPOSICIÓN. 1996

 

Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1998

 

Norberto Luis Romero a á son actif plusieurs recueils de nouvelles. II livre, avec Signos de Descomposición, son premier roman, qui est, á proprement parler, un roman de nouvelliste. L'auteur a parfaitement réussi son passage á un texte plus long et plus étoffé, tout en conservant ce qui fait la forcé de ses nouvelles, le choc culturel qui nous propulse d'entrée de jeu dans un univers régi par d'autres lois que celles du monde et nous envoûte en nous déstabilisant.

Romero procède ici de même, et ne nous ménage pas. L'ouverture est une scène de défécation et d'observation de ses selles par le narrateur, qui se proclame lui-même "insignifiant", á la recherche de tronc.ons de vie animale dans ses excréments. Je dois avouer, pour être parfaitement honnête, avoir eu envié de laisser, avec ce premier signe de décomposition, le roman et le narrateur á leur destin, sans moi! Mais cela aurait été une erreur, car cette scène, dérangeante, pose parfaitement le cadre du roman, l'univers étroit et nul du narrateur, ses obsessions délirantes, qui vont peu á peu nous devenir familières, et même finalement nous intéresser.

Le narrateur est l'anti-héros parfait, pervers et égoïste, obèse et repoussant, le centre d'un univers rétréci á de vrais problèmes et á des exaltations fantasmatiques. Une mère mourante, avec laquelle le narrateur occupe ses journées á constituer un "vrai-faux" album de photos rempli de clichés trouvés, subtilisés, ou découpés dans des magazines, qui inventent une famille qui aurait pu être la leur; un amant dévoué, qui n'est jamais désigné que comme "l'intrus", que le narrateur torture, espionne et exploite avec méchanceté; le jeune voisin d'en face, dont le narrateur ne peut voir que la moitié inférieure du corps, lorsqu'il danse, nu, devant sa fenêtre; et puis, dernière obsession, et la plus grossière, le ténia qui habite le corps du narrateur, qu'il observe avec le soin jaloux d'une future accouchée, et dont il conserve dans le formol les morceaux retrouvés, dans une contemplation nombril que rassurante.

Si Romero parvient si habilement á nous intéresser á cet univers qui tourne á vide, comme une litanie obsessive qui se vide au fur et á mesure de son sens, c'est que le narrateur a mis la main á la plume, ce qui est un signe de vie qui nous fascine. Parce qu'il va mourir, comme sa mère grabataire, comme son jardin négligé et transformé en décharge d'ordures, parce que paradoxalement, il enfle de tout le vide qui l'occupe, anorexique qui se croit obèse, valide qui se déplace dans une chaise roulante, parce qu'il se défend, avec toute sa veulerie et toute sa rancœur, contre les assauts du démembrement de la mémoire, ce que Romero appelle joliment "desmemoria" (qui évoque "desmembrar" aussi bien que "memoria"), le narrateur anonyme nous retient et nous fascine. Sa survie est la recherche de la réponse á une question existentielle: "Ai-je vécu si je ne laisse pas de trace de mon passage?" ("como morir definitivamente cuando nadie queda vivo para evocarnos.").

Et la paranoïa du narrateur est son mode d’écriture. Au gré du texte, subtilement, Romero place le doute sur la parole du narrateur. On s'étonne d'abord qu'il se décrive obèse alors que son amant lui parle sans cesse de son anorexie et l'encourage á manger les plats qu'il lui prépare. Certains recoupement nous forcent á nous interroger sur le journal du jeune homme d'en face, trouvé dans une poubelle et dont le narrateur alimente sa passion pour le demi-corps qu'il admire, ou encore sur les raisons de l'étrange danse amoureuse du voisin qui, en toute logique, ne peut pas voir son voyeur. Seule la fin du roman nous révèle ce que j'aimerais appeler "la" vérité, mais qui n'en est peut-être qu'"une" autre, á savoir la version de "l'intrus": le cahier trouvé est le sien et le "jeune homme" est en fait un vieux danseur défiguré qui porte des collants couleur chair.

