Este poema fue
escrito en la primavera de 2003. Es decir:
en un momento
político y circustancias distintos a los actuales.
A día de hoy y
desde entonces, se han dado pasos positivos
en la cuestión
que aborda el texto, aunque aún falte -opino-
camino por
recorrer. (Nota del autor)
SOLDADOS
DE LA REPÚBLICA
(Sobre la
noticia de una denegación
-otra de muchas-
de ayudas económicas
a veteranos del
Ejército Popular de la
República
española y el Maquis)
Hay en
los rostros de nuestros milicianos -hom-
bres
que van a la guerra por convicción, nunca
como
profesionales de ella- el signo de una
profunda y contenida reflexión sobre la muerte
ANTONIO MACHADO
A
Juan Portela y los demás combatientes.
¿Qué gobierno se
acuerda de vosotros,
soldados del
Gobierno que fue un día?
Porque no fue la
vuestra una vistosa
misión
humanitaria, con fotos entrañables
de niños
sonriendo mientras comen
lo que hoy les
cayó en suerte, y que luego
-idéntica
sonrisa, pues idéntica suerte
proveyó- jugarán
con los extraños
artefactos
llovidos desde el cielo.
No procurasteis
gloria en remotos países
bajo pretextos
varios, que haber siempre los hay;
incluso buenos.
Pero no tuvisteis
que buscar muy
lejos, no: la Guerra vino
un día a vuestra
puerta,
y era un fusil
que debía elegirse
sostener en las
manos o encarar
de espaldas
contra un muro.
Fue preciso
"matar para seguir viviendo",
como dijo un
soldado de Orihuela.
En vuestro
corazón late una vieja
piel de toro que
el tiempo ha curtido.
Aún llamean
hogueras sobre su geografía:
Puente de Los
Franceses, Gernika, Ebro,
Brunete, Badajoz,
Madrid "rompeolas
de todas las
Españas"...
Rescoldos de
otra época
que no siendo
mejor, sí más honesta.
Las cosas se
llamaban por su nombre.
La Guerra se
llamaba Guerra; los muertos, muertos;
con el mudo
respeto que la palabra impone,
que es vil
robarle a un muerto, el que fuere,
la Verdad, en su
condición resuelta
con última y
sencilla nitidez.
Y aunque no
falten quienes ahora digan
que iguales
fueron todos, pues la sangre
vertida a todos
llega al fin y al cabo,
no fue igual,
como no es igual
tener, que no
tener.
Porque la Muerte
a todos nos hermana,
sí: pero es en la
muerte, no en la vida.
Ni tan siquiera
-bien sabéis- en el recuerdo.
Endeble han de
tener el suyo quienes
también con
sangre y fuego, dieron ahora
en hacer
Democracia a todo coste,
aunque mejor si
es lejos y rentable.
Olvidan a los
hombres y mujeres
que aquí la
defendieron años antes;
no signifique
acaso la palabra
ya lo mismo, o no
gustara entonces.
(Triste sino el
de las palabras bellas,
que es el de ser
tan putas)
Mas si ganaron
otros la batalla,
tengan ellos la
fría paz del mármol
con su losa de
oprobio: no es ese vuestro sitio,
sino uno más allá
de La Victoria
o la derrota, por
igual terribles.
Un lugar que es
combate todavía.
Se llama la
Memoria.
(En Madrid.
Miguel Pastrana)