II en est du roman comme du cahier de l'intrus, qui devient un temps l'objet d'une fantasmagorie homosexuelle, dont le narrateur cherche désespérément á tenir éloigné le véritable auteur du journal, son amant, dont le tort est seulement d'exister. Le narrateur est en fait comme les photos de son album, qui sont á la fois vrais ct fausses, c'est-á-dire en même temps "signes de composition" ct "signes de décomposition". Rappelons-nous ce que Romero nous livrait dans sa nouvelle Samarcanda:

"Samarcanda no es solo una cuidad: son dos. Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y secreta, de la cual únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos rumores soterrados y adivinar sus calles empedradas y sus palacios fastuosos."

Deux univers coexistent dans Samarcanda, celui qu'on voit, et l'autre, "occulte et secret", que seul l'auteur connaît.

Guzmán Urrero. Cuadernos Hispanoamericanos, enero, 1997
 

Con la publicación de Signos de descomposición, la editorial Valdemar nos acerca la primera novela de Norberto Luis Romero (Córdoba, 1949), autor de origen argentino dedicado hasta el momento a la práctica del relato breve.

Para abarcar el propósito encerrado en este libro, basta un sencillo apunte: asistimos al relato en primera persona de un ensimismamiento enfermizo, el de un personaje que apacigua su dolor con los recuerdos y doma su carne con maltratos.

Su madre agonizante y el intruso, sobre quienes proyecta sus obsesiones, cierran con él un triángulo de hostilidad neurótica y desarmonía interna, conflicto a tres bandas que abre paso a otro desvelo en el narrador, esta vez ligado a su naturaleza física: la certeza de contener una tenia en su paquete intestinal.

En Signos de descomposición, el infranqueable retiro, la dejadez indolente del protagonista dibujan los caminos de su decadencia física y mental, distorsionan la percepción que él tiene de sus adentros y también distorsionan su escritura, a la manera de un retrato casi velado, donde lo nítido y lo impreciso se yuxtaponen sobre el papel fotográfico.

Esta ambivalencia hace que el autor explore territorios donde la certeza pierde pie, y cede paso a lo aberrante, en particular cuando se instala en la figura central el delirio solitario y su espíritu resbala incontrolable.

Este narrador que idea Romero con tanto talento vive aferrado a una serie de fantasías de la excreción cuyo indicio más rotundo es la tenia. Perturbado, sobreestima las cualidades del parásito y observa su evolución como un martirio, pero también como si esa criatura fuese un fruto preciado.

La raíz psicogénica de ese delirio se hace evidente desde las primeras páginas de la novela.

De hecho, el autor nos comunica, por boca de su personaje principal, el alucinante placer de la reclusión en un entorno de podredumbre, cuyo fermento continuo identifica el drama íntimo que consume por fuera y por dentro al protagonista, sometido a la inestabilidad de su cuerpo y, aún peor, a las fluctuaciones de su demencia.

Las más notables cualidades de esta novela tienen que ver con su coherente y eficaz modo de exteriorizar el desahogo de un ser atormentado, furtivo, pero por encima de todo con la construcción de una atmósfera extraña y cautivante.

Con estos Signos de descomposición, Romero prueba ser un narrador de calidad, a quien habrá que seguir con interés en sus futuras creaciones.

Reina Roffé, Prima Littera Nº 2, 1997

Hay en Signos de descomposición una nutrida gama de niveles que favorecen una interpretación plural y hacen apetecible su lectura. Se trata de una novela que rompe con las convenciones narrativas para abismarse en un juego desestabilizador que explora en las capas profundas de la interioridad individual mediante la subversión de los valores.

Juan Bonilla, El Mundo, La Esfera, junio, 1998

Norberto Luis Romero es un buen retratista de atmósferas inquietantes y personajes angustiados. Su novela Signos de descomposición desasosegará al más pintado: es un obsesivo relato de terror minucioso. Las facultades del autor le permiten no tener que recurrir a más truculencias que las precisas.

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Javier Goñi, El País, Babelia, junio, 1999 (Signos de descomposición)

Norberto Luis Romero, un hábil y espléndido rebuscador del lado más morboso y escatológico de la existencia humana, logra siempre extraer de entre esa basura piedras hermosas, con las que va haciendo su acertado collar de escritor: un escritor poco conocido, pero que, me consta, es de culto para aquellos que tienen la suerte de haberlo leído.

Reina Roffé, Centro Virtual Cervantes, 31, octubre, 2003

Romero apela a la naturaleza y a su metamorfosis; también al horror, al miedo, a lo repugnante y a la escena mórbida. En definitiva, a lo extraño, elemento característico de la literatura fantástica que tanto y tan bien se practicó en el Río de la Plata. Con estos componentes, Romero construye un universo propio de vidas parasitarias, ámbitos de puertas hacia dentro y juegos de poder que se ceban en la destrucción del otro.

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  EL MOMENTO DEL UNICORNIO. 1995

 

Javier Goñi, El País, Babelia, junio, 1999

El momento del unicornio es una bellísima y mórbida historia, escatológica a veces, feísta otras, simbólica y decadentista siempre, necrofílica también, que sale al encuentro del lector, para turbarle, para desconcertarle y atraparle, para entusiasmarle.

Nadine Chadefaux, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1997

 

Dans ce recueil Norberto Luis Romero décline avec une parfaite aisance des thèmes aussi hétéroclites et universels que l’amour, la mort, la sensualité, ou la puissance de I’ onirisme. De son écriture fluide et de son style concis, il amène le lecteur á l'émotion et á l'inattendu, jouant perpétuellement avec la mince frontière qui sépare le rêvé de la réalité.

Ponctuellement, au cours du récit, des tranches de vie, des souvenirs resurgissent, d'abord distincts, puis progressivement se confondant avec le présent, jusqu'á l´osmose, La fin du conté, qui mêle souvenirs et réalité, crée une autre dimension, une supra-réalité où l’âme d'enfance devient le principale protagoniste. "Le Moment de la Licorne" ne serait-il pas ce moment si proche de la venté que tous souhaitent atteindre sans y arriver jamais?

Fernando Iwasaki, Revista renacimiento, 15/16, primavera, 1997

 

Como la mayoría de especialistas en relato breve, Norberto Luis Romero es un autor marginal. Y como la mayoría de escritores hispanoamericanos que por razones ajenas a su voluntad (la edad, por ejemplo) no tiene nada que ver con el boom, Norberto Luis Romero es un autor afantasmado. Sin embargo, sus libros son verdaderos objetos de culto y su obra ha sido traducida al inglés y al francés. El momento del unicornio es un libro que tiene todas las virtudes de las buenas obras del género: historias redondas y turbadoras con la intensidad justa, y escritas en una prosa elegante y personal que no renuncia a su habla original sin caer en la jerga críptica o costumbrista. Y eso sí, con unas claves propias que dan sentido a la fantasía y originalidad de Norberto Luis Romero. Así, hay relatos de corte fantástico realmente excepcionales como «Joyas», «Francotiradores», «Ritual de los espías», «La última plañidera» o «Diario del taxidermista»; evocaciones y reelaboraciones literarias de la memoria como «Frutas en la siesta», «Para que no entren las gitanas» o «El olor de las algas» y, especialmente, cuentos magníficos que tienen el sello personal -poblados de sensualidad y desasosiego- de Norberto Luis Romero: «Última noche de carnaval», «Hibiscos» y «El momento del unicornio», un relato sobrecogedor.

Juan Manuel de Prada, Clarín, abril, 1997

 

Si la inteligencia no fuese tan avara con nuestros críticos, El momento del unicornio  ya habría sido saludado como una de las más gozosas y perdurables muestras de la vitalidad de este género.

 

 

       CANCIÓN DE CUNA PARA UNA MOSCA DOMÉSTICA, 1987

 

Lola Robles, Literaturas fantástikas y otras, 2010

 

Los cuentos de Romero me parecen excelentes, ágiles y a la vez muy trabajados y sin resultar en absoluto artificiosos (algo que a veces ocurre cuando los escritores tienen menos experiencia u oficio: se les nota el artificio), variados en su temática, con humor y con drama, dentro de una tradición fantástica de autores como Borges, Cortázar… que nos presentan una frontera entre la realidad y lo fantástico que es flexible, permeable; una tradición literaria muy culta, con muchas referencias precisamente a la propia literatura, con un fuerte simbolismo en ocasiones.
Lamento no haber conocido antes la narrativa de Romero y espero que éste no sea el único libro que pueda escuchar de él.
Hago a continuación un breve comentario sobre cada uno de los relatos incluidos en el libro. Al final va el vínculo a dos de ellos (muy buenos, de los mejores de la colección), que están publicados en Internet.

Gráfilos” es un texto muy divertido y que nos hace reflexionar sobre la buena y la mala literatura.

Nereidas”. Relato sobre sirenas, por supuesto maléficas, pero tan seductoras y poderosas…

Aviones” es un estremecedor cuento con claro trasfondo político, la Argentina de los desaparecidos, pero puede aplicarse a cualquier tiempo y lugar en que los humanos, en situaciones de violencia y represión-opresión, nos negamos a ver la realidad (sobre todo cuando creemos que afecta sólo a otros). Uno de los mejores relatos del libro.

Aguamanil con cisnes”. Este es también, para mí, otro de los mejores cuentos de esta colección. Narración sobre los sueños, las obsesiones, el tema del doble, sobre el deseo, el amor, la vida y la muerte, el destino fatal, en un juego de espejos y motivos muy trabajados y plenamente fantásticos.

Dos historias sobre ciudades, “Agadhir” y “Samarcanda”, pueden leerse como ingeniosas fantasías o textos muy simbólicos. Es bueno ejercitar el cerebro con esto último, lo mismo nos aporta algo sobre nuestra realidad, pasada o presente.

Tanto “La palabra” como “El diccionario secreto”, además de hablarnos de destino y fatalidad, abordan un tema que fue muy caro a Borges, y que aparece en muchas tradiciones esotéricas, hasta la actualidad, pues ahora el asunto ha sido retomado por las nuevas pseudorreligiones, cultos y corrientes de espiritualidad varias, o incluso terapias psicológicas y métodos de crecimiento personal, etc. El tema es el poder de la palabra cuando se pronuncia. Ciertamente, la idea de que las palabras pueden cambiar la realidad se encuentra en todas las religiones, y esa es la base de la oración, la invocación y también de la magia. De cualquier modo, no soy para nada experta en estas cuestiones, por lo que agradecería cualquier aportación.

En “El jaspe”, una piedra, un anillo que da a su portador poderes ilimitados nos suscita una reflexión sobre la esclavitud que conlleva ese poder.

El guardián de los sueños” habla sobre ese tema, los sueños. Un cuento interesante, aunque para mí no de los mejores, pues se trata de un tema tan trillado que resulta difícil ser original.

Scolopendra Morsitans” y “Canción de cuna para una mosca doméstica” son dos cuentos de humor y sátira sobre matrimonios y animales. Aparecen otros temas presentes en el libro: los miedos, las obsesiones…La parodia es delicada, a veces tierna, otras un poco mordaz.

“Diario de un taxidermista” es una historia de monstruos cotidianos, que a mí me recuerda a personajes creados por la escritora gótica Pilar Pedraza. Subsiste esa cierta ternura que también se da en “Canción de cuna para una mosca doméstica”, y que indica que el autor ve a sus criaturas con ojos divertidos, irónicos, pero al mismo tiempo muy humanos. En realidad, lo que nos cuenta esta historia (en mi modesto parecer, por supuesto) es que todos somos monstruos, aunque creamos, como el narrador del cuento, que lo son los otros, los deformes o marginados.

Jean-Luc Breton, Europe Plurilingue, Universidad de Paris 8, 1996

 

A mi-chemin de la science-fiction et du conté, le recueil de nouvelles de Norberto Luis Romero constitue une lecture pleine de fantaisie et de charme.

La langue de l'auteur est simple, ronde, sonore, presque quotidienne, dépourvue presqu'entièrement d'étrangeté ou d'exotisme. Les narrateurs de Romero, jamais identifiés, semblent interchangeables, des hommes, célibataires ou domines par des épouses castratrices ou dévoreuses, qui, tous, essaient d'être adultes, de faire face aux situations étranges qu'ils rencontrent, et n'y parviennent jamais très bien. L'un se laisse aller au gré de sa fantaisie a faire revivre la première propriétaire d'un très vieux flacon de faïence, á la conquête de laquelle il sacrifie l'équilibre de son univers bien réglé. Un autre habite peu á peu le corps d'un mille-pattes que son épouse écrase á la dernière ligne de la nouvelle. Un troisième, le narrateur de la dernière nouvelle, qui donne son titre au recueil, pour sortir sa femme de sa dépression, fait composer á grand frais une Berceuse pour Mouche Domestique, qui n'a d'autre fonction que d'accompagner la mort de l'animal, et sans doute celle de l'amour.

La logique des personnages de Romero se fonde sur des prémisses fausses, puisqu'il faut nommer ainsi celles qui ne sont pas les nôtres, mais est absolument inattaquable sur le plan du raisonnement. On ne compose pas de berceuses pour les mouches (qui sont sourdes), comme plusieurs compositeurs le rappellent au narrateur, mais, si cela pouvait se faire, on ne s'y prendrait pas autrement que dans la nouvelle. Les Néréides sont des créatures mythologiques, mais, si elles existaient, elles ne pourraient agir différemment de celles qui, dans la nouvelle Nerereidas, conquièrent la terre île par ile au gré de leurs charmeuses incursions. Dans ce recueil, on est toujours au carrefour maléfique de la paranoïa, du délire et de l'angoisse, "de l'autre cote du miroir". Et l'on n'est sur de rien, et surtout pas de notre langage, comme le démontre la première nouvelle du recueil, Gráfilos, sur les petites bétés invisibles qui recomposent les caractères sur les pages de nos livres lorsqu'ils sont fermés, et dévorent les lettres jusqu'au cœur du récit que nous lisons.

Romero nous demande, dans chacune de ses nouvelles, de passer de l'autre cote, d'accepter d'entrer dans une autre logique et une autre lecture. C'est le propos de la science-fiction, mais aussi celui de la fiction tout court. Bien au-delà de Lewis Caroll et de son accouplement d'un conteur adulte et d'une enfant, il faut remonter á la mythologie classique pour saisir le jeu de miroirs que Romero nous tend. Notre mode de pensée a substitué des théories rigoureuses aux légendes qui, pour les Grecs et les Romains, expliquaient efficacement l'univers. Romero nous oblige à voyager d'un mode de pensée á l'autre, en fonction du point de vue qu'il choisit, á l'image superbe de sa vision de Samarcanda dans la nouvelle centrale du recueil (sans rapport aucun avec une ville réelle qui pourrait porter le même nom):

"Samarcanda no es solo una cuidad: son dos. Una de ellas, evidente a los ojos. La otra, oculta y secreta, de la cual únicamente yo soy capaz de escuchar sus mínimos rumores soterrados y adivinar sus calles empedradas y sus palacios fastuosos."

Et l'envers de la réalité, l'envers du monde, comme chez Kafka, Lewis Carroll ou Bradbury, ne nous renvoie qu'á l'angoisse d'une mort jamais domptée, celle du mille-pattes ou de la mouche, celle des humains envoutés par les filles de Nérée, ou celle du langage, évoquée avec forcé dans la nouvelle Aviones où les passages répétés d'avions invisibles sur la ville ont pour étrange effet la perversion absolue du discours, jusqu'á l'absurde du chaos.

 

      TRANSGRESIONES. 1983 y 1986

 

Rolando Camozzi, ABC, sábado cultural, 16, julio, 1983

 

Un conjunto de catorce relatos forman estas “Transgresiones”, primer premio Noega de libros de cuentos. Y como su título indica, característica del conjunto es precisamente transgredir lúdicamente (a veces incluso gráficamente, en la presentación trastocada de impresión y páginas de lectura al revés) la realidad fáctica y su lógica cotidiana. El procedimiento es a la vez sencillo y agradable: cambiar las situaciones, romper los límites previstos por la expectativa corriente, presentar lo imprevisto o lo imprevisible como si fuera lo normal. Todo, en lo mínimo y pequeño de las cosas diarias, sin mayores pretensiones que lograr un momento de entretenimiento fantasioso, sin excluir a veces una sugerencia o sugestión mayor, tal como parece refractarse en “Espejos”, rostros que uno mismo proyecta sobre los cristales o reitera porque los amó; o en “El jardín”, con la muerte del jardinero, la flor luminosa y el jardín.

Las transgresiones son de orden verbal e imaginativo. Con frecuencia se derivan de asociaciones de imágenes o de referencias sinestesias. Así, "Llegada del otoño en Constantinopla" es un otoño que no marchita hojas o paisajes silentes, como suele, sino orejas humanas que caen; o “Epifitas”, los microbios que se respiran son trucados en mariposas que se expelen coloridas cuando se bosteza; sin olvidar “Simetrías”, reflejo por mitades de vidas anodinas que apenas se viven o simplemente duran o sobreviven. Dos medias vidas o ninguna, porque la vida no es precisamente simple suma de mitades.

Mas en la línea de lo fantástico, fantasmagórico, de atmósfera de sorpresa, están “La ciudad”, con sus rasgos a la vez insólitos y comunes; “El círculo”, con su símbolo de perfección, si bien referido a la historia —si única y exclusiva, anodina— de un botón; “E! huésped”, aunque invisible, con su presencia premonitoria y un deje de extrañeza que insufla inquietudes en lo diario y reiterado, y por sobre todo, “Los seres queridos”, acaso el relato de mejor aliento, seres que no mueren, sino que resucitan.

Con estas “transgresiones”, si pequeñas, amables y cotidianas, se logra un clima de conjunto, una atmósfera despejada, un pequeño mundo de distracción y burla. Si todo fuera distinto en las rutinas y ritos cotidianos y consabidos, ¿qué sucedería? Quizá algo más divertido. En todo caso, algo menos aburrido.

Lastima que de Norberto Luis Romero nada se nos diga. Puede, no obstante, deducirse del prólogo de Daniel Moyano, que es autor rioplatense y que éstos son sus primeros cuentos. Estilo y lenguaje utilizados no sitúan en ninguna geografía humana estos relatos. El manejo del idioma es claro, limpio, pero abierto, sin concreción de espacio. Un vuelo de fantasía que sucede en él hombre y en cualquier parte. “Transgresiones” siempre posibles, sin cortapisas, sin coordenadas precisas. Unos cuentos sin estridencia, en donde vuela la fantasía y guiña la amabilidad.

Diario de León, Viernes Literario, 1, julio, 1983

Desafíos, en suma, a las irritantes certezas de las que el hombre no puede desprenderse, en un juego donde uno mismo, en el ámbito virtual que crea la relación autor-lector a través de la escritura, es el azar o la burla, donde uno mismo se siente alegremente trasvasado para jugar en libertad y disponer que el orden establecido se convier­ta en un perfecto disparate, en una continua "trasgresión" de la realidad cotidiana.

Ignacio Xurxo, Clarín, Cultura y Nación, Buenos Aires, 13, octubre, 1983

El joven Romero no pretende ser un adelantado, pero acredita cualidades como para apreciar que no es tampoco un náufrago con viento benefactor y bandera arrogante. Cada una de sus singladuras fue cum­plida con más cabeza que corazón, con arreglo a las leyes del género pero no a las del descontrol juvenil.

La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, 10, diciembre, 1989

El tono, la coloratura, la disposición de am­bientes, la composición se perfecciona en una continua transposición hacia lo desconocido. No son temas fáciles ni comunes, tampoco contundentes excepciones, pero Norberto Romero alcanza a eludir, el convenio relativo de lo manifestado, mediante la definición del espacio que circunda a la realidad y el tiempo que se aglomera en las profundidades de la fantasía. Esa condición elusiva se encuentra marcada, no por la tangencialidad de un esbozo grotesco, sino por un esfuerzo compartido entre la síntesis y el equilibrio de la metáfora.

Luis Blanco Vila, Libros-cultura, diario YA,  11, noviembre, 1989

...nos encontramos ante un escritor que cuenta cuentos. Cuentos de verdad, no relatos, ni ensayos, ni zarandajas que pretenden colar como cuentos. Cuentos como los de Kafka, los de Kapec, los de Hrabal, los del mismísimo Borges. Cuentos que te dejan el alma en suspense, que penetran en el espíritu y cargan de maravilla la sensibilidad del lector.